miércoles, 25 de abril de 2018

La crisis de Venezuela agita Colombia a un mes de las elecciones


Un estudio de Cifras & Conceptos para EL PAÍS muestra el impacto de la deriva de Maduro para la sociedad del país vecino



Numerosos venezolanos intentan cruzar la frontera con Colombia, en Cúcuta. Carlos Garcia Rawlins Reuters

 

MÁS INFORMACIÓN



La grave crisis económica e institucional que con creciente intensidad golpea a Venezuela se ha instalado en los últimos meses en el debate público de Colombia. La deriva del régimen de Nicolás Maduro no solo es uno de los principales temas de la campaña de las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo 27 de mayo, sino que ya repercute en el día a día de los ciudadanos, o al menos en su percepción. La firma Cifras & Conceptos ha elaborado un estudio que muestra el alcance de este fenómeno. EL PAÍS empieza a desgranar este miércoles su posible impacto en la sociedad.


La huida masiva de venezolanos, que entran sobre todo por Cúcuta, la ciudad más poblada de los cerca de 2.200 kilómetros de frontera, hizo saltar todas las alarmas ya a principios de año por el incremento del flujo migratorio. Hace tres semanas las autoridades comenzaron el censo de más de 800.000 personas para tratar de ofrecer una respuesta humanitaria a los que llegan. La Administración colombiana no está acostumbrada a recibir oleadas de esas características, nunca tuvo que hacerlo. El Gobierno de Juan Manuel Santos pidió ayuda a la ONU, mientras que Estados Unidos destinó recientemente 2,5 millones de dólares a la asistencia de los migrantes.

En otras palabras, la situación que atraviesa Venezuela, donde según el Fondo Monetario Internacional (FMI) los precios aumentarán un 1.800.000% en dos años, tiene consecuencias dramáticas para su población y al mismo tiempo unos efectos aún desconocidos para Colombia, sus servicios públicos y el mercado laboral. En febrero, el Ejecutivo reforzó la frontera y el mandatario ordenó castigar cualquier tipo de abuso, ya que este éxodo puede alentar la explotación y afectar también al empleo de los colombianos, un pueblo que en el pasado emigraba al país vecino en busca de trabajo.

Cifras & Conceptos mide en su estudio, realizado en abril, lo que piensan los ciudadanos al respecto. Es decir, cómo lo viven en su vida cotidiana. El punto de partida no deja lugar a dudas sobre la relevancia de lo que está ocurriendo. El 63% de los encuestados afirma conocer algún venezolano de nacimiento que haya tenido que emigrar como consecuencia de la crisis. Ese deterioro democrático ha llevado a cientos de miles de personas, de distintas franjas socioeconómicas, a huir de la miseria y, por otro lado, ha forzado el exilio de opositores, periodistas y otros profesionales críticos con el régimen. Bogotá, por ejemplo, se ha convertido en una de las principales bases de operaciones de la oposición, empezando por la exfiscal rebelde Luisa Ortega Díaz.

La mitad de la población, además, conoce a algún colombiano que se fue a Venezuela -que entre los años setenta y la pasada década recibió a cientos de miles de emigrantes- y que ahora ha regresado a la expectativa de oportunidades.

Con esta premisa, la sociedad colombiana afronta un nuevo tipo de relación con los ciudadanos que cruzan la frontera. Y lo hace en unos meses marcados por un debate electoral que considera una prioridad la deriva del chavismo y, en medio de un fuerte clima de polarización ideológica entre el uribismo y la izquierda, sacudido por el fantasma de lo que allí ocurrió. La gran mayoría de los candidatos - de Iván Duque a Germán Vargas Lleras, pasando por Sergio Fajardo o Humberto de la Calle- condena el modelo de gestión y el autoritarismo del Gobierno de Maduro. Pero también el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro tuvo que desmarcarse del camino emprendido por el sucesor de Hugo Chávez ante las constantes acusaciones de populismo.

