lunes, 3 de marzo de 2025

La transformación de los estados anímicos (segunda parte)

 

 


Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E=mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites.

                                                                                   Albert Einstein

 

 

Henry Tovar

 

       La segunda semana, en estado de convalecencia, luego de un accidente el 24 de junio del 2008, nos correspondió mudarnos a la casa de mis suegros. Allí permanecimos durante tres años. Al llegar nos correspondió organizar espacios para nuestra estancia. El día de nuestra llegada surgieron limitaciones. Cualquiera puede experimentar una molestia, por serias o nimias dificultades, pero debo reconocer que la aligeré, de modo exagerado, hasta el hecho de perder el control sobre mis emociones. No entendía la imprevisión, como si no se nos esperara. No logrando dominar la rabia, concebí o acepté la idea de sentirme ajeno a ella, considerando la posibilidad de enajenar mi espíritu del cuerpo, tal como lo plantea E. Tolle. Me acosté sobre una alfombra y me convertí en observador silente del pensamiento y de mis emociones, sin decir, sin juzgar, solo pensando, de modo insistente, “esta rabia no es mía” y sintiéndome observador de ella. Así permanecí no sé cuánto tiempo, antes de subir a la habitación para dormir, creo que al comienzo de la novena hora. Mi acosté habiendo logrado cierta calma, pero sintiendo los efectos agotadores de aquella emoción incontrolada. Me dormí para luego despertar en estado de éxtasis, de extraordinaria felicidad, sintiéndola como una posesión divina, escuchando un pájaro contar, afuera en el jardín; sabiendo que eran las tres de la mañana y que ese estado sagrado, nunca antes experimentado por mí, no era normal. Me incliné y quedé sentado sobre la cama, iniciando el canto de una canción, creo que de la Orquesta Los Melódicos, reiteradamente tarareada durante mi infancia: “Ja, ja, ja, no sabes la pena que me da” luego de lo cual una discreta voz, dentro de mi mente, me dice: “Lo que te hacen se les devuelve”. Debo decir, con manifiesta sinceridad, que no me resultó grata la información, por cuanto no soy rencoroso y porqué tampoco sabía quién me había hecho qué cosa. Hasta ese momento mi molestia habíase gestado por un presumible descuido. En momento continuo comencé a saber, en todo mi cuerpo, sin voces, sin palabras internas, para qué o por qué había ocurrido el accidente. Observaba mis manos, sintiéndolas como parte continua de mi cerebro. Era un conocimiento que emergía como de un campo de energía que abarcaba todo mi cuerpo. Observando mis manos y mis brazos inclinados hacia mí, me repetía con asombro, “Para que no me vaya”. Esa noche, antes de acostarme, había tomado la decisión de marcharme. “Para que no me vaya”, repetía con asombro. Esa información también llegó como respuesta a una pregunta, que me repetí en varias ocasiones, luego del accidente: ¿Por qué a mí? Llegados a este punto de mi relato, debo señalar a este acontecimiento como el hecho más extraordinario y de mayor asombro o perplejidad, experimentado durante mi existencia. Constituyó, al margen de mi voluntad, el comenzar de una nueva vida. A las 9 de la mañana, en la sala de espera del traumatólogo, leyendo, en estado de felicidad, llego al primer párrafo de la página 108, de la primera edición del Poder de la Ahora. Allí leí: Sí, los maestros Zen usan la palabra satori, para describir una comprensión repentina, un momento de no-mente y de presencia total. El satori no es una transformación duradera, pero agradécelo cuando te llegué porque te permite saborear la iluminación[1]

En ese instante, tuve la súbita comprensión de que ese texto estaba vinculado con el fenómeno surgido y en plena vivencia con mi felicidad y los estados de compresión que le antecedían. Cerré el libro para rever la portada, en donde se volví a leer: “El Poder del Ahora. Una guía para la iluminación”. Debo expresar con franqueza que no reparé en el subtítulo sino en ese instante. Es decir, no me llegué a imaginar la iluminación como un hecho real, sino hasta cuando tuve la vivencia de saber de otras personas, desde todo mi cuerpo y no solo desde mi mente. Entonces tuve la certeza de que algo deslumbrante o desconcertante había ocurrido. Ignoré, hasta cuando tuve el momento de investigar, ¿qué era un satori? Cuando lo comprendí, también me pregunté maravillado, y ¿por qué había ocurrido en mí, en tanto que no tenía nexos éticos ni afectivos con el budismo ni con religión alguna ni estaba en búsqueda de esa experiencia? La mayor precisión en torno al Satori está descrita como entendimiento superior al intelecto ... todo razonamiento abstracto cesa, puesto que pensamiento y pensador no se oponen ya el uno al otro.[2]

