lunes, 22 de octubre de 2018

ALEGRÍAS Y RIQUEZAS DEL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL NACIONAL ¿HASTA CUÁNDO HABRÁ QUE ESPERARLO COMPATRIOTAS?




Omar Villanueva Olmedo

Director OLIBAR Consultores Interstitial Strategies -desde 1972-
Lic. Ing. FEN Universidad de Chile
villanueva.comunica@gmail.com

Coocrea Team Publishing OLIBAR x Responsabilidad Social Profesional

¿Hay empresas potentes para aportar al desarrollo nacional acorde a las demandas del siglo XXI y los nuevos niveles de competencia e innovación en el mundo? ¿Existe una estructura de sectores económicos del país similares a la que distingue a los países económica y socialmente desarrollados? ¿Tenemos líderes y liderazgos que impacten positivamente capaces de conducirnos hacia el desarrollo? ¿Es posible pasar de un desarrollo económico y social de tipo singular al nuevo paradigma de desarrollo plural intersticial? ¿Existe alguna institución que sea responsable y encomendada explícitamente de conducir el país a lograr su desarrollo económico y social? ¿Tenemos una estrategia país consensuada para al desarrollo económico social? Existen diferentes caminos para incursionar al interior de estas preguntas:


I.- Hay una coexistencia de muchas empresas tradicionales, con insuficiente innovación menos aún disruptiva y con escasos emprendimientos de magnitud y éxito mundial.

En general son empresas antiguas (desde antes de 1980) operando en la agricultura, la pesca, la minería, la manufactura y los servicios (varios de dudosa calidad); muchas de ellas se han ido vendiendo a empresas extranjeras, y algunas han tenido incursiones internacionales principalmente extendiendo sus operaciones tradicionales en el continente. En el año 2016 existían más de un millón de empresas, con apenas 1,3% grande y más de 60% micro, según el Servicio de Impuestos Internos (*). Las primeras son las que se centran en la incorporación de tecnologías extranjeras principalmente en sus procesos y algo en productos. Entre las otras empresas se multiplican las comerciales y se destacan algunas pocas pymes que se dedican a las nuevas tecnologías.

Las grandes y medianas empresas se modernizan en materias comercialización, publicidad informatización y de la selección de personal. Las empresas de las nuevas tecnologías, en buena parte extranjeras, son pequeñas y tienen serias dificultades para vender, exportar e introducir sus tecnologías más avanzadas en el mercado.

Los directivos de las empresas mayores tienen formación profesional en el país y en exterior, pero con déficit en su perfil de liderazgo, de acuerdo a los cánones de centros de excelencia internacionales, lo cual supone la inexistencia de autoevaluación de sus características personales, aparte de los esporádicos esfuerzos que realizan en la aplicación de estrategias disruptivas a nivel de negocios y corporativa, a excepción de las empresas multinacionales. Este medio le da gran importancia a los cambios profundos que demandan las actuales y futuras condiciones de la economía y del mercado nacional e internacional, pero al tiempo que se advierte la tendencia a postergar indefinidamente los cambios profundos, por los temores de fracasar, lo que se refuerza por el bajo grado de conocimiento de la cultura y los valores que dominan al interior de la empresa.

Las empresas nacionales están centradas de preferencia en el mercado interno - sólo algo más del 4% hace envíos al exterior – priman las empresas familiares - casi el 50%y muchas tienen sus ventas concentradas en pocos clientes. Se carece asimismo de un poderoso mercado de capitales de riesgo (Venture Capital) para apostar seriamente a nuevos emprendimientos que de soporte a la innovación compleja y de magnitud mayor que se requiere para un fast development. Asimismo, en el débil Mercado de la Industria de la Innovación y Emprendedurismo, sus actores y sus esfuerzos están: híperfragmentados, inconexos, dispersos y superpuestos.

El espectro empresarial es de concentración de muchas industrias en pocos competidores con sus efectos sobre la competencia y los peligros de acuerdos poco éticos. Aunque, por otra parte, para las pymes en los mercados en que colocan sus productos o servicios hay mucha competencia y sin olvidar un gran comprador, sin otra alternativa, que es el sector público, que impone sus reglas y plazos y opera sin mucha transparencia.

Dentro de este mundo se destaca la penetración de internet y de teléfonos inteligentes, con más de 14 millones de personas respectivamente, mostrando que las personas han avanzado mucho más que los productos y servicios que entrega el actual mercado proveedor nacional.

Dentro de este panorama son muy limitados los emprendimientos en nuevos rubros, especialmente en las nuevas tecnologías singulares de crecimiento exponencial, que se constituyan en “nuevas empresas que sean relevantes” en cuanto a su aporte al producto nacional. Esto a pesar de los millones de dólares que ha invertido o gastado, por ejemplo, la Corfo y otras agencias en el último decenio, en el incentivo al emprendimiento de empresas nacionales y extranjeras.

Finalmente, se puede concluir que no hay indicios claros de que se hayan creado, se estén creando o que se crearán empresas de tamaño grande o mediano e innovadas de alto impacto que contribuyan a duplicar el Producto Interno Bruto (PIB) nacional hacia el año 2028.


II.- La composición sectorial del producto interno de un país identifica a los que son desarrollados, de los que no lo son.
Las grandes empresas nacionales se concentran en casi los mismos productos desde hace más de 30 años, con avances menores en la digitalización y modernización de procesos con inteligencia externa y algo en productos.

Se reconoce en los países desarrollados la existencia de una determinada relación entre sus sectores económicos, como se muestra a continuación. Por ejemplo, los países desarrollados tienen un sector agrícola que constituye alrededor del 1% del PIB (USA, Japón, Alemania) o cuando más un 2% (Italia, España) en comparación al casi el 4% de nuestro país. La industria es un sector que en los primeros países aporta del orden del 20 al 30% del PIB, en Chile aporta más del 30%. Finalmente, los servicios en los países desarrollados contribuyen con alrededor del 70% del PIB, en nuestro país es de menos de 60%.

