La novedad, más que la grandeza de las cosas, es la
que nos incita a buscar sus causas. Hemos, pues, de juzgar con más reverencia
la potencia infinita de la naturaleza y con más humildad nuestra flaqueza e
ignorancia
Michel De Montaigne
Es más fácil desintegrar un átomo que un
prejuicio.
Albert Einstein
Henry Tovar
Por novedosas y desconcertantes, tenemos trascendentes preguntas en la ciencia actual. También grandes y eternas preguntas del hombre acerca del origen de la vida, los límites del universo e incluso sobre la vida de cercana existencia en las profundidades oceánicas. Preguntas todas difíciles de responder, cual menos por misteriosas.
La vida del hombre
está colmada de cercanos misterios. Pero éstos, para el hombre contemporáneo,
se han convertido en asuntos o preguntas ociosas. La generalidad de los
investigadores y diletantes de todo conocimiento, se dan por satisfechos con
explicaciones científicas. Sólo le importan lo sabido, hasta cuando unas
verdades incompletas son sustituidas por nuevas investigaciones y certezas de
mayor amplitud.
Después de grandes
descubrimientos del siglo XX, todavía se siente conforme con explicaciones
sobre causas y efectos, dentro de un persistente paradigma, ya casi cercano al
mito, sobre la causación material e irrestricta de todas las cosas. Pareciera
absolutamente cierto que, ningún conocimiento, fuera de la ciencia, es posible
conocer. Al parecer, pocos individuos se preguntan cómo fue posible el acopio
de tanto conocimiento antes del nacimiento de la ciencia. Se debe decir que,
por diversas filosofías, o sobre ellas, se perfeccionaron los métodos para
acceder a las frondosidades del saber. ¿Es acaso posible el conocimiento sin la
ciencia? ¿Estaremos negando el valor y la trascendencia de la ciencia? ¿Es
acaso la ciencia el único medio para acceder a distintos saberes del hombre? En
las ciencias, en general, grandes preguntas y difíciles respuestas han
remodelado la imagen y las posibilidades de una mejor vida en el mundo. No
obstante, preguntas fundamentales para el más profundo conocimiento del hombre
y de sus potencialidades, siguen sin la búsqueda de oportunas respuestas
académicas.
El salto cualitativo
en física del siglo XX, habría sido la comprensión de que la diversidad de la
materia es el resultado de la complejidad de la estructura cuántica[1] subyacente en ella.
Pero pareciera conviene conocer la amplitud de las dimensiones cuánticas. ¿Se
reducen éstas al mundo de la materia y la energía, objetos de estudio de la
física? ¿Es posible o lícito suponer la existencia de magnitudes cuánticas vinculadas
con la energía humana y junto con ella la vinculada con el pensamiento? ¿Es el
hombre un productor de energías sutiles, de cantidades cuánticas de energía?
¿Es imaginable o realizable la existencia de un campo de estudio
correspondiente a una o psicología cuántica o psicocuántica?
En la Cosmología,
algunas de las preguntas más importantes, estarían referidas a la existencia de
la materia oscura (30%), masa entendida como inabsorbente y enemitente de
radiación, sólo detectable por sus efectos gravitacionales ejercidos sobre la
materia visible y sobre la estructura del universo.[2] Igualmente,
preguntas sobre la energía oscura, como cosa distinta de aquella y como
supuesto para entender el porqué de la expansión espacio temporal acelerada del
universo. Esta energía sería un posible factor equilibrante de la fuerza
gravitacional de atracción y una energía tal correspondiente al 70% del
contenido existente en el universo.
