viernes, 17 de julio de 2026

Las dimensiones poliédricas de la vida y obra de Carl Gustav Jung (1875-1961) -




                                                                 Creo sencillamente que alguna parte del                                                                yo parte del alma humana no está sujeta 
                                                           a leyes del espacio y del tiempo 
                                                                                                 Carl Gustav Jung 

Henry Tovar

1.    Resulta casi imposible, abordar con algún rigor y cierta certeza, la descripción de fenómenos oníricos y su interpretación, sin la imprescindible y persistente alusión a los fundados criterios del psicoanalista y médico de almas, doctor, Carl Gustav Jung, Éste, sin agotar el conocimiento sabido sobre la psique,[1] y de modo particular, sobre el inconsciente, construyó, de modo excepcionalmente extenso y profundo, monumentales conocimientos asociados con el misterio del alma, como fondo y centro de una totalidad a la cual están adheridos, por invisibles hilos, una innúmera y compleja vertiente de contenidos relacionados con ella.

2.        La gigantesca obra de Jung es asombrosa. Lo es por la originalidad de sus propuestas y descubrimientos; por la diversidad de los temas abarcados; por su genio para relacionar y descifrar con profundidad temas herméticos y por la minuciosidad con la cual escarba lo ocultó y a veces lo indescifrable en cada ser humano y en cada cultura, para poder ofrecer una imagen verosímil y convincente de la geografía espiritual del hombre. Conocedor de las potencialidades del inconsciente, supo convertirlo en cofrade de su talento para el orfebre desarrollo de su creación.   

4      Del ser y de la imagen familiar de Carl Gustav Jung se conoce su llegada al mundo en Suiza, un 26 de julio de 1875. Sus inquietudes y su inteligencia son comprensibles dentro del ambiente de contrastes, religioso e intelectual, dentro del cual se van gestando sus intereses intelectivos. Nace dentro un hogar de religión protestante, cuya herencia le sirvió para interrogarse, críticamente, con las más importantes preguntas del hombre acerca del ser, la razón humana y el origen del mundo. Los dilemas religiosos y racionalistas de su padre, aludidos en Recuerdos Sueños y Pensamientos[2], junto con sus propias reflexiones, acerca de la idea de Dios, influyeron en su interés por el estudio de las religiones, de las cuales fue, a la vez, uno de sus más reflexivos y acérrimos críticos, sin hostilidad hacia ellas. Alguna impronta deja en su vida, la ascendencia de seis sacerdotes por la vía materna. También su padre lo era y dos hermanos de éste. Influencia religiosa y conversaciones teológicas en la mesa, en puntos irrazonables, le empalagaban. Le resultaba necesario conciliar su fe y su descubrimiento infantil sobre los misteriosos designios de Dios, con las razones teológicas carentes de fundamento lógico. Le resultaba imprescindible conciliar su fe y su saber con la razón. Descreía, tanto de los dogmas de la religión como de los conocimientos psiquiátricos infundados.

5.    De su madre Emile Preiswerk (1848- 1923), Jung deja entrever difíciles escollos de su fuerte carácter, con los cuales hubo de contender su padre. No era, se puede presumir, mujer dócil ni despistada. Jung reconoce en ella la posesión de un carácter disociador, por cuyo ejemplo, pudo haber gestado el niño Carl, la capacidad para alternar posiciones, desde las cuales separar y escudriñar distintas perspectivas de la realidad.

6.       El niño Jung, crece en el seno de su familia, en la cual es el hijo mayor, al cual le sigue una hembra, de quien le distancian nueve años y dentro de los cuales es diferenciado por introvertido y solitario, como rasgo distintivo de su personalidad primigenia.

7.    El joven Jung quiso estudiar arqueología, pero ante las limitaciones económicas para trasladarse hacia otra ciudad, decide cursar estudios de medicina en la Universidad de Basilea, en la cual su abuelo paterno Carl Gustav Jung (1794-1864) había sido médico y organizador de la facultad de medicina y luego rector.  Dentro de su árbol genealógico, por la rama materna le preceden cuatro médicos. En el año 1900, antes de finalizar sus estudios de grado, ingresa a la clínica Burghölzli, hospital psiquiátrico en el cual se desempeña como asistente y en donde comienza a interesarse por la psiquiatría, especialidad con precario desarrollo, cuyo estado y con cuyo esfuerzo, contribuye a revertir junto con Sigmund Freud, con quien establece amistad luego de la publicación de sus primeros estudios clínicos. Al final de ese año egresa como médico.