Por lo visto para poner a tono y acortar las brechas desarrollo-subdesarrollo los sectores de la economía nacional y llegar a PIB como los de los países que lo han logrado habría que: (1) Hacer crecer las empresas de materias básicas como agricultura, silvicultura, pesca y minería, pero (2) Al mismo tiempo, hacer crecer un poco más a las empresas industriales y (3) Dar un gran impulso a los serviciosespecialmente a los innovados de valor. ¿Será eso posible de aquí al 2028 al paso que se avanza? Es urgente y prioritario.

Es innegable que los empresarios han hecho un importantísimo aporte al desarrollo de las dos últimas décadas, dadas sus características: empuje y valor para invertir y correr riesgos no menores, pero su responsabilidad no es el crecimiento del PIB nacional y damos el crédito que el estado ha hecho lo posible dentro de lo que la Constitución actual mandata. Sin embargo, ese esfuerzo es insuficiente para el crecimiento deseado y requerido, puesto que se anticipa -en un escenario- que la economía crecería un máximo 4% anual en los próximos ejercicios (según la mayoría de los profesionales consultados) cuando para llegar al nivel de país desarrollado se debiera crecer desde ahora al 2028 a tasas superiores al 6% anual. Y no se vislumbra que las actuales empresas y las que se pudieran crear puedan llegar en 10 años a duplicar el PIB.

Para algunas autoridades la innovación y emprendimiento puede ayudar a mejorar el desarrollo, pero siendo una industria fundamental para el cambio de los sectores, hay que reconocer que es una industria novel, en etapa de pleno crecimiento, está en sus primeras etapas, con muchos adeptos y animadores, pero con escasos éxitos, con poco capital de riesgo, con creciente publicidad y con un ícono con ya bastantes años como son las “lagunas” del siglo pasado y ahora “esquinas de compra” vendida a un grupo internacional. Pero es poco probable que en la próxima década se produzca una revolución nacional que lleve, por ejemplo, a que muchas innovaciones en el sector de los servicios se transformen en exitosos emprendimientos que aporten de manera significativa al PIB, pero que además, tendrían que ser exitosas en la medida que, principalmente: sus servicios se produzcan en el país y sus mercados y sus clientes estén en los mercados externos o extranjeros consumiendo sus producciones chilenas.

Finalmente, se puede concluir que es poco probable que la composición de la estructura de los sectores económicos nacionales y los emprendimientos que nazcan en los diferentes sectores, siendo prioritario el de servicios de exportación sea una realidad en la próxima década y, por lo tanto, el escenario - ceteris paribus -es que se siga vegetando en espera que llegue el mentado desarrollo económico y social…para todos pues la élite ya lo ha logrado para si misma, como lo señala el diagnóstico y los loables esfuerzos 3i que impulsa el Ministerio Social más un grupo de empresarios comprometidos en dichas tareas. Pero insistimos, sin crecimiento sobre un 6% anual del PIB los resultados son previsibles para este o cualquier gobierno: no seremos desarrollados el 2028.

III.- Debe haber liderazgos desarrollistas de éxito para lograr el tan anhelado desarrollo económico y social

En los últimos años la atención nacional se ha centrado en temas sociales, muy comprensibles, que demandan enormes recursos para otorgarlos en la calidad adecuada y en eso se han ocupado los mejores cerebros del país. Se han hecho y se siguen haciendo esfuerzos en mejoras en cuestiones: de identidad de género, de ecología y descontaminación, de tratamiento de la criminalidad juvenil, de acogimiento a los inmigrantes, de crear más regiones y de darles más autonomía, del acogimiento a las madres que abortan o que están por abortar, de dar un tratamiento digno a los niños en situación irregular o a los discapacitados, o de entregar la educación en forma gratuita, o diversos programas de inclusión, ancianidad, obesidad y otros. Estos temas han sido y siguen siendo bastante tratados por las autoridades, lo que solo muestra lo atrasado que está nuestra sociedad en estas materias.

Pero para resolverlos hay que tener recursos y muchos, los que hasta ahora son insuficientes. Sin embargo, no es el desarrollo económico una preocupación permanente y sistemática de los líderes visibles, porque suponemos que acceden a los recursos suficientes para dejarlos tranquilos en sus aspiraciones, ya sea que los obtengan del mercado o de los fondos públicos. No observamos que en los principales frentes que apoyan el desarrollo económico que existan líderes destacados que planteen con fuerza, con urgencia y en forma sostenida “la necesidad de crear más riqueza y sobretodo de la nueva riqueza de las naciones” para dar más y mejores servicios sociales para compensar las innegables desigualdades que existen para: millones de personas que tienen trabajos de ingreso mínimo, mala atención en salud, educación insuficiente, que luchan por una vivienda digna, que quieren vivir en lugares seguros, con transporte y traslados al trabajo que les ocupan muchas horas del día, con inexistentes áreas verdes, pensiones y vejez indignas, etc. Todo lo cual está ampliamente descripto en millones de páginas de sesudos y bien pagados estudios de organismos y centros de estudios internacionales y locales, universidades y partidos políticos.

Por principal, ¿a quién se puede identificar hoy día como la o las personas que sean adalides y líderes para enfrentar en serio, con proyectos y con escenarios y con estimaciones los desafíos del desarrollo económico y social nacional integral? ¿Quién presenta fórmulas para invertir en hacer que los sectores productivos se enfoquen a la formación de una estructura económica de país desarrollado requerida? ¿Cómo se están formando los profesionales y los técnicos para que sean aportes al desarrollo y no a la mantención de una estructura de sectores anticuados? ¿Quién manifiesta su opinión sobre la necesidad de que el emprendimiento que lleva sólo a ganar un sustento para sus dueños es conveniente, pero que aporta casi nada al verdadero desarrollo que les lleve a niveles de rentas y bienestares de países desarrollados? ¿Quién lidera la creación de un poderoso e innovado mercado de capitales de riesgos (VC) de la magnitud requerida para afectar positivamente el PIB y que de soporte a la innovación y emprendimientos requeridos por las empresas tradicionales y a las nuevas industrias y negocios de este siglo?


