lunes, 27 de julio de 2026

Sobre el misterio de las energías cósmicas y humanas.


 


La novedad, más que la grandeza de las cosas, es la que nos incita a buscar sus causas. Hemos, pues, de juzgar con más reverencia la potencia infinita de la naturaleza y con más humildad nuestra flaqueza e ignorancia


                        Michel De Montaigne

 

 Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.

                                                             Albert Einstein

 

 

 


Henry Tovar

     

Por novedosas y desconcertantes, tenemos trascendentes preguntas en la ciencia actual. También grandes y eternas preguntas del hombre acerca del origen de la vida, los límites del universo e incluso sobre la vida de cercana existencia en las profundidades oceánicas. Preguntas todas difíciles de responder, cual menos por misteriosas.


La vida del hombre está colmada de cercanos misterios. Pero éstos, para el hombre contemporáneo, se han convertido en asuntos o preguntas ociosas. La generalidad de los investigadores y diletantes de todo conocimiento, se dan por satisfechos con explicaciones científicas. Sólo le importan lo sabido, hasta cuando unas verdades incompletas son sustituidas por nuevas investigaciones y certezas de mayor amplitud.


Después de grandes descubrimientos del siglo XX, todavía se siente conforme con explicaciones sobre causas y efectos, dentro de un persistente paradigma, ya casi cercano al mito, sobre la causación material e irrestricta de todas las cosas. Pareciera absolutamente cierto que, ningún conocimiento, fuera de la ciencia, es posible conocer. Al parecer, pocos individuos se preguntan cómo fue posible el acopio de tanto conocimiento antes del nacimiento de la ciencia. Se debe decir que, por diversas filosofías, o sobre ellas, se perfeccionaron los métodos para acceder a las frondosidades del saber. ¿Es acaso posible el conocimiento sin la ciencia? ¿Estaremos negando el valor y la trascendencia de la ciencia? ¿Es acaso la ciencia el único medio para acceder a distintos saberes del hombre? En las ciencias, en general, grandes preguntas y difíciles respuestas han remodelado la imagen y las posibilidades de una mejor vida en el mundo. No obstante, preguntas fundamentales para el más profundo conocimiento del hombre y de sus potencialidades, siguen sin la búsqueda de oportunas respuestas académicas.


El salto cualitativo en física del siglo XX, habría sido la comprensión de que la diversidad de la materia es el resultado de la complejidad de la estructura cuántica[1] subyacente en ella. Pero pareciera conviene conocer la amplitud de las dimensiones cuánticas. ¿Se reducen éstas al mundo de la materia y la energía, objetos de estudio de la física? ¿Es posible o lícito suponer la existencia de magnitudes cuánticas vinculadas con la energía humana y junto con ella la vinculada con el pensamiento? ¿Es el hombre un productor de energías sutiles, de cantidades cuánticas de energía? ¿Es imaginable o realizable la existencia de un campo de estudio correspondiente a una o psicología cuántica o psicocuántica? 


En la Cosmología, algunas de las preguntas más importantes, estarían referidas a la existencia de la materia oscura (30%), masa entendida como inabsorbente y enemitente de radiación, sólo detectable por sus efectos gravitacionales ejercidos sobre la materia visible y sobre la estructura del universo.[2] Igualmente, preguntas sobre la energía oscura, como cosa distinta de aquella y como supuesto para entender el porqué de la expansión espacio temporal acelerada del universo. Esta energía sería un posible factor equilibrante de la fuerza gravitacional de atracción y una energía tal correspondiente al 70% del contenido existente en el universo.