Estuve en ese estado puro de felicidad divina, durante tres días, en los cuales recibía visitas de amigos, de quienes, con asombro, podía saber sobre la personalidad o sobre su bondad. Luego de tres días seguí en estado de felicidad humana o un indiferenciado y profundo estado anímico de bienestar, normal, humano durante cuatro años continuos, en los que me sentía, inexplicable acompañado por seres a quienes ni escuchaba ni podía ver, pero quienes me aligeraban la mínima carga de mi vida laboral y doméstica. Todo me resultaba fácil, sorprendente e inequívocamente irreal o mágico. Experimente estados de alta comprensión de las cosas de la vida, hasta cuando un día cualquiera, luego de despertarme e ir al lavabo, supe que quienes me acompañaban se marchaban, sin otorgarme explicaciones, lo cual fue motivo de conmoción y de cierta tristeza. Pero ese hecho constituyó un punto al cual no retorné. Aparecieron en mi devenir, durante los años siguientes, otras experiencias poco comunes: Un llamado onírico a la conversión religiosa, información más o menos precisa sobre el lugar de mi próximo renacimiento e información sobre mi probable y próximo progenitor. Estas experiencias modificaron, de modo profundo, mi vida y mi percepción de la vida y sus desigualdades, junto con la aparición de una respuesta, más convincente sobre la razón de la existencia. Estamos aquí, le escuché decir a Sulme, al iniciarse de nuestra amistad, para contribuir con la creación y con nuestro propio desarrollo humano.



 

[1]  Tolle Eckhart. El Poder del Ahora. Una guía para la iluminación.  GAIA Ediciones 2001, p. 108.

 

[2] Mariano Antolín y Alfredo Embid. Introducción al Budismo Zen P 132-133. Esta obra es un pequeño compendio de textos Zen a través de los cuales estos autores pretenden aproximarse al budismo, mediante la compresión de textos negadores de la racionalidad como como camino hacia la
budeidad.

 

sábado, 22 de febrero de 2025

El relato de un viaje por algo que no estaba buscando (primera parte)

 


 

 

La percepción, es decir, la percepción sensorial, nos dice que algo existe;  el pensamiento nos dice lo que es; el sentimiento nos dice si es agradable o no lo es; y la intuición nos dice de dónde viene y hacia dónde va. p.61 El hombre y sus símbolos

Carl G. Jung

 

Henry Tovar


Con este relato de una circunstancia de mi vida, inicio un conjunto de testimonios, orientados hacia la fundamentación de la certeza contenida en una afirmación de Carl Jung, sobre la futurible necesidad de comprender aspectos de la psicología, dentro de los principios, apenas conocidos de la mecánica cuántica. Será evidente, entonces, que sólo busco la verdad y no la narración fantasiosa, clínica o metafísica de un ingenuo y despistado cristiano, en ese momento. Las primeras conclusiones posibles de este ensayo no llegan al meollo del propósito planteado, pero es una condición necesaria para establecer las premisas de posibles relaciones psíquicas o energéticas.

 

Una mañana del mes de junio del 2008, desperté recordando haber estado soñando. Queriendo reconstruir la sucesión y el relato de las imágenes, cierro los ojos y comienzo a percibir a un hombre de mediana edad, con camisa de cuadros y rasgos físicos paternos. Este comienza a reírse y diciéndome exactamente: “Nooojoo...vale, les estas prestando demasiada atención a los sueños, tienes un locus de control externo, estas sufriendo de insofrenía”. Tal aseveración causó en mí una mayúscula sorpresa, por el hecho tal narrado, nunca antes experimentado por mi persona. Ciertamente, los sueños se habían multiplicado en los meses precedentes dentro la emergencia de un nuevo empleo y de no tan nuevos conflictos maritales.  Me apresuré en buscar el significado de insofrenía, sin conseguirlo. Reconociendo su aparente y evidente sentido, me dije... A pues, este tipo sabe más que yo sobre psicología. Fue una de los primeras perplejidades en curso de ese año. Lo peor, o lo mejor, estaba por venir.