Por principal segundo, es que los empresarios expresen que su legitima preocupación gremial en: promover los principios éticos por los cuales debe desarrollar su acción, dar opiniones a los poderes públicos y defender los intereses de la producción y del comercio deja en claro cuales son sus objetivos y rol parcial en términos de su participación en el liderazgo del desarrollo económico integral del país. Por su parte, el Congreso Nacional tiene objetivos singulares de representación de la ciudadanía, concurrir a la formación de las leyes y fiscalizar los actos del Gobierno, por lo cual tampoco es responsable del desarrollo del país como tal. ¿Y por último el poder ejecutivo es responsable del desarrollo económico y social del país? Corolario: busque Ud., si es que encuentra esa respuesta a “quien es el responsable del desarrollo nacional” en la Constitución Política de la República.

Como se podrá entender de lo anterior, en este país no hay en lo fáctico y constitucional un responsable de tamaña y trascendental tarea como es el desarrollo económico y social de la nación y, por lo tanto, es efímero pensar que esta aventura que facilitaría la vida de todos los ciudadanos la vaya a asumir alguna autoridad (o los privados) por los puros aplausos y que e incluso podría ser motivo de acusación de inconstitucionalidad. Tenemos un enorme vértigo de vacío como diría el poeta Vicente Huidobro refiriéndose al futuro y quizás una falta de un Poder Directivo superior al Ejecutivo para encabezar este desafío.

Pero insistiendo en el tema, “para ser desarrollados hay que crecer por sobre el 4% por año”, menos que eso es postergar para siempre el que toda la población del país viva sin mirar con envidia a los muchos chilenos que están en desarrollo en Chile, o que se han ido o se irán, a países ya desarrollados, donde logran condiciones de vida y resultados muy superiores a los locales por el mismo esfuerzo o menos.

IV.- Conclusión preliminar: ¿Procastinar?

Como no identificamos líderes nacionales que luchen por este tipo de desarrollo económico social país, concluimos que el desarrollo se posterga para el futuro, en espera de mejores tiempos hasta que los chilenos tomemos conciencia que no existe el liderazgo presente, reconocido y aceptado para alcanzarlo y procrastinándolo una vez más. Así el asunto olvidémonos y sigamos repitiendo la frase de que “en 10 años más seremos un país desarrollado”, aunque sea lo mismo que oímos en los años 1950, del milenio pasado.

Por eso categóricamente: (1) Sin líderes a nivel de estado que pongan el fuerte en que hay que llegar al desarrollo y actúen en consecuencia, y que conjuntamente con cada aumento del crecimiento económico se comprometan nuevos recursos a mejorar los “bienes sociales de los chilenos y extranjeros que vivan en este territorio” y (2) Sin innovaciones y emprendimientos de gran envergadura y mayor complejidad de conocimientos con nuevas tecnologías y base científica intersticial, para satisfacer los mercados externos y que sean de un gran aporte al PIB, es muy difícil que se logre el desarrollo económico y social del país.

Con una población cada día mayor y envejeciendo, serán millones de chilenos que quizás moriremos con la ilusión de que algún día íbamos a ser plenamente desarrollados, a menos que: se produzca una marea de empresas tecnológicas de la nueva economía que nazcan y produzcan lo que hasta ahora es desconocido.

¿Por qué a esta altura del siglo XXI no se distingue un líder o un grupo líder  en la política, la empresa,  la educación, la cultura, las artes, la justicia en la ciencia que se juegue por poner en orden los factores que lleven a que este país rico en recursos naturales, en geografía y en energía potencial, plantee la urgencia de un justo desarrollo económico, que  permita con justicia resolver los profundos problemas sociales que afligen a una parte importante de la población nacional activa y a sus viejos y de muchos de los inmigrantes que han cifrado forjar su futuro con nosotros? ¿Queremos líderes para hacerse cargo de crear la nueva riqueza innovada - económica, empresarial, social, científica, cultural, humana y ambiental - como las naciones desarrolladas que ya clavan su mira e innovadores emprendimientos en el espacio exterior y la profundidad de los océanos e industrias intersticiales?

V.- ¿Es posible pasar de un desarrollo económico y social tradicional de base singular tradicional a un innovado desarrollo intersticial?

Por lo que vemos nos corresponde a los ciudadanos manifestar nuestra incomodidad de vivir unos tiempos de cambio económico y social nacional y mundial, y que como no se distinguen responsables y no aparecen líderes poderosos para encauzar los cambios al desarrollo económico, deberíamos expresar en forma continua, y cada día más amplia y vociferante, a las autoridades que se pronuncien sobre qué están haciendo o van a hacer para acelerar el cambio que nos lleve de verdad y contemporáneamente al desarrollo económico y social y no en otros eternos y recurrentes “en 10 años más”.

Además de este relevamiento de situación expuesto en esta nota nosotros ponemos a disposición de la comunidad nuestros aportes al desarrollo de nuevas y potentes innovaciones que surgen de la inteligencia intersticial. En resumen, se trata de encontrar contenido para los intersticios o huecos o espacios vacíos de conocimientos que existen cuando se enfrenta a dos o más elementos independientes (aparentemente) con sus atributos, lo que es muy diferente al desarrollo habitual de los temas y organización singular que sustentan el desarrollo en el presente, muy bien definidopor las segmentaciones decarreras profesionales y técnicas específicas, o por los ministerios singulares o las comisiones temáticas del parlamento, mandatadas a trata la realidad y problemas siempre en forma parcial e inconducentes al desarrollo como lo muestra la realidad.

Hemos enunciado desde hace meses sobre el potencial de un innovador enfoque intersticial y sobre el cual nuestros compatriotas han prestado poca o nula atención, puesto que tratándose de una “originalidad nacional” no les parece ser valiosa y como suele ocurrir en países subdesarrollado en diferentes materias, primero deben lograr su aceptación o éxito validado en el exterior y posterior y ya tardíamenteretornar al interior. Mas, seguiremos insistiendo en los beneficios para Chile de trabajar con los aportes de “los vacíos de conocimiento que existe en los intersticios en la educación, en los espacios saludables, en la salud antepuesta a la sanación, la biología ingravitacional,arte cuántico etc.”, con un nuevo paradigmade innovación y emprendimiento el que puede ser aplicadocon y sin nuevas tecnologías, que podría dar inicio a muchas empresas e incluso nuevas industrias nacionales de importancia mundial y con impacto en el PIB local.