8.        La obra de Carl Gustav Jung, en sus variadas vertientes, revela el deseo y la necesidad del autor, de fijar un horizonte superior y trascendente, más allá del conocimiento de la psique. Esa aspiración es visible a través de su interés por el estudio de los fenómenos paranormales. Le antecedía a ella su inconformidad con la explicación sobre los dogmas religiosos y su reparo por la coherencia de las conjeturas y elucidaciones sobre los misterios. Ésta es, al parecer, la más elevada y congruente finalidad, omnipresente en su extensa obra. Por consecuencia, no se puede desconsiderar, en el reconocimiento de sus indagaciones, aquella finalidad implícita y unificadora de todos sus saberes.  No fue un óbice, para su ejercicio de la ciencia, la carga religiosa, irremediablemente heredada ni el racionalismo ni su sacralidad ante los misterios ni la horma del método científico. Reconocía su legitimidad racionalista dentro de los paradigmas predominantes y acreditados desde la academia, para la búsqueda de la verdad. Supo utilizarlo, en armonía con el método fenomenológico,[3]no sin críticas hacia la castradora o limitadora parquedad cientificista. Tuvo además la inteligencia para ubicarse en un difícil e incomprensible punto medio, alucinado y expectante.

9.        En la figura espiritual de Jung se conjugan el médico perspicaz, un hombre culto y risueño, el científico innovador, el investigador social y la figura de un arqueólogo del espíritu, cuyas substancias etéreas, objetos de sus estudios, divinas unas y demoníacas otras, hacen difícil la comprensión de su obra. La utilización del método fenomenológico pareciera conducirle hacia la descripción y la sugerencia con escasa síntesis de conceptos. De allí pareciera resultar cierta dificultad, por sus lectores reconocidas, para la formación y comprensión de nociones inequívocas.

1          Interpretar muchos los textos de Jung, implica la posibilidad de desdecirlo en sus intenciones comunicativas. Si bien la materia discursiva de la Psicología Analítica está influida por la interpretación de los símbolos contenidos en los mitos y con las limitaciones impuestas al lenguaje científico, también lo está por los tabúes colectivos. En parte la sabemos condicionada por la interpretación de una materia arcana, difícil, integrada por símbolos pertenecientes a mundos en donde la imagen es el centro de un proceso mimético, cuyas lógicas están permeadas por la afectividad,, ceñida de modo irremediable por la subjetividad. De modo notorio, asimismo, resultado y consecuencia de una tradición delimitadora del lenguaje. En el caso de Jung, por lo general, es observable el reiterado despliegue de argumentaciones cerradas, dentro de estrictos límites formales y muchas veces deliberadamente sugerentes,[4]por razones académicas o éticas. Su lenguaje está cargado de afirmaciones fronterizas con el punto de cero del lenguaje, conforme se entiende la ambigüedad o el contenido insinuante del texto y el subtexto en la literatura artística. Sus afirmaciones se proyectan en delimitados márgenes de compresión con intensiones taxativas, lo cual pudiere permitir la negación de lo inexplicado. A veces pareciera comprensible, cuando se describen explicaciones de los estados subjetivos, por si mismos fronterizos, y por de pronto confundibles en la delimitación de los estados anímicos, cuando por no fuere por la finitud del lenguaje, sus limitaciones, o la carencia de una palabra precisa en la lengua materna. En cualquier caso, también estaba consciente de la finitud del lenguaje. Consideraba que ninguno era tan perfecto como para sustituir a la vida.[5]     Desde sus años como asistente y luego durante sus estudios de doctorado, Jung ejercita nuevas prácticas experimentales como medió para conocer los motivos ocultos de algunas psicopatías. Convencido, junto con Freud, de la inseguridad de la hipnosis y de la efectividad de los sueños como medio para acceder al conocimiento de aspectos oscuros de la psique, desarrolla la prueba de asociación de palabras, con la cual logra notorios éxitos y reconocimiento por la comunidad científica de la entonces reciente ciencia de la psicología. Desde sus primeras experiencias como psiquiatra, Jung, reconoce la inutilidad de un solo método para inducir la sanación de sus pacientes. Considera a cada individuo como un caso único, por cuya búsqueda y conciencia de su problema, habrá de sobrevenir una solución terapéutica, surgida de la conciencia del afectado por la propia o singular naturaleza de sus males. Su punto de partida es considerar a cada paciente una persona normal y un individuo con una naturaleza y una vida única. Esperaba de los psiquiatras, la capacidad y la sensibilidad para reconocer, -al margen de métodos y conceptos- el origen real de perturbación del paciente. Exigió disposición del médico para reconocerse, en esa interrelación, como parte de una ecuación humana singular en la cual el médico requiere comprender al paciente y comprenderse, así mismo, “comprender su alma y tomarse en serio.” Consideraba que la terapia comienza con el propio médico, quien debería conocer sus propios problemas y como tratarse para estar en condiciones de ayudar. No basta -dice- “con que el médico en los análisis teóricos adopte un sistema de conceptos.” Exige del terapeuta, conocer cómo reacciona ante el paciente. Esforzarse por comprender sus propios sueños y cómo ve su propio inconsciente la situación.[6] 