Todos piden una salida a la crisis, aunque con distinta intensidad y apelando a distintas vías. Y todos miran con preocupación hacia esa frontera, con unas zonas azotadas por el narcotráfico y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyos cabecillas se refugian en el país vecino, según las fuerzas militares.

El presidente Santos aseguró esta semana durante su visita a Nueva York para participar en una reunión de alto nivel en Naciones Unidas que el flujo migratorio se encuentra de momento bajo control. "Hasta la fecha hemos logrado manejar la situación y estamos aprendiendo para ver cómo manejarla mejor en el futuro", dijo. El premio Nobel de la Paz considera que Venezuela "está al borde de la implosión" y confió en que el conflicto tenga un desenlace sin violencia.  "Estamos haciendo todo los posible por lograr una transición en Venezuela", afirmó. Mientras tanto, las consecuencias de las decisiones de Maduro siguen determinando buena parte del debate también en Colombia.

Candidato de UPP 89 dice que es "el más nefasto logro" de Maduro

"La guerra económica es una inmensa mentira", asegura Reinaldo Quijada 

/Prensa UPP 89 |

Reinaldo Quijada, candidato de UPP89

Caracas, abril 24 - El candidato de la UPP 89 Reinaldo Quijada señala que el Presidente Maduro, y candidato a la reelección, ha hecho de las mentiras su principal instrumento de gobierno y considera que la mayor de ellas es la "guerra económica". Expone los argumentos que sustentan su afirmación y dice que es el signo más evidente de la "claudicación ética" del gobierno.

Así lo viene diciendo en las últimas entrevistas que le han realizado en medios televisivos: "La gran mentira de la IV República, de los años anteriores a Chávez, fue señalar que la Faja Petrolífera del Orinoco no contenía 'petróleo' sino 'bitumen', y por eso se le llamaba la Faja Bituminosa del Orinoco. Se engañó a todo un país, se vendía el petróleo al precio del carbón. Su equivalente, en nuestros días, es la 'guerra económica', narrativa de una mentira sostenida en el tiempo y alimentada con el apoyo mediático, el apoyo de algunos economistas e incluso de algunos intelectuales", empieza su exposición Quijada.

"Ciertamente hubo un antecedente que sí fue verdad, el sabotaje económico y petrolero de finales del 2002 y comienzos del 2003 con el cual se intentó derrocar al gobierno del Presidente Chávez. Luego empezó el festín del desvío de divisas, el fraude en el uso de las divisas preferenciales, el desangramiento del país, pero ya esa fase se hizo con la complicidad del ente gubernamental responsable CADIVI, y luego también del BCV y la laxitud general del gobierno. El mismo empresariado serio, que sí lo hay, y no es la minoría, era sometido a la obligación de pagar coimas para obtener las divisas y coaccionado al silencio, otros eran cómplices".

"El verdadero deslave ético se dio con la enfermedad del presidente Chávez – recuerda Quijada – y luego con su fallecimiento, aunque en el año 2008 tuvimos el antecedente de PDVAL convertido por la opinión pública en PUDREVAL. Les era y les sigue siendo imposible a la mayoría de las empresas extranjeras, fabricantes de alimentos o insumos, venderle directamente al gobierno venezolano pero sí logran hacerlo a través de intermediarios o empresas de maletín que tenían acceso a las divisas preferenciales. Las empresas públicas, como CASA, siempre compran a precios muy superiores a los precios internacionales, estos sobreprecios se ponen en evidencia cuando se les compara con compras de volúmenes pequeños de los mismos productos que efectuaban empresas del sector privado. También compran productos de baja calidad o vencidos a precios de productos de primera. Siempre compran en "alza" de precios internacionales y nunca en "baja". Se compra en términos no usuales en el comercio internacional (términos FOB o FAS, en lugar de términos CIF que era un requisito obligatorio de CADIVI). Los contenedores que traían las importaciones de PDVAL, pertenecían a PDVAL, cuando lo normal es que pertenecieran a empresas especializadas en el manejo de contenedores. Todo este entramado de procedimientos, extraños o atípicos en el comercio mundial, lo que buscaban era ocultar la corrupción. Y, finalmente, el gobierno se dejó de "tonterías", hace 3 años, se reservó todas las importaciones de alimentos e insumos con la intención de no ponerse en evidencia con los sobreprecios descomunales y con las demás irregularidades".