SINTESIS: 1.-¿Existe alguna institución que sea responsable del desarrollo económico y social del país?2.- A ver¿Quién(es) asume(n) el liderazgo nacional para el desarrollo en el presente ahora ya y no en 10 años más como simple una simple retórica electoral? 3.-¿Aprovechará Chile la ventaja de contar con un nuevo paradigma intersticial para su desarrollo y gobernanza o va a esperar que lo registren en el exterior para empezar aplicar?

(*) Datos del SII y del “Informe de resultados: Empresas en Chile”, agosto 2017, Ministerios de Economía, Fomento y Turismo.
Artículos relacionados: 1.- Habitar para el buen vivir Siglo XXI 2.- ¿Es posible la innovación política?: Ahora 3.- Empresarios: ¿esperar o invertir e innovar? 4.- Nueva gobernanza: ¿seguirán gobernando como el siglo pasado? 4. Posible desarrollo: con innovación compleja & emprendimientos de tamaño mayor 5.- El Nombre de la Rosa y fundamentos para la educación del nuevo milenio. 6.- Nueva modernidad del milenio ¿Será posible evitarla? 7.- ¿Requiéscat in pace o innovación de los bancos centrales?  8.- Crecimiento equidad e innovación 9. Los innovadores métodos de aprendizaje del siglo xxi 10.- ¿El fin de la tpm... y arcanas teorías en la era de la innovación? 11.- ¿Conflictos?... negociar innovando y creando diferencias 12.-
Omar Villanueva Olmedo Director OLIBAR Consultores Lic. Ing. FEN Universidad de Chile

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lunes, 15 de octubre de 2018

Apuntes para una nueva narrativa sobre el petróleo en Venezuela



Por: Luis A. Pacheco


12/05/2018

Buscar una respuesta a la pregunta de porqué Venezuela, después de más 90 años de explotación petrolera y después de incontables coqueteos con la modernidad, se encuentra aún tan lejos de transitar el camino del desarrollo, es una tarea titánica, quizás tan titánica y utópica como la construcción de ese huidizo desarrollo.

Uno pudiese especular sobre las causas económicas, políticas y hasta climáticas de tan curioso fenómeno, y sin duda se pudiera estructurar alguna suerte de explicación coherente, pero hasta ahora ninguna muy convincente; como Henry L. Mencken dijo alguna vez: “Para cada problema complejo hay una solución simple, clara y equivocada”.

El atreverse siquiera a intentar explorar el porqué el petróleo no nos ha conducido por la vía definitiva del progreso es una tarea peligrosa, y llena de medias verdades y de cronistas mal intencionados.

En muchas de las explicaciones que los expertos y cronistas se acostumbran a aventurar, el fantasma de la renta petrolera siempre se asoma como el chivo expiatorio de más aceptación. Un somero muestreo resulta en frases que les pueden resultar familiares:
—El petróleo destruyó la economía agrícola (Alberto Adriani).

—Hay que sembrar el petróleo (Uslar Pietri).
—Hay que guardar el petróleo para las generaciones futuras (Celestino Armas).
—El excremento del diablo (Pérez Alfonzo).
—Hay que salirse de la OPEP (Sosa Pietri).
—El Estado dentro del Estado/ La Caja Negra (todos a una).
—Es preferible que PDVSA invierta a que los políticos lo malgasten (PDVSA).
—El petróleo, ahora sí, es de todos (Pérez Jiménez, Betancourt, Pérez Rodríguez, Chávez Frías…).

Sería fácil desdeñar estas frases, bien por no ajustarse a nuestra visión, por considerarlas superficiales o simplemente por equivocadas. Sin embargo, la reiterada aparición de versiones de ellas a lo largo de nuestra historia, nos debe hacer recapacitar y podemos aventurar que estas son las respuestas que el inconsciente de la sociedad venezolana le ha dado a su notoria insatisfacción con el petróleo. Como apuntó el escritor Ibsen Martínez en una entrevista a raíz de su obra Los Petroleros Suicidas: “Hay una esquizofrenia colectiva (…) y es que sí, sabemos que somos petroleros, pero no nos explicamos por qué rayos no somo ricos”.

Siempre con el dedo apuntando a la fatalidad, nunca a nuestra voluntad.

Hoy, con su permiso, quisiera compartir algunas reflexiones sobre la industria petrolera. Apoyándome en su larga y tormentosa historia, pero con la mirada firmemente anclada en el futuro. Decía Manuel Caballero: “…el petróleo es un Minotauro sin Homeros”, refiriéndose a la falta de dedicación de nuestros escritores a esta nuestra principal industria. Sin embargo, no hay más que pasearse por la larga historia del petróleo en Venezuela, para entender que, querámoslo o no, rotula nuestra historia contemporánea.

Miguel Otero Silva, en su novela Casas Muertas (1955), describe la pobreza que ahogaba a la Venezuela rural antes que el petróleo comenzará a transformar el paisaje, y por el otro asoma el sueño de progreso que el petróleo representaba, y que aún hoy perseguimos cual inalcanzable quimera:
“Venían de las más diversas regiones, de las aldeas andinas, de las haciendas de Carabobo y Aragua, de los arrabales de Caracas, de los pueblos pesqueros del litoral… Todos iban en busca del petróleo que había aparecido en Oriente, sangre pujante y negra que manaba de las sabanas, mucho más allá de aquellos pueblos en escombros que ahora cruzaban, de aquel ganado flaco, de aquellas siembras miserables. El petróleo era estridencia de máquinas, comida de potes, dinero, aguardiente, otra cosa. A unos los movía la esperanza, a otros la codicia, a los más la necesidad”.

Los mitos del petróleo.

Aunque los hidrocarburos aparecen muy temprano en nuestra historia, no es hasta el reventón del pozo Barrosos número 2, el 14 de diciembre1922, en la costa oriental del Lago de Maracaibo, que Venezuela entra a tomar su rol protagónico en el escenario petrolero mundial. Este suceso no solo es el hito que marca el comienzo de nuestra era petrolera, sino que también acuña, a mi manera de ver, algunos de los arquetipos y mitos que nos acompañan hasta al día de hoy.