1             En el año 1902 concluye su doctorado con la tesis “Acerca de la psicología y la psicopatología de los fenómenos ocultos”. Habría sido éste un tema y una práctica de su interés, realizada en años previos a su ingreso a la universidad. Durante este mismo año viaja a París para estudiar y conocer aspectos peculiares de los descubrimientos de Pierre Janet[7] sobre los fenómenos de la disociación de la conciencia. Al año siguiente se casa con Eva Rauschenbach con quien procrea cinco hijos. En 1904 publica su test de asociación de palabras, método con el cual desarrolla preludios de su concepción acerca los Complejos Afectivos Autónomos, los cuales son definidos por su autor, como fragmentos de la psique con capacidad u autonomía para funcionar sin la dirección de la conciencia. Estos serían los responsables de expresiones, acciones u omisiones involuntarias del individuo, por su capacidad disociativa y por sus repercusiones en la vida corriente de las personas, como luego ahondaremos, constituye uno de los aportes fundamentales de su obra para el conocimiento de los diversos factores influyentes en la conducta humana. Este mismo aporte sirvió para explicar, desde la visión clínica, el antiguo y conocido fenómeno de la posesión, entendido popularmente como un fenómeno de naturaleza esotérica. A la publicación de su test de asociación de palabras, le sigue a este aporte, la publicación de Psicología de la Demencia Precoz (1907) y El Contenido de la Psicosis (1908), cuya primera edición concibió Sigmund Freud. Sus incipientes investigaciones le permiten un rápido reconocimiento de la comunidad médica y académica. En 1906 había comenzado su relación epistolar  con Sigmund Freud, de cuya concepción, el “psicoanálisis,” se hace partidario hasta 1913, cuando finaliza su amistad y su relación epistolar, por desagrado y decisión de Freud, consecuencia de su diferentes apreciaciones en torno a la importancia de la libido, y con ella, de la sexualidad, como fuente sustantiva o única, conforme al autor austriaco, de todos los sueños y como eje primordial de todos los conflictos subyacentes en el inconsciente[8].

13.           A partir de sus hallazgos clínicos y sus conferencias se convierte en asiduo conferencista en diversas universidades, desde y más allá de Europa. Hasta el año 1909 se desempeña como médico en la clínica Burghölzli y hasta 1913 como profesor suplente en la Universidad de Zúrich. Durante estos mismos años lleva registros diarios de sueños y visiones, con los cuales se introduce, en el mundo simbólico del inconsciente. Reúne información, de éste ejercicio, sin mucho comprender. Le asaltan las dudas; una de las circunstancias por la cual justifica su apartamiento de la docencia. En principio se repliega dentro de sus reflexiones en las cuales vislumbraba la trascendencia científica de percepciones. Sabía que era algo grande lo que a mí me sucedía.[9] No obstante, intuía que, si no lograba demostrar la veracidad de sus experiencias, como fenómenos también colectivos, estaría condenado al aislamiento. Durante ese proceso dibuja mándalas, tras cuyas grafías entrevé y descubre, a través de sí, la integridad de la personalidad, en un constante proceso de formación y transformación. Mis dibujos eran criptogramas del estado de mi individualidad, que diariamente me eran cursados.[10] Corresponden a esta época sus primeras investigaciones sobre los mitos y sus símbolos. Investiga y prepara artículos clínicos. Escribe, reelabora y publica contenidos parciales en revistas especializadas, esencialmente de universidades de países europeos. Estos escritos se van convirtiendo en libros de una obra inacabada en constante revisión. Viaja por diversos países recabando información antropológica en pueblos africanos, americanos y de la India. Participa en seminarios. preside congresos, escribe en revistas periódicas y asociaciones internacionales psicoanalíticas. El año 1904, como hemos señalado, constituye el hito del comienzo de una obra, cuyo término coincide con su muerte en 1961. De aspectos específicos de sus temas nos ocuparemos en otros ensayos, tal el estudio general de la energía y los complejos autónomos, como medio para la comprensión de su obra y por condición imprescindible, para lograr una mayor aproximación al conocimiento de los misterios de la energía humana en su relación con las energías cósmicas en general.    