 

Viajando desde la ciudad de Carúpano hacia Caracas, hube de detenerme en la ciudad de Cumaná por un pinchazo vespertino en un caucho. En esa pobre y descuidada ciudad tuve la necesidad de pernoctar. Dormí en el apartamento deshabitado y polvoriento de una cuñada y allí me desperté al poco tiempo de acostarme la tarde noche del 23 de junio. No sé a cuál hora me desperté exaltado, horrorizado e intuyendo las nueve horas de la noche. Ocurrió luego de una pesadilla en la cual observaba cadáveres en cajones de labrada y nobles maderas, en camillas con ruedas chirriantes; también en carretillas de las utilizadas en albañilería, cuyos ejes metálicos, rechinaban un seco y desagradable sonido. En esos vehículos observaba el transporte de hombres importantes de la godárrea caraqueña 1] portantes de incontados apellidos de notorias familias. Escuché los apellidos de banqueros, industriales, constructores, muy familiares a mis oídos: Salvatierra, Benacerraf, Machado Zuloaga, Branger, y hasta la expresión don fulano, para significarme que ellos también morían, que la muerte podría sobrevenir a cualquiera, incluso a mí. Los  observaba en carretillas de madera, desplazados o desplazándose sin tracción ajena por pasillos, en cuyo final escuchaba voces de complicidad y risas impúdicas de alguna pareja. ¡No viene la policía!, escuche decir. Me mostraban cadáveres como momias deformes, de carne desecada. Cadáveres encorbatados y trajeados con frac... Despiértome angustiado, diciendo, -con voz distinta, ajena y gutural- “Unnn accidenntee” a la vez que sentía fuertes e involuntarias contorsiones musculares, como resistiendo una fuerza superior a mi voluntad y un frio desagradable en todo mi cuerpo. En ese instante caí en pánico. tuve la certeza de una posesión. Me envolví con la cobija y no supe nada más hasta cuando desperté a las 7 horas de la mañana, sin recordar la pesadilla antecedente. Me dispuse a retomar mi viaje, sin desconsiderar la reparación de neumático. A las 7 y pico de la mañana cerré el apartamento y me dirigí hacia una cauchera donde le extrajeron un clavo enorme. Luego de reparada la rueda tomé la única carretera posible para avanzar hacia Caracas. Desde aquella carretera de curvas podía observar, durante diversos tramos, la montaña, algunas playas y ensenadas de la costa oriental y los paisajes del  Parque Nacional Mochima. Durante ese recorrido, comencé a cerrar los ojos y a reírme, de modo insolente, disfrutando por la audacia de manejar, en largos trechos, con los ojos cerrados. Así anduve durante todo el recorrido del curso montañoso del viaje. Al descender y llegar al puerto de Guanta, en la ciudad de Barcelona, la camioneta se apagó, y sin más fuerzas que las de mis brazos, hube de empujarla con la mano izquierda en la puerta y el brazo y mi mano derecha en el marco de la carrocería, hasta un hombrillo de la vía. Un conductor, quien me observaba desde otro vehículo, me señaló que tenía un caucho desinflado. Luego de haberlo sustituido, observé en el maletero del auto, un litro de sangría Don Julián; y sin consideraciones de sensatez o buen sentido lo tomé en su totalidad y me reía solo con carcajadas prolongadas, como lo venía haciendo cuando conducía con los ojos cerrados. Continué mi viaje y al llegar a la población de Boca de Uchire, a la una de la tarde, me detuve a reparar el caucho, reforzándolo con una neuma de goma para retener el aire, luego de lo cual continué mi viaje. A las 5 de la tarde al llegar a la primera curva de Caucagua me estremecí por no recordar el trayecto recorrido. ¿Cómo llegué hasta acá?, -me preguntaba-. ¿Cuánto tiempo he tardado en llegar hasta aquí? El exceso de tiempo utilizado y mi nulo recuerdo del trayecto previamente, recorrido desde "Cabuchire" teníame desconcertado. No lograba recordar el trayecto ni la velocidad con la cual me había desplazado.  Por asombro y por temor disminuí la velocidad. Luego de pasar una primera gran curva, continúo disminuyéndola por irregularidad del pavimento. A cierta distancia comienzo a observar una camioneta Vitara, similar a la mía, pero de color arena, desplazándose en sentido contrario y por mi canal. Disminuyo la velocidad, comienzo a frenar, lentamente, y lentamente me coleé en “cámara lenta”, en un resbaladizo pavimento arenoso por motivo de la sustitución de su asfalto. Sin miedo, sin terror, vi cómo me dirigía hacia la plataforma metálica de una gandola, estacionada en la vía por la cual debía transitar el vehículo que había tomado mi vía. Lo demás fue sentir el impacto de los cauchos en mis manos y brazos, ver un hueso sobresalir de la piel de mi brazo derecho, a nivel de las muñecas. Tras el impacto, comenzaron a llegar personas desde lugares invisibles para ver o para socorrer, mientras otros hombres, como buitres hambrientos e inmisericordes, comenzaban a saquear con fruición y premura toda cosa valiosa amontonada en los asientos traseros y el guarda maletas: caucho de repuesto, herramientas, cámaras, maletines, bastimentos para el viaje. “Trata de salir”, “no te muevas”, “ten cuidado”, me decían otras personas cercanas a mi puerta. Alguien me pidió un número telefónico. Les recité los dígitos del celular de mi mejor amigo y casi de inmediato le narré lo acontecido y la circunstancia inmóvil en la cual me encontraba dentro del vehículo. Mientras esperábamos una ambulancia, escuché decir, “No viene la policía”, momento en el cual recordé el sueño.