En la Física
Cuántica, algunos de los objetos de estudio, más relevantes, son la
racionalización del Principio de Incertidumbre de Werner Karl Heisenberg
(1901-1976); la presumible existencia de universos paralelos, la probable
existencia de once dimensiones en el universo, teorías todas fundadas en racionalidades
y verosimilitudes de fórmulas físicas. Los resultados acopiados hasta ahora, en
torno a la ubicuidad probabilística de las partículas, permiten preguntar, sí,
¿Es acaso la naturaleza intrínsecamente indeterminista?[3] ¿Puede,
racionalmente comprenderse que una partícula puede estar en varios lugares a la
vez? En el campo de la física cuántica, estas preguntas tienen explicaciones y
cartas aceptables de ciudadanía o racionalidad. La misma racionalidad negada a
la telepatía o la incomprensión y el desdén por el estudio de los fenómenos de
la sincronicidad, en el campo de la psicología. En cualquier caso, una
suposición provisional, pudiere admitir la probable existencia de una realidad
intrínsicamente determinista en la física tradicional. Y en la física cuántica
la probable existencia de realidades indeterminables, como es la ubicuidad
probabilística de las partículas, o la probable existencia de once dimensiones
en el universo. A lo cual cabria agregar lo sabido en torno a los documentados
fenómenos religiosos o meramente humanos de inexplicable comprensión: milagros,
poderes psíquicos, percepción extrasensorial, teoría de la sincronicidad y las
decenas de miles y documentadas descripciones de milagros certificados por
instituciones creíbles. En todos estos tipos de fenómenos indicados, es
ostensible la cardinal función de la energía humana como protagonista de los
fenómenos inexplicables y asombrosos.
Algunos de los misterios de las energías,
cósmicas y humanas, parecieran residir en la presunción de que todo fenómeno
irracional e insensorial, y por tal, de modo aparente inexplicable o
metafísico, es un hecho ilimitado dentro de una conjunción de variables
explicativas de lo numinoso. Unas serían, conforme a una personal percepción
(no apreciación), las mundanas vías conducentes hacia el fenómeno, y otras sus
expresiones sagradas. Las vías mundanas abarcarían a la abstinencia sexual y
diversos modos de conservación de la energía, como la dosificación de la
utilizada en el acto del pensamiento, sea que el renunciante fuere un monje o
un laico.
Las expresiones de lo numinoso y lo divino, no
estarían estrictamente condicionadas a las potencialidades de determinados iniciados,
lugares y protocolos ascéticos, aunque estas circunstancias le favorezcan. Aquellas
serían, de modo esencial, un atributo de la conservación de la energía y su
focalizada encausación dentro de algunas conductas humanas. Las conductas
religiosas no están circunscritas a las éticas y liturgias de las religiones.
Estas abarcarían el pensamiento y las acciones individuales, sustentadas en
códigos morales tan fervorosos como las convicciones derivadas de las creencias
en Dios y semi dioses.
Las autolimitaciones de la ciencia para
confrontarse con lo numinoso, pareciera radicar en la ignorancia o la desconfianza
de algunos científicos, en la existencia o certidumbre de fenómenos
provenientes de lo inconsciente; y no en menor grado a la recurrencia defensiva
de un escepticismo práctico, descomplicador, y en la comodidad de los métodos
existentes. No en la imposibilidad metodológica para superar paradigmas y
producir nuevas brechas en la investigación. Tampoco en la inexistencia de
fortuita o sistemática de evidencias empíricas.
[1]
Actualmente son conocidas las funciones y cómo interactúan las partículas
subatómicas, como los electrones y protones, dentro de los modelos y leyes de
la mecánica cuántica, referidos a principios como la superposición, el entrelazamiento cuántico o la dualidad
onda-partícula.
[2]
Fritz Zwicky en 1933 (ampliar información)
[3]
La naturaleza, según la mecánica cuántica, posee aspectos intrínsecamente
indeterminables. Un ejemplo es el planteamiento medular del principio de
indeterminación de Heisenberg.
[1]
Actualmente son conocidas las funciones y cómo interactúan las partículas
subatómicas, como los electrones y protones, dentro de los modelos y leyes de
la mecánica cuántica, referidos a principios como la superposición, el entrelazamiento cuántico o la dualidad
onda-partícula.
[2]
Fritz Zwicky en 1933 (ampliar información)
[3]
La naturaleza, según la mecánica cuántica, posee aspectos intrínsecamente
indeterminables. Un ejemplo es el planteamiento medular del principio de
indeterminación de Heisenberg.