 


[1] Ob. Cit. “La psique no es en modo alguno un caos compuesto de arbitrariedades y casualidades, sino una realidad objetiva accesible a la investigación por medio de métodos basados en las ciencias naturales (…) en la medida en que se trata de acontecimientos objetivos, estos no pueden ser interpretados más que como procesos energéticos (…) en virtud de los cuales pueden precisamente ser calificados de fenómenos.” LA DINÁMICA DE LO INCONSCIENTE Vol. 8.Editorial Trotta. Introducción a la edición española (2011), (pp. 494-495). [2] Autores: Aniella Jaffè y Carl Gustav Jung. Biografía: Sueños, Pensamientos y Recuerdos. [3] Uno de los métodos, y específicamente el modo propuesto por Husserl de acercarse al conocimiento de la realidad, tal cual es observada y en sus estrictos límites, ignorando deliberadamente lo conocido sobre ella y sus correspondientes correlatos, sin negar lo sabido y conviniendo que la inferencia no es un acto empírico, sino intencional. Ver: Mora Ferrater en Diccionario de Filosofía abreviado. Editorial Suramericana (2006), p.147. [4] “Para mí es tan grande la tentación de hacer todo una meta y un método, que premeditadamente, para no prejuzgar nada, me expreso de modo muy abstracto, pues lo nuevo no ha de ser eso o aquello, de lo contrario se hace de ello una receta, que se puede multiplicar “maquinalmente” y seria de nuevo el “medio correcto” en manos del hombre erróneo”. EL SECRETO DE LA FLOR DE ORO. Editorial Paidos. Segunda Reimpresión, noviembre de 2010. p.49 [5] Carl G. Jung. Recuerdos, Sueños, Pensamientos. p.113 [6] C. G. Jung. Recuerdos, Sueños, Pensamientos; p.80 [7] Pierre Janet (1859-1947) psicólogo y filósofo nacido en París. Se le señala como el primer autor quien estudio, de modo extenso, los fenómenos disociativos o fragmentadores de la conciencia, a través de la hipnosis. Sería el definidor del término subconsciente, para categorizar un nivel de funcionamiento de la conciencia. [8] Conforme a Freud, “Lo inconsciente constituye la auténtica realidad de lo psíquico: su naturaleza más íntima resulta tan desconocida como lo real del mundo exterior es dada a través de los datos de la conciencia tan incompletamente como el mundo exterior por el de nuestros órganos sensoriales”. LA INTERPRETACIÓN DE LOS SUEÑOS. SIGMUNG FREUD. Editorial Biblioteca Nueva. Madrid. p 528. [9] C. G. Jung. Recuerdos, Sueños, Pensamientos. Pp.115-116

viernes, 16 de mayo de 2025

Sobre la problematicidad perceptiva de la energía psíquica



 

Tarde o temprano la física atómica y la psicología llegarán a aproximarse de modo significativo, pues ambas, independientemente y desde lados opuestos, asedian al ámbito trascendental.

                                                         Carl Gustav Jung

 

Henry Tovar

Hemos observado[P1]  el aparente poco interés, en el campo investigativo de la psicología, por abordar el fenómeno de la delimitación, conversión y potencia de la energía psíquica y la elucidación de sus efectos en expresiones numinosas.[1] Hacerlo, comenzando por el análisis de los aportes de los pioneros: Nicolas von Grot (1852-1899), Pierre Janet (1859-1947) Jung (1875-1961), Wilhelm Reich (1897-1957) Theodor Lipps (1851-1914), resulta imprescindible, sin desconsiderar la complejidad, las posibles estreches teóricas y el reconocimiento de la insuficiencia, en su tiempo, de medios adecuados para medirla. Hasta ahora, entenderemos por energía psíquica, la observable en los procesos de tipo intelectual, afectivos y emocionales; como distintos de aquella energía desplegada en actos locomotores, mecánicos o de esfuerzo físico.

Desde el momento en cual se requirió la conceptuación de la energía psíquica, hubo de diferenciarse entre energía y fuerza psíquica. A la primera, se le consideró la condición previa para su acaecer en fenómenos como instinto, deseos, voluntad, afecto, atención, rendimiento etc., que son precisamente fuerzas psíquicas.[2]

En las consideraciones de Jung hechas en Energética Psíquica y Esencia del Sueño[3] son comprensibles las carencias teóricas. Estamos aludiendo a disquisiciones primigenias en los albores de una psicología, de modo cierto, científica. La condición primera pareciera ser la delimitación y conciliación de conceptos cardinales, asociados con la energía psíquica y la diferenciación de sus distintas formas anímicas de expresión, a las cuales se les concibe como fuerzas psíquicas.

 La obra, up supra citada, es imprescindible para el abordaje del tema de la energía psíquica, como parte esencial de la totalidad de la humana, a modo de lámpara, algunos de cuyos artículos datan de la primera y la segunda década del siglo XX, y de modo concreto: Fundamentos de la Concepción Energitista en Psicología; no sin antes desmalezar discusiones inconducentes hacia ninguna certeza y en aras de lograr necesarias coincidencias intersubjetivas.