“Unnn accidenntee”, una voz ronca como la de mi abuela materna; ah carajo, un sueño premonitorio -pensé-. me quedé cavilando o recordando la pesadilla hasta cuando se acerco hasta la camioneta un taxista quien me traslada primero hacia un ambulatorio y luego hasta un hospital. Allí pude observar y escuchar la camilla desvencijada, arrastrando su ruido y llevándome hacia una sala de primeros auxilios. Luego me condujeron hacia una habitación a la cual llegó un sobrino de nombre Jesús (petú). De él había repetido, en forma de chiste, la posible negación de una paternidad. “Quien sabe si será su hijo” repitiendo las palabras de Chuo, un primo-hermano, a quien molestaba de edad entre nuestro sobrino y su novia. En ese momento sentí, tuve la revelación de que me estaban cobrando esa factura. Me esperaban otras sorpresas. De allí, fui llevado la antesala de un quirófano, en cuyo pasillo previo debì esperar. En algún momento cerré los ojos y comienzo a percibir, en un primer plano fijo, el rostro de mi abuela Margarita, junto con un hombre de mediana edad, de rostro delgado y enjuto, con bigote, y parecido al beato, bastante joven, de la población de Isnotú. Allí aparecían los dos, con pequeño desnivel, inamovibles como en el marco de una fotografía familiar. Entré en pánico al pensar en la posibilidad de una muerte por sobre anestesia, como le ocurrió a mi mentada abuela Margarita tras el único intento de eliminarle una papera en su cuello. Ingresado a un quirófano lo percibí  amenizado con música caribeña y enfermeros o médicos, sonriendo por las canciones o por mi llegada. Allí recibí una inyección, luego de la cual desperté arropado sobre una camilla, ya enyesados mis brazos y observando mi desplazamiento hacia una habitación por pasillos perecidos a ciertos laberintos rectangulares. En ese trayecto nos abordaron mi hijo Hugo y mi amigo Domingo Silva, su padre de crianza, con quien en algún momento había tenido, en mi criterio, alguna insignificante diferencia, por un reproche de mi parte. Acomodados ahora en la habitación, ambos me alimentaron llevando la comida a mi boca. No lo podía creer: Domingo, alimentándome con la mayor preocupación y generosidad, la misma que había tenido con mi hijo, sin mi reconocimiento. Todas esas casuales emergencias me parecían pequeñas e indoloras bofetadas, "pases de factura", registradas en alguna oculta memoria escrita secretamente por alguien y guardadas en mi alma, sin mi conciencia y para mi asombro. Esa noche, vinieron a mí, recuerdo las palabras deletreadas en un sueño: “se yerra por pensamientos, palabras y obras.” Recordaba que muchas de las cosas que ahora se me presentaban, como casualidades, parecíanme inmerecidas, ni mi reciente auto, casi nuevo, transado a mis cuñados por un precio generoso o irrisorio, ni el choque. ¿Por qué a mí? -me preguntaba-. También recordaba las palabras de mi amiga y compañera de trabajo Sulme Maradey sobre la fragmentación de la conciencia y sobre sus consecuencias: “Si tu conciencia se fragmenta, corres el riesgo de tener accidente cualquiera, de morir, o de volverte loco”. ¿Acaso mi conciencia puede estar fragmentada?, me pregunté. Confieso que no me resultaba evidente ni muy claro el tema profundo de la fragmentación de la conciencia. Me resultó difícil entender explicaciones previas y las diferentes perspectivas de la fragmentación, incluso luego de varias lecturas de Carl Jung. Mas recientemente me quedó absolutamente comprendido con mi visión de la película Fragmentado (2016) interpretada por James MacAvoy, cuya trama argumental revela la existencia de un hombre en quien conviven 23 personalidades parceladas, cada una de las cuales ignoraba la existencia de las otras. Regresé a mi casa, con mis brazos enyesados y con el apremio y la necesidad de continuar empaquetando ropa, libros y cajas para una mudanza de vivienda. Durante mi convalecencia sólo podía observar el techo de mi habitación, durante las horas de vigilia, sin cosas que poder hacer y casi sin pensar en nada. Permanecía sin apremio material por la pérdida del vehículo. Salve mi vida, -me repetía- y me confortaba. Así estuve durante seis semanas, en cuyo transito comencé a leer, en momentos distantes y continuos, por préstamo uno y por obsequio el otro, dos libros provenientes de las manos de mi amiga Sulme. El Poder del Ahora de Eckhart Tolle y luego Energética Psíquica de C. G. Jung. Durante la segunda semana, casi de meditación involuntaria, llegó la siguiente y alucinante sorpresa, lo cual fue el comienzo de un manantial de perplejidades, hasta hoy (2020) inagotables.