Una lectura de la historia y leyendas que se han tejido alrededor del pozo Barrosos y su impacto en la Venezuela del Benemérito, nos servirá para señalar tres de los arquetipos que caracterizan la mitología venezolana acerca del petróleo:

El hecho milagroso.

El enclave.

La Caja Negra.

Pozo de petróleo Barrosos número 2

1. El hecho milagroso
El Barrosos, localizado en las afueras de Cabimas, estuvo fluyendo sin control por más de diez días, y la historia que nos ha llegado cuenta que más de un millón de barriles fueron derramados. Dice la leyenda, que los vecinos del Barrosos, ante el miedo que les causaba el ensordecedor ruido del reventón y la indetenible lluvia de petróleo que brotaba de las entrañas de la tierra, le rezaron a San Benito para que intercediera, y cantaron albricias cuando la naturaleza cedió.

Los ingenieros de hoy en día, racionales y prosaicos, argumentarían que el pozo se taponó con arena y ceso de fluir. Y aunque esta última es sin duda la mejor explicación, nosotros, los venezolanos, firmes herederos de los vecinos de Cabimas, hemos escogido relacionarnos al hecho petrolero del lado del milagro.

Esta aproximación mágica, herencia de nuestra cultura agrícola, ha sido reforzada a lo largo de nuestra historia por otros “milagros”. De cuando en cuando, casi en extraordinaria coincidencia con alguna crisis interna del país, un hecho externo fortuito ha disparado la demanda o los precios del petróleo y ha rescatado la economía nacional del abismo al cual se asomaba: la Segunda Guerra Mundial, la Guerra del Yom Kippur, la Caída del Sha, la Guerra de Golfo, la insurgencia de la economía China. De guerra en guerra, de milagro en milagro.

2. El enclave
Ramón Díaz Sánchez, en su novela Mene en 1936, congela para la historia la animadversión que el petróleo promovió entre extranjeros y criollos:
“Casas de madera resplandecientes, sobre pilastras con techumbres aisladoras. Jardinillos plantados con acusado aire de forasterismo. Todo un pueblo nuevo y exclusivista, aislado del mundo circundante con una extensa verja de hierro (…) Allí predomina el blanco, un blanco neto, agresivo como el de los modernos hospitales y salones de barbería. Sugiere el confort de aquellos chalets cierta idea de cartujismo, con todo lo necesario para no carecer de nada…”.

No es mera coincidencia que esta novela fuera publicada en el mismo año de la primera huelga petrolera, llamada la huelga del “agua fría”, que fue sintomática de la animadversión que sembraron a su alrededor, los “musiues” del petróleo. Interesante recordar que esta huelga es la semilla principal del sindicalismo en Venezuela. 80 años después de que se escribiera Mene, el enclave sobrevive, fisica y mentalmente, en los campos petroleros rodeados de la real Venezuela y en los corredores del poder político.

3. La Caja Negra
Asociado al mito del enclave, se acuñó el mito del secreto deshonesto, cuya encarnación nacionalizada se ha dado en conocer como “la Caja Negra”. Imaginemos por un momento a los venezolanos opuestos a la tiranía gomecista, observar a unos extranjeros, de ojos claros, hablando en un lenguaje desconocido, armados de extrañas máquinas, abriendo hoyos en la tierra, extrayendo un negro líquido y transportándolo allende los mares. Viviendo en campos cercados, y relacionándose solo con los gobernantes, quiénes a espaldas de sus gobernados y escondidos tras la legitimidad del estado, usufructuaban la bonanza minera que los extranjeros producían y los locales poco disfrutaban.

¿Es de extrañar entonces que el venezolano percibiera el petróleo como un hecho oscuro y pecaminoso? Más allá del hecho objetivo de que después de la nacionalización la cosa petrolera estuvo sometida al escrutinio del estado como nunca antes, el mito sobrevivió, porque así son las buenas leyendas: perdurables, indestructibles.

Pero no es mi intención reescribir la historia, como se ha vuelto muy de moda hacer en estos tiempos de intelectualidad petrolera tarifada. Nada puede borrar los impactos positivos, los más, y negativos, los menos, que el petróleo tuvo en la Venezuela rural y atrasada de principios del siglo XX. Observaba Emilio Pacheco[1], hablando del General Gómez: “…el petróleo apuntaló la tiranía, pero también creo las condiciones para su disolución”.

Lo que es difícil entender y nos debe dar pausa, sobre todo a aquellos de nosotros que pretendemos construir opinión alrededor del tema, es que cien años después del Zumaque I, la visión que Venezuela tiene del petróleo, y como consecuencia de la política petrolera, todavía gira alrededor de creencias originadas en una realidad y en una sociedad que ya no existe, pero que perdura en la cosmovisión de los venezolanos.

Somos un país rico
El notable crecimiento económico de Venezuela durante una gran parte del siglo XX, sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, y la migración de país rural a un país con todos los síntomas exteriores del desarrollo, nos llevó a pensar, no sin motivo, que nuestro destino era ser ricos porque teníamos petróleo y otros recursos en abundancia.

Todos habremos oído alguna vez la historia de la conversación entre San Pedro y Papa Dios al momento de la creación, cuando ante la queja de San Pedro de que a Venezuela se le habían adjudicado riquezas en demasía, Papa Dios responde que no hay de qué preocuparse ya que para balancear crearía tal o cual partido político.

Un análisis de las cifras de ingresos generados por el petróleo, durante las últimas décadas, nos permite identificar algunos hechos que nos dieron pie a pensar que éramos ricos, y también, algunos hechos generados por pensar que seguiríamos siendo ricos.

Durante la bonanza petrolera que precedió a la nacionalización (estatización de la industria petrolera), en los años 70, llegamos a tener ingresos petroleros de más de 3.000 dólares per capita. Ese espejismo, que hoy conocemos como la Venezuela saudita, motivo entre otras cosas adelantar la reversión petrolera, y con euforia nacionalista el país la decisión de transformar al Estado de administrador del recurso en el subsuelo, a empresario del petróleo.