Conforme a la expresión fenoménica de la energía, existiría evidencia palmaria en un grupo de sus manifestaciones y en otro menos. Desde el siglo pasado, sería posible cuantificar efectos psico-energéticos en la respiración, en el pulso y en reacciones sensitivas de la piel. Menos acuerdo hubo, desde entonces, en aspectos teóricos. Tal es la discusión entre los enfoques mecanicista y energitista, conforme a los cuales, habría hechos causales derivados del primer enfoque, y hechos finales derivados del segundo: la concepción mecanicista  – dice Jung, aludiendo con reservas[4] los registros de Wundt[5] de 1903, - es puramente causal y concibe todo hecho como resultado de una causa, aceptando que las sustancias inmutables modifican sus relaciones mutuas de acuerdo con leyes constantes.[6] Por inmutables no se modificarían, sino sus relaciones, sin desmedro de la posibilidad del carácter constante y regular de sus modificaciones. Cabría preguntarse sobre la identidad de tales sustancias. Inmutables. Luego afirma: La concepción energitista, en cambio, es esencialmente finalista y concibe el suceder como consecuencia de una causa, en el sentido de que las variaciones fenoménicas se basan en la acción de cierta energía.[7] En ambos casos, no lo dice Jung, la mutación sería el resultado de cierta energía, la cual, conforme se debería comprobar, deberían ser constantes. Las acotaciones de Jung parecen fundarse, además, en sus convicciones acerca de la existencia de hechos acausales o inmotivados por causas nominables.   

El estudio de la energía psíquica, se apoyaba en la existencia del sistema de valores psicológicos, derivado de un sistema de evaluación energético cuantitativo y por tal ponderable.[8] Estos sistemas de valoración corresponden a modelos ejercitados durante el lapso de las tres primeras décadas de siglo XX, momentos en los cuales comenzaba a desarrollarse la psicología a través de los estudios y la experimentación iniciados por Wundt. También Jung se valió de la vía práctica por medio de instrumentos para la apreciación de emociones, durante el estudio de los fenómenos de asociación de palabras y para la exploración de lo inconsciente. Utilizó mecanismos para determinación del trazado de pulso, la curva respiratoria y la reacción psicogalvánica, ésta última consistente en la reacción psicobiologica escrutable en la piel, por efecto de una actividad bioeléctrica.

Se debe acotar que el sistema de valores, antes aludido, fue una escala general, la cual sólo consideraba condiciones psicológicas individuales. Una dificultad con la cual se enfrentaban, Jung y otros psicólogos, era estimar las apreciaciones subjetivas de cada individuo, con relación a unos valores de carácter general, sin desconsiderar la dificultad de lograr exactitud y objetividad. Esos experimentos permitían comparar valoraciones subjetivas, su relatividad con relación a los demás valores y sus intensidades. Uno de los escollos hallábase al comparar, por ejemplo, el valor de la intensidad de un pensamiento con relación al valor de la intensidad de una impresión sensible. Otras dificultades se presentaban cuando las apreciaciones de un valor subjetivo trascendían los límites de la conciencia y se difuminaban en los umbrales de lo inconsciente. Más difícil, puede resultar todavía, valorar, cuando los contenidos conscientes son reprimidos o desplazados hacia aquella instancia oscura. Por este motivo Jung planteó la imposibilidad de determinar una escala de valores para ella.

El estudio de los fenómenos de asociación fue, para Jung, la ocasión de profundizar en el conocimiento del comportamiento los complejos,[9] cuya energía se nutre de agrupaciones de elementos psíquicos cargados alrededor del núcleo del complejo. Un estado de tristeza o de ira, por ejemplo, puede tener la capacidad para absorber la energía de sentimientos diferenciados, parecidos o concomitantes con ella, como el desconsuelo, el desánimo o en el caso de la ira, nutrirse de energías lindantes con la indignación, el arrebato, la soberbia, como formas varias, y diferenciadas, en las que se pueden experimentar y observar el despliegue de ciertos estados anímicos; como veremos luego en la descripción más completa sobre el origen y la formación de los complejos, cuyo nombre refleja, la noción de una estructura articulada (constelada) de sentimientos o emociones con energía propia, capaces a su vez de convertirse en el núcleo de un complejo con autonomía para alterar el comportamiento de  individuo y por tal la alteración de su conciencia.