"La mayoría de estos hechos nosotros los denunciamos en comunicación enviada al Presidente Maduro y al VP Arreaza, en fecha 25 de abril de 2013; es decir, sólo 6 días después de la toma de posesión de Maduro, pero nadie nos hizo caso", finaliza su explicación el candidato Quijada.

Reinaldo Quijada es candidato presidencial de la UPP 89 y cuenta con el apoyo electoral de otras organizaciones de izquierda como Marea Socialista.


sábado, 21 de abril de 2018

Oscar Battaglini: Fraude electoral, abuso de poder y represión política

Estamos frente a un régimen político que se ve forzado a recurrir permanentemente al fraude electoral, al abuso de poder y a la violencia represiva para mantener el control




Oscar Battaglini


Estamos frente a un régimen político que se ve forzado a recurrir permanentemente al fraude electoral, al abuso de poder y a la violencia represiva para mantener el control

Oscar Battaglini

Es sobre la base constituida por estos tres elementos de un alto contenido delictivo, antidemocrático y reaccionario, que la camarilla encabezada por Maduro y Padrino López se mantiene en el poder. Eso es lo que hace que los venezolanos estemos siendo gobernados por una burocracia surgida de un populacho de desclasados que no sólo usurpa la dirección política del país, sino que por su misma condición social y por el resentimiento que la anima, no concibe otra forma de ejercer el poder que detenta ilegítimamente que no sea mediante la fuerza (la violencia) y la sistemática violación de las reglas constitucionales y legales. De ahí el carácter forajido (delictivo) del poder que ostenta; lo que quiere decir que opera o actúa fuera de la ley, al tiempo que no cuenta con el reconocimiento (el consenso) de la inmensa mayoría de la sociedad venezolana.

Sin embargo, sus detentadores, enceguecidos con el brillo del espejismo de sus “victorias” electorales del 30 de julio y del 15 de octubre, están intentando presentar los resultados fraudulentos de esas elecciones como un hecho que les devuelve el consentimiento del pueblo y la salud política del régimen. Se trata, indudablemente, de una visión interesadamente subjetiva que no concuerda en absoluto con los hechos reales, los cuales apuntan inevitablemente en una dirección muy distinta. El hecho mismo, de que esos resultados sean el producto de un fraude electoral brutal y descarado del gobierno mediante la puesta en práctica de toda una serie de maniobras, manipulaciones, chanchullos, etc, -como es del conocimiento público- con la directa autoría de los organismos (CNE, “Plan República”, particularmente) bajo su control, y que tienen la responsabilidad de administrar y velar por el normal desarrollo y seguridad de los actos electorales, desmienten tal visión sobre la realidad política, económica y social existente en el país; realidad que, como sabemos, antes que haber disminuido el malestar y el descontento social y político que la caracterizan, ha visto incrementarse estas dos variables. Pero veamos en concreto algunos de los datos más relevantes de la grave crisis por la que en estos momentos atraviesa el país, la cual erosiona tanto la legitimidad como la gobernabilidad de la dictadura madurista.