Aunque hoy podemos ser críticos de tales decisiones, no hay que olvidar que el consenso de los expertos entonces era de un crecimiento indetenible del precio del petróleo (se llegó a hablar de petróleo a $100) y de riquezas sin límite. Pero el espejismo duró poco, y Venezuela y sus socios de la OPEP, en un intento suicida por mantenerse en el sueño, destruyeron su capacidad de producción y abandonaron sus mercados. Venezuela redujo su capacidad de exportación en el lapso de una década en casi 2 millones de barriles/día, sacrificio que sin embargo no detuvo la irremediable caída de los precios. Cuando finalmente recapacitamos, y cambiamos de senda, nos tomó algo más de dos décadas recuperar sustancialmente nuestra capacidad de producción y exportación.

Durante los tres primero lustros de este siglo del siglo XXI transcurrimos una situación similar: un espejismo de bonanza petrolera temporal y una destrucción sistemática de nuestra capacidad de producción y pérdida de mercado, esta vez por incompetencia técnica y politización de la industria. El sueño irremediablemente se ha tornado otra vez en pesadilla. Nos encontramos, hoy en el 2017, con una industria petrolera sacrificada en el altar de una ideología impermeable a la razón, con el agravante de contar con una creciente población, engañada por cantos de sirena y buscando a quien culpar de la bonanza perdida. Una dura lección que nos tocará aprender de nuevo.

Las consecuencias del enclave
Si en algo la industria petrolera nacional, en particular la PDVSA prechávez, falló, fue en entender que su propio desarrollo, empresarial, técnico y humano, producto de su carga genética, de su misión empresarial y de las presiones darwinianas presentes en el entorno competitivo del escenario energético global, no era compatible con la visión minera que el resto del país, en particular el país político, mantenía y aun mantiene sobre el petróleo.

La industria petrolera nacionalizada, ensimismada en lo que eran sus innegables logros empresariales, no pudo detectar a tiempo como esa brecha de visiones se iba ensanchando. Lo que en el pasado era la tensión, a menudo destructiva, entre las multinacionales y los gobiernos (así como con las comunidades en su entorno), fue sustituida por la tensión que se origina en la diferencia de visiones con diferentes sectores del país, sin sincronización de metas o aspiraciones. Lo mismo ocurría en otros sectores, económicos y políticos, que se veían desplazados por el Gargantúa que la industria nacionalizada tendía a encarnar.

En particular, al Estado asumir el rol de inversor en la industria petrolera, se crearon las condiciones para que los requerimientos de capital de la industria entraran en competencia con los requerimientos de otros sectores del Estado. En esta competencia, de díficil balance, se fueron creando conflictos fundamentales en los que ambas partes encontraron difícil establecer terreno común, reforzando el arquetipo del petrolero desconectado del resto del país.

El 29 de agosto de 1975 Carlos Andrés Pérez firma la ley de nacionalización de la industria petrolera de Venezuela / Foto del Archivo de Fotografía Urbana


El falso arranque
En la década de los 90, la política petrolera del Estado venezolano tomó el rumbo de la expansión de capacidad de producción en función de sus ventajas comparativas de recursos naturales, oportunidades de mercado y necesidades fiscales. En ese escenario, emerge con renovada fuerza una diatriba virulenta entre aquellos que, por un lado suscribían el control monopólico del estado, y por el otro aquellos que veían en la ampliación de la participación de la privada, el camino del desarrollo virtuoso.


Esta visión maniquea alrededor del petróleo, destructiva porque llama a la polarización de la opinión pública, es en última instancia una discusión estéril. El cerrar la industria petrolera a la inversión privada no solo no era factible sin destruir buena parte de la industria, sino que también hacía caso omiso de las necesidades reales de inversión que el país necesitaba para promover el crecimiento económico necesario.

La llamada “apertura petrolera” fue capaz de atraer ingentes capitales y resultó en nueva producción en áreas tradicionales y en particular en la Faja del Orinoco. Este esfuerzo perdió dinamismo durante la primera parte de este siglo, tanto por razones políticas como técnicas, en un ambiente de precios crecientes que maquillaron por muchos años el colapso real de la capidad productiva y sus efectos negativos en la economía. Por otro lado, la falta de un estado competente, con el interés de la nación como su foco, requisito indispensable para establecer un campo de juego nivelado y en última instancia fecundo para todos los actores, ha sido un factor regresivo en esta dinámica.

Aún así, hoy en 2017, 50% de la producción nacional es realizada por empresas con participación privada, algo paradójico cuando se considera el discurso nacionalista y patriotero del Gobierno de turno.

El camino hacia adelante
Cuando miramos hacia adelante, no hay duda de que la industria del petróleo y gas todavía representa nuestra gran oportunidad y palanca para el desarrollo. Para materializar este potencial es indispensable un gran consenso nacional que reconozca que de la pobreza solo se sale con crecimiento económico. La historia de la humanidad ha demostrado, con crudos hechos, que la ideología podrá mover los corazones, pero no alimenta los estómagos ni da cobijo de la intemperie, al menos no de una manera sustentable.

La sociedad que hemos construido alrededor de la “mina” petrolera tiene valores culturales que deben ser cuestionados si queremos modificar nuestro pobre desempeño económico, y con ello lograr el crecimiento necesario para sacar a la nación de la pobreza.

La narrativa del arquetipo minero, y las creencias que giran alrededor de él, han moldeado en gran parte lo que es la sociedad venezolana en la que hoy vivimos. Creyendo que somos ricos, invertimos tiempo y esfuerzo en identificar nuevas y más justas manera de distribuir la riqueza que no hemos trabajado.

No acabamos de entender que convertir el recurso en riqueza requiere de esfuerzo financiero, tecnológico y organizacional, y que no podemos repartir la riqueza que no tenemos, sin producir la riqueza que sí podemos.

No debe quedar la menor duda de que el desarrollo económico necesario solo es posible si se habilitan TODOS los actores económicos: nacionales y extranjeros. Los niveles de crecimiento no los puede dar solo el petróleo y menos el aún el monopolio del Estado; de hecho esto es una realidad objetiva desde hace más de dos décadas y que los gobiernos se empeñan en ignorar.

Me atrevería a decir que nuestra secular crisis política es el resultado directo de nuestra incapacidad de crear los mecanismos de creación de riqueza necesarios, para mantener una sociedad en armonía.