Uno de los elementos sustantivos, dentro de estas disputas, es el criterio de si lo psíquico debía considerarse un sistema relativamente cerrado, aunque esté ligado a la función cerebral, cual fue la posición de Jung en oposición a Nicolás von Grot, filósofo ruso,[10]a quien no obstante reconocía el carácter innovador de sus ideas. Éste había proclamado que 1) Las energías psíquicas, no menos que las físicas son cantidades y magnitudes. 2) Son intercambiables, como formas distintas del trabajo psíquico y de la potencialidad. 3) Pueden transformarse en energías psíquicas y viceversa.[11] (por mediación de procesos fisiológicos). Apenas es necesario advertir que la tercera de estas leyes es muy cuestionable.[12]       

  Se debe decir, además, que no son sólo filósofos en quienes se apoya para formular y dirimir estos conceptos. Es oportuno señalar el esfuerzo realizado por Jung, por argumentar, bajo la egida de los criterios de físicos y bajo la luz de leyes de la física de su tiempo. Es conocido su acercamiento a Albert Einstein a quien trató por la época en el cual éste había formulado su primera teoría sobre la relatividad y de cuyo testimonio personal tuvo la certeza sobre la imponderabilidad única de tales categorías. La desestructuración física y lógica de aquellos fundamentos de una realidad en curso tempo-espacial, pudo haber sido valiosa para comprender la igual inescrutabilidad de los nexos existentes entre el espacio-tiempo y causalidad-sincronicidad, como hubo de abordarlo treinta años después en sus intercambios con el físico y Nobel Wolfgang Pauli,[13] quien sugirió sustituir la oposición de espacio y tiempo del esquema clásico por (conservación de) la energía/continuum espacio temporal.[14] Esta tesis pareciera sugerir la existencia de un único espacio-tiempo en el cual están conectadas, de modo continuo, las formas de energía existentes en el universo. Otras influencias significativas vinieron de filósofos como Ludwig Busse, para quien la materialidad física del hombre sería sólo un aspecto visible de una realidad paralela, superior e invisible.[15]

El estudio de la energía psíquica, no pareciera más difícil que el estudio la energía cuántica. En todas las formas de energía subyace la dificultad como tópico de problematicidad más que de imposibilidad. En la obra: Sobre la Energética del Alma, el autor establece fundamentos de la concepción energitista en la psicología, tal como define, textualmente, el primer contenido de esa cardinal obra. En ella, con el mayor rigor metodológico para entonces convenido, basándose en postulados de la física, confirma la existencia y la percepción colectiva del fenómeno energético humano como función anímica, dinámica e incluso parcial y potencialmente medible.  La energía psíquica, sería pues, una función anímica observable en los distintos estados de ánimo, relativamente estables, y por tal motivo dinámicos, cuyas expresiones generales o colectivas podrían ser susceptibles de medición atendiendo a la posible existencia de tendencias generales, junto a las negadas, por imponderables, aproximaciones de registros individuales.

Junto a las consideraciones previas, C. G. Jung consideró necesario demostrar la aplicabilidad de los conceptos fundantes de la concepción energitista y la diferenciación funcional de los principios expresados en ella en la ley fundamental de la conservación de la energía. En esta, señalaba el autor citado, era menester, seguir la recomendación L. Busse, de diferenciar el principio de equivalencia y el principio de constancia en el cual, conforme al primero, para cada energía que se aplica y se consume en la producción de un estado aparece en otra parte un quantum igual de la misma o de otra forma de energía, en tanto que en el segundo principio la cantidad de energía siempre permanece igual[16].Como es observable, en el primer caso se alude esencialmente a la equivalencia de la cantidad del esfuerzo y la cantidad del resultado, en términos de un quantum, independientemente de que su transformación, conduzca a otra forma de energía. inalterable cantidad de energía, aunque el estado producido se transforme y la permanencia de ese quantum consumido en una misma o diferente forma de energía. Por tal, estos son aspectos de necesario abordaje para la conciliación de diferentes perspectivas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1]  Termino definido por Rudolf Otto como “experiencia no-racional y no-sensorial” para referirse a la noción y la vivencia de lo divino o sagrado.   

 

[2] Carl Jung, p.27.  En: Aplicación del Criterio Energitista. Previa a esta cita en la cual Jung atribuye a Th. Lipps, la diferenciación entre energía psíquica y fuerza psíquica.

  

[3] ENERGÉTICA PSÍQUICA Y ESENCIA DEL SUEÑO (1982) Editorial Paidos. Barcelona- España   

 

[4] Carl Jung se refiere a la discusión entre energetismo y mecanicismo, como un pleito paralelo al viejo problema de los universales, dentro del campo de la filosofía 

 

[5]  Wilhelm Wundt (1832-1920) Fisiólogo y psicólogo alemán. Precursor y fundador de los estudios de psicología científica o experimental. Fue el creador del primer laboratorio de psicología experimental (1879) para estudios psicofísicos y fisiológicos. 