A.-La economía

Actualmente se registran: 1- una caída del PIB de aproximadamente un 35 o un 36% en los últimos 4 años que nos coloca, según datos de la CEPAL, como el único país de América Latina con crecimiento negativo; a saber: Bolivia 4%; Costa Rica 3,9%; Guatemala 3,4%; Honduras 3,7%; Nicaragua 4,5%; Panamá 5,5%; Paraguay 4%; República Dominicana 4,9%; Perú 2,5%; Uruguay 3%; Venezuela – 8%. Cave señalar que muchos economistas venezolanos, estiman que la caída de nuestra economía es en la actualidad de un 14% del PIB. 2- Una inflación que al haber alcanzado un crecimiento entre un 40 y un 50% mensual, que tiene ya las características de una hiperinflación; 3- una reducción de más de la mitad del ingreso petrolero, producto de la caída abrupta del ingreso rentístico y de una significativa disminución de la producción petrolera (más de 500 mil barriles diarios); 4- una disminución de las importaciones en más de un 80%; 5- una grave escasez de bienes de consumo masivo, en especial, de alimentos y medicinas; 6- unos controles de precios que han venido asfixiando lo poco de la economía productiva que todavía queda; 7- una paulatina paralización de las actividades económicas, sobre todo de las actividades privadas de la economía. Esto se advierte en todos los sectores económicos; 8- una deuda externa de casi 200 mil millones de dólares, que también se ha hecho impagable y que amenaza con obligar al gobierno a declarar la cesación (default) de pagos de sus compromisos financieros con la banca internacional; etc.

B.- La situación social

No se exagera cuando se afirma que Venezuela atraviesa por una de las peores crisis sociales de toda su historia. Para hacernos una idea de la magnitud de la crisis que estamos padeciendo, sólo hace falta relacionar los pavorosos efectos que ejercen sobre las condiciones de vida de nuestra población: la hiperinflación que se ha apoderado del país; la escasez de alimentos y medicinas, el hambre de millones que se ven obligados a vivir de la caridad, a pedir limosna en las calles, a comer de la basura, a prostituirse; el desempleo creciente; la debacle de los servicios de salud pública y el exorbitante encarecimiento de los privados; la creciente deserción escolar que afecta al sistema educativo en general (alumnos, maestros y profesores) y a todos los niveles (preescolar, primaria, secundaria y universitaria); la migración hacia el extranjero de más de dos millones de venezolanos, que se han marchado del país abandonándolo todo, familia, casa, trabajo, amigos, mascotas, etc; la inseguridad personal que ha crecido de manera exponencial como consecuencia de la nefasta incidencia que en lo social ejercen el hambre y la miseria con el aumento de la delincuencia; la precarización del salario; etc. En relación con este último aspecto queremos reproducir aquí, a manera comparativa, el monto del salario mínimo -calculado en dólares- de Venezuela, con otros países de América Latina: Panamá 744, Costa Rica 512, Argentina 479, Chile 430, Uruguay 425, Guatemala 380, Ecuador 375, Paraguay 340, Honduras 320, Brasil 300, Bolivia 262, Colombia 255, Perú 255, Haití 135, México 115, Venezuela 40,8, Cuba 23.


Siendo esos algunos de los elementos constitutivos más importantes de la realidad económica y social venezolana actual, los cuales han colmado de calamidades al conjunto de nuestra sociedad, caben las siguientes interrogantes: ¿Cómo se puede estar de acuerdo con que el régimen dictatorial madurista goza de buena salud? ¿Cómo se puede pensar que un pueblo que sabe perfectamente que este régimen es el único y directo responsable de todas sus calamidades, trato despótico y criminal –cosa que demostró en las elecciones parlamentarias del 6/12/15- haya decidido salir a votar en su favor en las elecciones del 30/7/17 y en las del 15/10/17? La única explicación que pueden tener esos resultados anunciados por la presidenta del CNE, es que los mismos son el producto de un sistema electoral –como ya lo hemos señalado- montado deliberadamente con propósitos y fines ventajistas y fraudulentos; es decir, para que de ahora en adelante, el resultado que arroje cualquier consulta electoral que se efectúe en el país sea sin falta favorable al gobierno. El plan definido por la camarilla en el poder para la aplicación de su política fraudulenta se cumple en tres fases en las que participan de manera coordinada la constituyente fraudulenta, el TSJ, el CNE y el “Plan República”. Veamos de manera esquemática como se cumple cada una de ellas:

Primera fase

En esta fase se desarrolla una acción en la constituyente fraudulenta, que se ha establecido como el nuevo ente convocante de las elecciones en el país; fija la fecha en las que éstas deben realizarse según lo dispuesto por Maduro (los cubanos) y los más conspicuos representantes del oficialismo. Simultáneamente el TSJ, procede a inhabilitar, a destituir, a ordenar el enjuiciamiento y encarcelamiento de los principales líderes de la oposición para así impedir su participación en las elecciones. Seguidamente el CNE pone en ejecución una serie de medidas dirigidas a entrabar y crear condiciones que desestimulen al electorado opositor y que eventualmente impidan su participación o la de algunos de sus componentes en el evento comicial. Huelga decir que todo eso se puso de manifiesto en las pasadas elecciones de gobernantes del 15/10/17.

Segunda fase

Esta es la fase que se cumple en el acto o en el proceso mismo de la votación. En esta fase se intensifican las medidas, maniobras y chanchullos dirigidos a sabotear el voto de los electores de oposición. Entre la gama de todas estas aplicaciones fraudulentas destacan: el cambio o migraciones de muchos centros de reconocida vocación opositora hacia zonas o lugares de difícil acceso y riesgosas para la seguridad personal de esos electores; la confusión creada en esta masa de electores por el adelantamiento o la postergación de las fechas; el hecho de que el CNE no haya sustituido en el tarjetón electrónico a los candidatos electos en las elecciones primarias realizadas por la oposición; la intervención intrusiva de los militares del “Plan República” en asuntos electorales que no son de su incumbencia; lo que hace que en la práctica actúen como un agente electoral en favor de los planes fraudulentos del gobierno. Todo esto se hizo en las pasadas elecciones de gobernadores y también se hará en las municipales.

Tercera fase

La pretensión de obligar a los candidatos electos de la oposición a juramentarse ante la fraudulenta, todo ello con la intensión de destituirlos si no lo hacen, tal y como acaban de hacer con el gobernador electo del estado Zulia Juan Pablo Guanipa, y aquellos que acepten hacerlo, de todas formas verán invalidadas y bloqueadas sus gestiones por la vía impositiva de un supuesto “protector”, y de confiscarle los recursos del situado constitucional, como han hecho con la AN, además de haber anulado su capacidad legislativa y contralora por medio del TSJ, y ahora mediante la constituyente fraudulenta.

Como puede verse estamos frente a un régimen político que se ve forzado a recurrir permanentemente al fraude electoral, al abuso de poder y a la violencia represiva para mantener el control omnímodo que ejerce sobre todo el aparato del Estado, y sin que le sea posible evitar el alto costo político que sus acciones le acarrean, como ocurre con la persecución y el acoso desatado contra el primer vicepresidente de la AN, diputado Freddy Guevara.

El que el régimen madurista actúe movido básicamente por esas tres determinaciones autoritarias, confirma que no dispone del consentimiento mayoritario de la sociedad venezolana; lo que a su vez, denuncia su extrema debilidad política y de que ya no tiene ninguna posibilidad de superar o de modificar a su favor esa situación.














domingo, 15 de abril de 2018

La conversión del ex embajador de Bachelet, Pedro Felipe Ramírez: “Mi visión cambió: Venezuela hoy es una dictadura”


La conversión del ex embajador de Bachelet, Pedro Felipe Ramírez: “Mi visión cambió: Venezuela hoy es una dictadura”

Tomado del diario chileno La Tercera 
 domingo 15 de abril


Por: Hernán López

“Cuando recibí a Freddy Guevara en la embajada (diputado opositor a Nicolás Maduro) vino a reclamarme gente del canciller Jorge Arreaza. Me dijeron ‘mire, nosotros lo respetamos porque usted es ex ministro de Allende, pero no entendemos cómo usted está recibiendo gente que está en contra de un gobierno de izquierda’. Le dije dos cosas: la primera es que, por favor, no se compararan con el gobierno del presidente Allende, porque nosotros en tres años no tuvimos un solo preso político y aquí hay cientos y, lo segundo, es que cuando vino el golpe de Estado, a los que fuimos ministros, senadores y diputados de la UP nos investigaron de arriba abajo para ver si nos habíamos robado un solo peso. Y nunca hubo un solo juicio. Para qué vamos a hablar de los niveles de corrupción”.
 