[1] La palabra alude, salvando las distancias, a la comparable singularidad de una casta colonial, ahora republicana.

miércoles, 12 de abril de 2023

Carlos III de España, la construcción de Venezuela y la autonomía universitaria

Ya para 1731, Carlos fue instalado como duque de Plasencia y Parma, con apenas 15 años y con el apoyo de 6.000 soldados españoles. A los 18 años conquista los reinos de Nápoles y Sicilia gobernándolos como soberano por 25 años

 

·         ALBERTO NAVAS

Publicada en el Universal el 30/03/2023        

       El Rey Carlos III, quien nació en Madrid el 20 de enero de 1716 y murió el 14 de diciembre de 1788, en la misma ciudad y en el mismo edificio palaciego, hoy Palacio Real de Madrid. Fue hijo del primer Rey Borbón español, Felipe V, con su segunda esposa Isabel de Farnesio. La estatua ecuestre que hoy apreciamos en la Puerta de Sol y con su nombre grabado en la Puerta de Alcalá de Madrid, representa el recuerdo del mayor Rey moderno de España del siglo XVIII, que no tiene antecedente equiparable desde Felipe II en el siglo XVI y que no ha tenido descendientes de su talla hasta nuestros días del siglo XXI. Llegó a ser Rey de España y de las Indias por el azar de la Historia, al morir sus hermanos mayores Luis I de viruela y Fernando VI de una horrible demencia.

Ya para 1731, Carlos fue instalado como duque de Plasencia y Parma, con apenas 15 años y con el apoyo de 6.000 soldados españoles. A los 18 años conquista los reinos de Nápoles y Sicilia gobernándolos como soberano por 25 años, adquiriendo una experiencia inigualable como futuro monarca Ilustrado de España, al fallecer su ineficaz hermano Fernando VI en 1759. Fue un Rey católico pero regalista en la política y en el derecho, impulsó la agricultura, el comercio, la industria artesanal y la consolidación diplomática y militar de España en el mundo. Modernizó a Madrid con obras públicas que aún definen la ciudad: avenidas, paseos, palacios, museos, jardines, escuelas, bibliotecas, etc. convirtiéndola en una capital de rango mundial.

Limitó el poder de la Iglesia católica y de la alta nobleza, para imponer un regalismo ilustrado moderado, de estilo español, que en algunos momentos le costó problemas como el recordado “Motín de Esquilache” de 1766, el que supo manejar con moderación e inteligencia, cediendo a los reclamos populares, al regular los precios de los alimentos, suprimir la Junta de Abastos y desterrar al ministro Esquilache; aprovechando también dicha oportunidad para expulsar de España y de la Indias, en 1767, a la Orden de los Jesuitas, presuntos instigadores de aquel motín popular, cuyos pasquines estaban demasiado bien escritos para poder venir de una población mayoritariamente analfabeta. Se eliminó así un enemigo poderoso del regalismo ilustrado, que poseía un gran poder e influencia como confesores y educadores de las clases medias y altas, así como por sus grandes propiedades e influencia sobre Roma, todo ello le convertía en un poder paralelo muy peligroso para una monarquía absoluta y reformista.