 

[6] Fundamentos de la Concepción Energitista (p.15)

 

[7] Ídem (p.15)

 

[8] no solo disponemos de un sistema objetivo de valoración, sino también un sistema objetivo de medición, cual es el de los valores morales y estéticos colectivos. Ibídem (p.20)  

 

[9] Complejos Autónomos de Carga Afectiva: una descripción breve y provisional, podemos tomarla del propio Jung, quien los describe como unidades vivientes de la psique inconsciente ENERGÉTICA PSÍQUICA Y ESENCIA DEL SUEÑO (1982). En: Generalidades de la Psique Inconsciente (p.87). Editorial Paidos

[10] Filósofo ruso de quien se ignora casi todo en los ámbitos de publicación alguna y en la Internet.

[11] ENERGÉTICA PSÍQUICA Y ESENCIA DEL SUEÑO p.26. Ideas citadas por C. Jung, formuladas en: Los conceptos del alma y energía Psíquica en Psicología Tomo IV. 1898 (Die Begriffeder Seele und Psychischen Energie in der Psychologie. Tomo iv 1898)

[12]  Fundamentos de la concepción energitista en psicología. En: ENERGÉTICA PSÍQUICA Y ESENCIA DEL SUEÑO. Editorial Paidos 1982.  P.18

[13] Wolfgang Ernst Pauli (1900-1958), nacido en Viena el 25 de abril de 1900 (Imperio austrohúngaro). Se licencio en su lar natal en la escuela pública Gimnasio de Döblinger. Se doctoró en la Universidad de Múnich (1921). Ejerció como profesor universitario y químico. Fue galardonado con el Premio Nobel en 1945, por el Principio de exclusión, cuya teoría habría permitido la experimentación del fenómeno del entrelazamiento cuántico. Formuló la existencia del neutrino. Publica los principios fundamentales de la mecánica cuántica (1933), como obra concienciadora de la nueva realidad científica en la física. Aparte de su condición de físico teórico se interesó por el tema de la sincronicidad, como aspecto de una realidad no mediada por las clásicas nociones de causalidad y de espacio y tiempo.

 

[14] Precursores de la idea de la sincronicidad, p.501. En: La Dinámica de lo Inconsciente. Vol. 8. Editorial Trotta. 2011

[15] Carl Heinrich August Ludwig Busse (1862-1907), filósofo alemán, nacido el 27 de septiembre en Braunschweig. Fue representante de una concepción metafísica conforme a la cual todo lo pensado es objetivamente real.  Su obra fundamental habría sido: Mente y cuerpo alma y cuerpo, (1903).

 

 

C. G. Jung [16]Aplicación del criterio energitista, En: Energética psíquica y esencia del sueño pp. 29 -30 Editorial Paidos 1982


 [P1]Dónde ?

lunes, 3 de marzo de 2025

La transformación de los estados anímicos (segunda parte)

 

 


Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E=mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

                                                                                   Albert Einstein

 

 

Henry Tovar

 

       La segunda semana, en estado de convalecencia, luego de un accidente el 24 de junio del 2008, nos correspondió mudarnos a la casa de mis suegros. Allí permanecimos durante tres años. Al llegar nos correspondió organizar espacios para nuestra estancia. El día de nuestra llegada surgieron limitaciones. Cualquiera puede experimentar una molestia, por serias o nimias dificultades, pero debo reconocer que la aligeré, de modo exagerado, hasta el hecho de perder el control sobre mis emociones. No entendía la imprevisión, como si no se nos esperara. No logrando dominar la rabia, concebí o acepté la idea de sentirme ajeno a ella, considerando la posibilidad de enajenar mi espíritu del cuerpo, tal como lo plantea E. Tolle. Me acosté sobre una alfombra y me convertí en observador silente del pensamiento y de mis emociones, sin decir, sin juzgar, solo pensando, de modo insistente, “esta rabia no es mía” y sintiéndome observador de ella. Así permanecí no sé cuánto tiempo, antes de subir a la habitación para dormir, creo que al comienzo de la novena hora. Mi acosté habiendo logrado cierta calma, pero sintiendo los efectos agotadores de aquella emoción incontrolada. Me dormí para luego despertar en estado de éxtasis, de extraordinaria felicidad, sintiéndola como una posesión divina, escuchando un pájaro contar, afuera en el jardín; sabiendo que eran las tres de la mañana y que ese estado sagrado, nunca antes experimentado por mí, no era normal. Me incliné y quedé sentado sobre la cama, iniciando el canto de una canción, creo que de la Orquesta Los Melódicos, reiteradamente tarareada durante mi infancia: “Ja, ja, ja, no sabes la pena que me da” luego de lo cual una discreta voz, dentro de mi mente, me dice: “Lo que te hacen se les devuelve”. Debo decir, con manifiesta sinceridad, que no me resultó grata la información, por cuanto no soy rencoroso y porqué tampoco sabía quién me había hecho qué cosa. Hasta ese momento mi molestia habíase gestado por un presumible descuido. En momento continuo comencé a saber, en todo mi cuerpo, sin voces, sin palabras internas, para qué o por qué había ocurrido el accidente. Observaba mis manos, sintiéndolas como parte continua de mi cerebro. Era un conocimiento que emergía como de un campo de energía que abarcaba todo mi cuerpo. Observando mis manos y mis brazos inclinados hacia mí, me repetía con asombro, “Para que no me vaya”. Esa noche, antes de acostarme, había tomado la decisión de marcharme. “Para que no me vaya”, repetía con asombro. Esa información también llegó como respuesta a una pregunta, que me repetí en varias ocasiones, luego del accidente: ¿Por qué a mí? Llegados a este punto de mi relato, debo señalar a este acontecimiento como el hecho más extraordinario y de mayor asombro o perplejidad, experimentado durante mi existencia. Constituyó, al margen de mi voluntad, el comenzar de una nueva vida. A las 9 de la mañana, en la sala de espera del traumatólogo, leyendo, en estado de felicidad, llego al primer párrafo de la página 108, de la primera edición del Poder de la Ahora. Allí leí: Sí, los maestros Zen usan la palabra satori, para describir una comprensión repentina, un momento de no-mente y de presencia total. El satori no es una transformación duradera, pero agradécelo cuando te llegué porque te permite saborear la iluminación[1]