Hace casi exactos cuatro años, Pedro Felipe Ramírez (76 años) embalaba sus cosas y partía a Caracas como embajador. Su ahora expartido, la Izquierda Ciudadana, lo puso en la lista de candidatos y Bachelet se inclinó por él. Todo un simbolismo para el exministro de Allende: Venezuela era el país que lo acogió como su segunda casa tras una larga prisión política en Tres Álamos, Isla Dawson y Ritoque. Esta vez, sin embargo, sabía que llegaba a una Venezuela distinta, con una profunda fractura social y política y con el recuerdo aún presente de Hugo Chávez, el conductor de la revolución bolivariana al cual Ramírez admiraba y defendía a pesar de todo. “Me decían que era muy chavista y me lo decían con razón”, dice.

Antes de partir, a Ramírez le preguntaron si creía que el gobierno de Nicolás Maduro violaba los derechos humanos. “No me consta”, respondió corto y seco, como respondería un disciplinado militante de la izquierda haciendo caso a una máxima que dice que la defensa de la revolución se hace en público y la crítica se hace en privado.
 
Más sobre Crisis en Venezuela

Cuatro años después, el hombre -y el militante de izquierda- que se fue no es el mismo que regresó a Santiago.

Pedro Felipe Ramírez está de vuelta en su departamento en calle Merced. Dice que no volvió para dar consejos, que él entrega información a todo el que se la pide y que buena parte de los dirigentes de la izquierda que han llegado a su casa con una posición a favor de Maduro y de su gobierno se van con una impresión distinta. Y es que el exembajador regresó lleno de momentos felices, pero también llegó con un convencimiento que comprobó en primera persona: la situación humanitaria, especialmente de niños y enfermos, es dramática. Peor aún, la corrupción del gobierno de Maduro está desatada y es a todo nivel.

Hoy, a Pedro Felipe Ramírez Ceballos sí le consta: Venezuela es una dictadura.
 
¿Cuál era la percepción de Venezuela que usted tenía antes de llegar como embajador a Caracas?
Era muy chavista, no porque Chávez no hubiera cometido errores; a mi juicio, el proyecto social tenía una intención de llevar a la gente que estaba invisibilizada a una mejor situación de vida, a ser protagonistas de su país, y eso me parecía loable y estaba apoyando ese proceso. Sin duda que se cometieron errores. Primero, se tomaron decisiones económicas equivocadas y, en segundo lugar, hubo algunas decisiones autoritarias que no lo ameritaban, pero eso no invalidaba mi apoyo al proceso revolucionario chavista, que mantuvo su espíritu hasta la muerte de Chávez. Hubo avances notables. Desde luego, la Constitución es un documento notable, se hizo a través de una Asamblea Constituyente participativa, fue un proceso interesantísimo. Basta que lea una sola página, el preámbulo, y verá que es una maravilla. Muchos programas sociales importantes también son parte del proceso, pero lo clave es que a la masa pobre se le entregó protagonismo, que sean personas, que tengan posibilidades de acceder a los beneficios que da su patria. Esperaba que Maduro continuara eso.
Y después de cuatro años en Caracas y de ver en primera persona la gestión de Maduro, ¿se sigue considerando chavista?

Pero no madurista, y no soy el único. Hoy, en Venezuela no sé si hay más maduristas o chavistas. Muchos chavistas han roto las relaciones políticas con Maduro, incluso algunos de ellos están encarcelados, no sé si hay más chavistas contra Maduro que maduristas. No soy una excepción.

¿Se desencantó del proceso?

Del chavismo no, del proceso tampoco, me desencanté del gobierno de Maduro, que no siguió la vocación popular y democrática de Chávez. Estoy seguro de que si Chávez resucitara y viera lo que está pasando en Venezuela, seguiría los mismos pasos de los chavistas que hoy están encarcelados.