Pero no existe una sola narrativa que sustituya el imaginario existente. Los actores en este diálogo: el sector político, la academia, las comunidades, los militares, los industriales, las compañías petroleras, etc., tienen interesés y creencias disímiles y es imprescindible identificarlos para poder crear los diálogos necesarios, de lo contrario repetiremos las posturas refractarias del pasado.

Perspectivas de futuro
El petróleo y el gas fueron el motor de la economía mundial del siglo XX, así como de de buena parte de nuestro desarrollo. Estos recursos, sin duda, continúan siendo una ventaja comparativa y competitiva que no debemos despreciar y que debemos promover como una importante actividad productiva y un factor indispensable en la recuperación y crecimiento de nuestra economía.

Esta ventaja, sin embargo, solo nos llevará parte del camino. Ya se divisan las señales que anuncian el próximo recodo en el camino y que apuntan hacia el ocaso de la era de los combustible fósiles. Como país debemos identificar la siguiente ola de revolución económica y tecnológica y montarnos en su cresta, ya que solo así podremos elevarnos a los niveles de desarrollo requeridos para salir de la pobreza. El petróleo y el gas son solo el asfalto en el camino hacia ese inevitable futuro.

Pero mientras tanto, pecaríamos por desidia si no nos abocamos a desarrollar las ventajas que el sector de la industria de los hidrocarburos nos ofrece. Para ello debemos transformar la estructura del sector, delimitando los roles y responsabilidades que el estado, y los demás actores económicos nacionales y extranjeros, deben tener.

Debemos salvaguardar los derechos de la nación, pero incentivando a todos los actores, de la manera más amplia, a participar. El panorama del sector hoy día está lleno de oportunidades sin aprovechar, ya por falta de recursos financieros o tecnológicos, ya por limitaciones legales, ya por exceso de ideología. La industria de los hidrocarburos, apropiadamente estructurada, puede establecer la base sólida para el crecimiento.

Para ello se requiere de la ampliación de la base de capital financiero y humano, incentivando la participación privada. No solo es necesario modificar la legislación y la gobernabilidad del sector, debemos también entender que solo a través de la implantación de los incentivos adecuados y de reglas claras y justas, es que se puede promover la creación de una verdadera industria venezolana de los hidrocarburos; diferente y más eficiente y efectiva que el modelo de  industria petrolera estatal que nos trajo hasta aquí.

Puntualizando
El reto de preservar la nación pasa por erradicar los mitos y creencias que nos mantienen atados a los hechos del pasado, que se han convertido en los prejuicios del presente, bajo la guisa de ideología nacionalista.
Hacer eso no es tarea fácil y probablemente necesitemos de “intervención” para poder establecer una nueva síntesis, adecuada a los nuevos tiempos y entendiendo que no hay soluciones mágicas.

Lo que sea que diseñemos debe ser sustentable para que pueda ser eficaz; y que cuando hablamos de construir una nueva narrativa no significa hacer un adefesio de la suma de las viejas narrativas, sino buscar innovar.

La necesidad de un cambio cultural no debe ser despreciado, y aunque la ingeniería social es siempre un ejercicio pedante y sin duda peligroso, hay que empezar a erradicar la mentalidad minera.

El petróleo no es un enclave. El petróleo no es una caja negra, El petróleo no tiene nada de mágico o milagroso. La verdadera magia reside en las fuerzas productivas de la sociedad y en el derecho inviolable de cada ciudadano a tomar sus propias decisiones.

“Mene y Casas Muertas… ambas son novelas donde el petróleo es visto desde afuera; y sus autores hacen un viaje a esa tierra extraña y nueva donde se explota el hidrocarburo, pero que es una tierra que nada tiene que ver con la propia: nada que ver con la Venezuela que tanto Díaz Sánchez como Otero Silva siempre han conocido como la suya. Es un país extranjero, donde domina el diablo, el minotauro”. Manuel Caballero -Un minotauro sin Homeros, El Universal, 12 de abril de 1998.

Abandonemos el miedo al diablo y a la oscuridad que él representa. Si no, habitaremos un pueblo fantasma.

*
[1] Emilio Pacheco. De Castro a López Contreras, Editorial Domingo Fuentes, 1984
LUIS A. PACHECO



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miércoles, 3 de octubre de 2018

Trabajo, sudor y lágrimas: La planificación para la Venezuela después de Maduro (Análisis)


En la novela de 1926 de Ernest Hemingway, El sol también se levanta , se pregunta a un personaje cómo fue a la bancarrota. “Dos maneras”, responde. “Gradualmente, y luego de repente”.
Esa es una buena descripción del colapso de la economía venezolana. El régimen chavista del presidente Nicolás Maduro pasó mucho más allá de sus medios, justo cuando los precios del petróleo se suavizaron y el ingreso interno se estancó y luego comenzó a caer como resultado del debilitamiento de la economía. Así que Maduro tomó prestado todo lo que pudo, hasta que en 2013 los prestamistas cortaron a Venezuela. En ese momento, la imprenta se convirtió en la única herramienta de financiamiento disponible.



Por: Andrés Velasco

En el último par de años, el descenso se ha acelerado a velocidades vertiginosas. El Fondo Monetario Internacional prevé una inflación de 1.000.000% en 2018; la contracción del PIB empequeñece las de la Gran Depresión, la Guerra Civil Española y la reciente crisis griega; El 87% de los venezolanos viven en la pobreza; y millones han salido de su país.

Gradualmente y luego de repente” también podría describir la eventual desaparición del régimen de Maduro. Si bien nadie en Venezuela ni en el extranjero puede estar seguro de cómo será, parece cada vez más claro que lo hará.

La incertidumbre sobre lo que sucede el día después es una de las razones por las que Maduro se ha aferrado al poder. Uno no puede criticar a los asustados ciudadanos de clase media que creen que los reyes y los dictadores son los favoritos: après moi, le déluge (después de mi el caos) . Sin embargo, está empezando a surgir una visión de cómo sería una Venezuela posterior a Maduro, y eso debería acelerar la desaparición del régimen.