En ese instante, tuve la súbita comprensión de que ese texto estaba vinculado con el fenómeno surgido y en plena vivencia con mi felicidad y los estados de compresión que le antecedían. Cerré el libro para rever la portada, en donde se volví a leer: “El Poder del Ahora. Una guía para la iluminación”. Debo expresar con franqueza que no reparé en el subtítulo sino en ese instante. Es decir, no me llegué a imaginar la iluminación como un hecho real, sino hasta cuando tuve la vivencia de saber de otras personas, desde todo mi cuerpo y no solo desde mi mente. Entonces tuve la certeza de que algo deslumbrante o desconcertante había ocurrido. Ignoré, hasta cuando tuve el momento de investigar, ¿qué era un satori? Cuando lo comprendí, también me pregunté maravillado, y ¿por qué había ocurrido en mí, en tanto que no tenía nexos éticos ni afectivos con el budismo ni con religión alguna ni estaba en búsqueda de esa experiencia? La mayor precisión en torno al Satori está descrita como entendimiento superior al intelecto ... todo razonamiento abstracto cesa, puesto que pensamiento y pensador no se oponen ya el uno al otro.[2]

Estuve en ese estado puro de felicidad divina, durante tres días, en los cuales recibía visitas de amigos, de quienes, con asombro, podía saber sobre la personalidad o sobre su bondad. Luego de tres días seguí en estado de felicidad humana o un indiferenciado y profundo estado anímico de bienestar, normal, humano durante cuatro años continuos, en los que me sentía, inexplicable acompañado por seres a quienes ni escuchaba ni podía ver, pero quienes me aligeraban la mínima carga de mi vida laboral y doméstica. Todo me resultaba fácil, sorprendente e inequívocamente irreal o mágico. Experimente estados de alta comprensión de las cosas de la vida, hasta cuando un día cualquiera, luego de despertarme e ir al lavabo, supe que quienes me acompañaban se marchaban, sin otorgarme explicaciones, lo cual fue motivo de conmoción y de cierta tristeza. Pero ese hecho constituyó un punto al cual no retorné. Aparecieron en mi devenir, durante los años siguientes, otras experiencias poco comunes: Un llamado onírico a la conversión religiosa, información más o menos precisa sobre el lugar de mi próximo renacimiento e información sobre mi probable y próximo progenitor. Estas experiencias modificaron, de modo profundo, mi vida y mi percepción de la vida y sus desigualdades, junto con la aparición de una respuesta, más convincente sobre la razón de la existencia. Estamos aquí, le escuché decir a Sulme, al iniciarse de nuestra amistad, para contribuir con la creación y con nuestro propio desarrollo humano.



 

[1]  Tolle Eckhart. El Poder del Ahora. Una guía para la iluminación.  GAIA Ediciones 2001, p. 108.

 

[2] Mariano Antolín y Alfredo Embid. Introducción al Budismo Zen P 132-133. Esta obra es un pequeño compendio de textos Zen a través de los cuales estos autores pretenden aproximarse al budismo, mediante la compresión de textos negadores de la racionalidad como como camino hacia la
budeidad.