¿Qué vio que lo convenció de ponerse en la oposición a Maduro?
Lo que más me duele de todo es la existencia de una crisis humanitaria muy seria frente a la indolencia del gobierno. Chávez no podría soportar ver esta situación y no hacer todo lo necesario para resolverlo. Eso me parece inaceptable. Muchas otras críticas también tengo, pero la indolencia ante esta situación es lejos lo peor. 

Usted, que pudo vivir el día a día en Caracas, en primera persona, ¿la crisis es como dicen que es? 
Tal vez es peor. Como yo la vi, la sentí, tengo una percepción que me afecta mucho en mi interior. De lejos, la noticia debe ser terrible, pero yo tuve muchos contactos con gente que trabaja estos temas. Por ejemplo, hay una organización que trabaja dos situaciones, niños con desnutrición aguda y enfermos crónicos que no tienen dinero suficiente para poder atenderse. Gente que tiene hipertensión, que se hace diálisis, con VIH, con cáncer. Cuando me reunía con ellos tenía que hacer un esfuerzo enorme para no llorar, incluso ahora me cuesta… (se emociona unos segundos). Cuando te cuentan que hay niños que mueren por desnutrición o están afectados de manera irreversible en su desarrollo, y no sólo ellos, sino también los hijos y nietos de ellos, porque ese déficit lo van a traspasar a las generaciones. Son niños que parece que han salido de un campo de concentración nazi. Un enfermo crónico que me decía ‘estamos trasplantados de riñón y sabemos que en seis meses más estamos muertos, porque no tenemos los remedios’. Sume la migración, que es brutal, una fuga masiva. Nos hemos beneficiado, porque está llegando gente con alto nivel educativo, profesionales buenísimos. Y ahora está saliendo un montón de gente sin recursos. Antes, los venezolanos llegaban a Chile en avión; ahora llegan por tierra y son siete o nueve días de viaje. Y agréguele la inseguridad, una cosa de todos los días. No me tocó porque voy en un auto con patente diplomática y hace dos años que estoy resguardado por cuatro funcionarios de la PDI. El gobierno, al darse cuenta de la situación que teníamos, envió un equipo. Pero esa es mi situación, la mayoría de la gente vive una delincuencia muy violenta. En Chile te roban un auto y te dejan partir, allá te roban el auto y también te matan.

¿Venezuela es una dictadura?
Tiene mucho de una dictadura, especialmente a partir del momento en el que se desconoció la Asamblea Nacional.

En ese momento, para usted, se rompe el orden democrático…
Sí, hay un antes y un después. Y cuando se impone la Asamblea Nacional Constituyente, se le pone la lápida…
Y pasó a ser una dictadura.

Sí, mi visión cambió: Venezuela hoy es una dictadura. No es una dictadura de la crueldad ni la fuerza de la que tuvimos acá. Cuando la gente compara hay que decir que no es lo mismo; en Chile hubo campos de concentración, asesinatos, desaparecidos, hay que leer el libro de Carmen Frei sobre su padre para entender lo cruel que fue la dictadura. Tiene muchas cosas de una dictadura, pero no es igual a la nuestra.

¿La elección del 20 de mayo es un fraude?

No me cabe ninguna duda de que es un fraude. Sigo insistiendo en que no estoy seguro de que ocurra.

El exembajador frecuentaba en Caracas un restaurante en el que pedía siempre el mismo plato: Lomito a la piedra. “Le traen dos pedazos de carne cruda y una piedra incandescente y uno va cocinando en la mesa su propio plato con unas salsas exquisitas. Esa carne debe ser medio kilo y cuesta $ 2 mil chilenos”. Si en 2014 había que esperar 40 minutos por una mesa, hoy, menos del 10% de los sitios están ocupados. Si antes el problema era de desabastecimiento, hoy el problema es el precio.

En el supermercado a veces faltan productos que son repuestos en días. Ramírez podía llenar un carro para echar a andar la residencia de la embajada, pero confiesa haberse sentido muy observado por los demás clientes, que en sus cestas llevaban lo justo.