En la Física Cuántica, algunos de los objetos de estudio, más relevantes, son la racionalización del Principio de Incertidumbre de Werner Karl Heisenberg (1901-1976); la presumible existencia de universos paralelos, la probable existencia de once dimensiones en el universo, teorías todas fundadas en racionalidades y verosimilitudes de fórmulas físicas. Los resultados acopiados hasta ahora, en torno a la ubicuidad probabilística de las partículas, permiten preguntar, sí, ¿Es acaso la naturaleza intrínsecamente indeterminista?[3] ¿Puede, racionalmente comprenderse que una partícula puede estar en varios lugares a la vez? En el campo de la física cuántica, estas preguntas tienen explicaciones y cartas aceptables de ciudadanía o racionalidad. La misma racionalidad negada a la telepatía o la incomprensión y el desdén por el estudio de los fenómenos de la sincronicidad, en el campo de la psicología. En cualquier caso, una suposición provisional, pudiere admitir la probable existencia de una realidad intrínsicamente determinista en la física tradicional. Y en la física cuántica la probable existencia de realidades indeterminables, como es la ubicuidad probabilística de las partículas, o la probable existencia de once dimensiones en el universo. A lo cual cabria agregar lo sabido en torno a los documentados fenómenos religiosos o meramente humanos de inexplicable comprensión: milagros, poderes psíquicos, percepción extrasensorial, teoría de la sincronicidad y las decenas de miles y documentadas descripciones de milagros certificados por instituciones creíbles. En todos estos tipos de fenómenos indicados, es ostensible la cardinal función de la energía humana como protagonista de los fenómenos inexplicables y asombrosos.


Algunos de los misterios de las energías, cósmicas y humanas, parecieran residir en la presunción de que todo fenómeno irracional e insensorial, y por tal, de modo aparente inexplicable o metafísico, es un hecho ilimitado dentro de una conjunción de variables explicativas de lo numinoso. Unas serían, conforme a una personal percepción (no apreciación), las mundanas vías conducentes hacia el fenómeno, y otras sus expresiones sagradas. Las vías mundanas abarcarían a la abstinencia sexual y diversos modos de conservación de la energía, como la dosificación de la utilizada en el acto del pensamiento, sea que el renunciante fuere un monje o un laico.


Las expresiones de lo numinoso y lo divino, no estarían estrictamente condicionadas a las potencialidades de determinados iniciados, lugares y protocolos ascéticos, aunque estas circunstancias le favorezcan. Aquellas serían, de modo esencial, un atributo de la conservación de la energía y su focalizada encausación dentro de algunas conductas humanas. Las conductas religiosas no están circunscritas a las éticas y liturgias de las religiones. Estas abarcarían el pensamiento y las acciones individuales, sustentadas en códigos morales tan fervorosos como las convicciones derivadas de las creencias en Dios y semi dioses. 


Las autolimitaciones de la ciencia para confrontarse con lo numinoso, pareciera radicar en la ignorancia o la desconfianza de algunos científicos, en la existencia o certidumbre de fenómenos provenientes de lo inconsciente; y no en menor grado a la recurrencia defensiva de un escepticismo práctico, descomplicador, y en la comodidad de los métodos existentes. No en la imposibilidad metodológica para superar paradigmas y producir nuevas brechas en la investigación. Tampoco en la inexistencia de fortuita o sistemática de evidencias empíricas.

 



[1] Actualmente son conocidas las funciones y cómo interactúan las partículas subatómicas, como los electrones y protones, dentro de los modelos y leyes de la mecánica cuántica, referidos a principios como la superposición, el entrelazamiento cuántico o la dualidad onda-partícula.

[2] Fritz Zwicky en 1933 (ampliar información)

[3] La naturaleza, según la mecánica cuántica, posee aspectos intrínsecamente indeterminables. Un ejemplo es el planteamiento medular del principio de indeterminación de Heisenberg.



[1] Actualmente son conocidas las funciones y cómo interactúan las partículas subatómicas, como los electrones y protones, dentro de los modelos y leyes de la mecánica cuántica, referidos a principios como la superposición, el entrelazamiento cuántico o la dualidad onda-partícula.

[2] Fritz Zwicky en 1933 (ampliar información)

[3] La naturaleza, según la mecánica cuántica, posee aspectos intrínsecamente indeterminables. Un ejemplo es el planteamiento medular del principio de indeterminación de Heisenberg.


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