Sobre todo, Venezuela después de Maduro debería ser democrática. Lo que comenzó como un régimen populista pero democráticamente elegido ha degenerado en los últimos años en autoritarismo de libros de texto. Las instituciones de Venezuela, desde la Corte Suprema hasta el Consejo Nacional Electoral y el Banco Central, ya no tienen autonomía. La Asamblea Nacional (el parlamento unicameral), donde la oposición tiene una mayoría de dos tercios, ha sido despojada de la mayoría de sus poderes. Las elecciones presidenciales de mayo, que devolvieron al poder a Maduro, fueron una farsa, y muchas de las democracias del mundo lo dijeron en términos inequívocos.

Mucho tendrá que cambiar, tanto económica como políticamente, para garantizar la libertad de los venezolanos. Uno no tiene que ser un graduado de la Universidad de Chicago con una corbata de Adam Smith para reconocer que el colapso de la producción en Venezuela se debe mucho a un estado cada vez más intrusivo que ha hecho la producción casi imposible. Maduro parece tener la intención de darse cuenta de la máxima de Ronald Reagan : “Si se mueve, ponle impuestos. Si sigue moviéndose, regularlo. Y si deja de moverse, subsidiarlo”. El gobierno de hoy tiene 457 compañías, muchas de ellas poco más que cascarones vacíos. La joya de la corona en el estado venezolano, el gigante petrolero PDVSA, produce un tercio de lo que hizo en 1998, cuando fue elegido el antecesor de Maduro, Hugo Chávez.

Restaurar los derechos de propiedad y reformar esta red de controles y regulaciones será una tarea política y legal colosal, más parecida a las transiciones en Europa del Este y en la antigua Unión Soviética que en episodios anteriores de estabilización y reforma en América Latina . Sin embargo, una lección de las reformas de mercado de la región de los años 80 y 90 parece relevante: la privatización debe ir acompañada de una competencia genuina. De lo contrario, el resultado puede ser un estancamiento económico (los monopolios pueden generar grandes ganancias mientras no innovan) y una reacción política (los votantes que ven que eso sucede se enojan rápidamente).

Del mismo modo, debe evitarse el capitalismo de amigos típico de muchas economías poscomunistas. Cuando los gerentes que se encargan de devolver los activos a la propiedad privada terminan siendo dueños de esos activos, la reforma simplemente reemplaza una élite corrupta por otra, en lugar de devolver el poder a los ciudadanos.

Otra prioridad para los líderes de la Venezuela posterior a Maduro será asegurar que el estado haga lo que se supone que debe hacer. El estado venezolano cuenta con casi tres millones de empleados y, según un recuento, más de 4,200 instituciones, sin embargo, el gobierno fracasa estrepitosamente en sus tareas más básicas, como brindar educación, salud y seguridad.

Tomar la salud: los hospitales y clínicas públicas se están desmoronando y en gran medida carecen de medicamentos (las importaciones de los cuales apenas alcanzan un tercio del nivel en 2012). Una encuesta encontró que el 79% de las instalaciones ni siquiera tenían agua corriente. Estas condiciones precarias han permitido el resurgimiento de enfermedades latentes desde hace mucho tiempo, como la malaria, la difteria, el sarampión y la tuberculosis.

O considere la seguridad, que se ha derrumbado, colocando a Venezuela al borde de ser considerado un estado fallido. Las vastas franjas de territorio son tan ilegales que la policía, y en algunos casos incluso el ejército, no se atreven a entrar. En los grandes centros urbanos, la tasa de homicidios se disparó, colocando a Venezuela en la cima de las tablas de homicidios del mundo , solo por detrás de El Salvador y Honduras y muy por delante de Brasil, Colombia y México.

Venezuela necesitará un estado más pequeño, delgado y mucho más musculoso, enfocado en aquellas áreas donde la acción del gobierno es insustituible. ¿Cómo pagar la reforma de largo alcance que se requerirá? ¿Y cómo pagar la indispensable recuperación económica?

El país está excesivamente endeudado (la relación entre la deuda pública externa y las exportaciones es mayor que en cualquier otro país para el que el Banco Mundial tiene datos) y se ha quedado sin moneda extranjera. Como resultado, las importaciones per cápita totales alcanzan el 15% de su nivel de 2012, lo que genera una escasez no solo de alimentos y medicamentos, sino también de las piezas de repuesto necesarias para que los camiones y las máquinas del país vuelvan a funcionar.

Un plan que permita a Venezuela importar y funcionar más o menos como una economía normal debería tener al menos tres componentes. Primero, la comunidad internacional debe reconocer por adelantado la necesidad de una gran reducción de la deuda, en lugar de dejar la lata en el camino por años, como lo hizo con Grecia. Segundo, el Fondo Monetario Internacional tendrá que proporcionar una balanza de pagos de emergencia, a través de un programa que no sea muy diferente al que Argentina acaba de firmar. Y, tercero, se necesitará un componente de donación, estimado por expertos venezolanos en alrededor de $ 20 mil millones, tanto para satisfacer las necesidades humanitarias de emergencia como para evitar el error de Argentina de permitir que la deuda externa se acumule demasiado rápido justo después de la reducción de la deuda.

El gobierno de Venezuela ha estado librando la guerra a su propio pueblo. Lo menos que puede hacer el mundo es estar generosamente del lado de las víctimas. Al hacerlo, ayudaría a prevenir el fracaso estatal a gran escala, minimizando así el impacto de la crisis humanitaria del país y las salidas masivas de refugiados, por no mencionar el tráfico desenfrenado de drogas y el lavado de dinero, en la estabilidad regional y mundial.

La transición de Venezuela a la democracia y la economía de mercado estarán llenas de peligros y escollos, y se requerirá mucho sacrificio. Los líderes de la nueva Venezuela deben reconocer esto y hacer eco de la promesa de Winston Churchill de “sangre, trabajo, lágrimas y sudor”. Ese esfuerzo compartido generará un futuro nuevo y mejor. Más temprano que tarde, el sol también saldrá para todos los venezolanos.



* Andrés Velasco, ex candidato presidencial y ministro de finanzas de Chile, es decano de la Escuela de Política Pública de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres. Es autor de numerosos libros y artículos sobre economía internacional y desarrollo, y se ha desempeñado en la facultad de las universidades de Harvard, Columbia y Nueva York.