Una de las cosas que mejor funciona, asegura, es el mercado negro, porque si uno tiene dólares en Venezuela puede comprar casi cualquier cosa. Pero esa es una minoría, porque todo el resto tiene que vivir con $ 60 mil, un cuarto del sueldo mínimo chileno.

¿Todo sigue funcionando más o menos igual?

La mayoría sigue sobreviviendo, piensan que esta situación va a pasar, se va a arreglar y va a volver a ser como antes. Y tienen razón. En los centros comerciales la mayoría de las tiendas están vacías, hay más vendedoras que clientes. Claro que hay algunos que han cerrado, pero mucho menos de los que deberían. Uno ve locales vacíos, que no venden, y uno se pregunta por qué no cierran. Sobreviven.

Con todo lo que observó, ¿cree usted que la izquierda chilena debiera adoptar una posición más activa sobre Venezuela? ¿O replantearse, definitivamente, su posición respecto de Maduro o el chavismo?
Yo no le voy a dar consejos a nadie, el que quiera pedirme información de cómo yo lo veo, estoy disponible para ello. Algunos me lo han pedido, yo se los he dado, y en todos he visto un cambio de actitud, porque saben que lo que yo digo es lo que veo y lo que estimo y creo, porque no tengo ningún interés particular, salvo hacerle bien a Venezuela y a la región.

¿Lo llamaban de la Nueva Mayoría para conversar la situación de Venezuela?
El que más me llamaba era mi compañero Sergio Aguiló, también conversé con el PC y Guillermo Teillier. Yo les informaba de la situación, pero el juicio lo hacen ellos.
 
¿Y con Bachelet?

No directamente, pero sé que estaba muy de acuerdo con lo que hacíamos.
Lagos y Piñera también visitaron Caracas. ¿Fue difícil congeniar esas agendas con el gobierno de Maduro?

No me complicaba. En el caso de Lagos, el único contacto que tuve es que me llamó y me pidió que le mandara un informe, y aproveché que justo estaba haciendo un informe para muchos amigos. Después comentó que era un informe objetivo y serio y me agradeció. Y en el caso del Presidente Piñera, él fue en dos oportunidades. La primera vez fue por un paso para ir a unos países del Caribe para llevar la postura de Chile en La Haya, y la segunda vez volvió a Caracas invitado por la oposición para reunirse con Leopoldo López. Lo fui a buscar y a dejar al aeropuerto, y le pedí al gobierno que atendiera la seguridad de él, cosa que ocurrió.
¿Conversó con Piñera?

Conversé con él varias veces, sobre todo cuando estábamos en el salón VIP esperando las maletas o que subiera al avión. Siempre estaba acompañado de Cecilia Pérez. Ahí descubrí que ella es simpática, no es lo que se ve por televisión, que se ve una persona más dura, agresiva, pero es muy simpática.
¿Regresará a la militancia activa?

Podría ser. Tengo cercanía con el grupo de la Izquierda Socialista de Fernando Atria y tengo simpatía por algunos grupos del Frente Amplio, en particular por RD y el Movimiento Autonomista. También tengo admiración por Cristián Cuevas. Son gente muy interesante. He conversado bastante con el presidente de RD, Rodrigo Echecopar, sobre Venezuela, y he tenido contactos con Gabriel Boric, soy bastante amigo, tengo gran respeto por él. Cuando era presidente de la Fech estuvo en mi casa varias veces.
¿Cuál es el mejor recuerdo de Caracas?
Las 16 despedidas que tuve y el cariño de la gente, su alegría de vivir la vida.

¿Y el peor? Fui a una farmacia a buscar un medicamento y había mucha gente. De repente sale el químico y dice ‘señores, para ahorrar problemas, quiero decirles que antibiótico para niños no hay nada’. Y sale una mujer gritando y dice ‘¡qué voy a hacer! ¡Se me muere mi hijo!’. Yo lloré… (llora unos segundos), fue muy duro.