Se ha criticado y se critica aún, que Carlos III se equivocó al preparar las condiciones para la Independencia de América española. Principalmente a partir de 1776, cuando España y Francia apoyaron la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, con una fuerza económica y militar, entre la que se encontraba nuestro Francisco de Miranda, fuerza que derrotó al imperio británico y le obligó a reconocer dicha independencia en el Tratado de París. El Conde de Aranda (1718-1799), el principal ministro que tuvo Carlos III, criticó el peligro que representaba el ejemplo de los EE.UU. hacia el resto de América Española y propuso, en el llamado Plan de Aranda de 1783, la posibilidad de crear tres Estados independientes em Hispanoamérica, con infantes españoles a la cabeza de gobiernos en el Perú, México y en lo que había sido el Virreinato de la Nueva Granada (incluye Venezuela), conjunto donde el Rey de España operaría como Emperador de las Indias Occidentales. Este Plan no prosperó, lo que al final favoreció la expansión de los EE.UU. e Inglaterra, como lo había temido antes el mismo Conde de Aranda.

Carlos III también modificó las estructuras sociopolíticas del Imperio Español en América, modificando el aparato militar al crear las “Milicias Regladas”, de donde surgió una casta militar que ayudó a liderar buena parte de la Guerra de Independencia, entre ellos al propio Simón Bolívar. Así como al admitir en el Ejército regular español a oficiales americanos como lo fue Francisco de Miranda. Se creó, también, en Venezuela la Real Intendencia de Caracas y más tarde, en 1786, la Real Audiencia de Caracas, instituciones que junto a la Real y Pontificia Universidad de Caracas, fundada en 1721 por Felipe V, perfilaron lo que iba a ser en pocos años la Venezuela Independiente. Ello, sobre todo, a partir del 8 de septiembre de 1777, cuando Carlos III dictó la Real Cédula de creación de la Capitanía General de Venezuela, base de nuestra actual soberanía territorial.


En materia educativa, Carlos III se destacó por afirmar sólidamente la autonomía universitaria en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, al decretar en 1784, la potestad del Claustro Pleno Universitario para elegir el Rector de dicha casa de Estudio, quitándole esa facultad a la Iglesia; implementando así una experiencia electoral y alternativa (principios liberales), en las que se obligaba a elegir un rector Lego y en el siguiente período a un rector eclesiástico, pero nunca de alguna Orden religiosa. Una gran parte de los líderes civiles y militares de la Independencia pasaron por nuestra Universidad, ya conocedores de la ilustración y de algunas prácticas republicanas, mucho antes de 1810. Tuvimos a un Francisco de Miranda quien siempre se sintió universitario, un Andrés Bello en las Letras, un juan Germán Roscio en el Derecho, un Felipe Fermín Paúl en Política, un Cristóbal Mendoza (primer presidente de Venezuela en 1811) y un José María Vargas en la Medicina y Educación, son apenas algunos ejemplos de que la suerte y las estructuras estaban ya echadas antes de los procesos de 1810 en adelante. El Rey Carlos III había impulsado la Universidad autónoma la que, a su vez, creó a las instituciones de la República venezolana, pero luego, salvo contados casos (como lo fue el respaldo del Libertador), en más de dos siglos de vida republicana, la Universidad ha sufrido constantemente la amputación de sus fueros autonómicos por la intervención perversa de gobiernos autoritarios y de mala índole.                                                              

El Rey Carlos III, quien nació en Madrid el 20 de enero de 1716 y murió el 14 de diciembre de 1788, en la misma ciudad y en el mismo edificio palaciego, hoy Palacio Real de Madrid. Fue hijo del primer Rey Borbón español, Felipe V, con su segunda esposa Isabel de Farnesio. La estatua ecuestre que hoy apreciamos en la Puerta de Sol y con su nombre grabado en la Puerta de Alcalá de Madrid, representa el recuerdo del mayor Rey moderno de España del siglo XVIII, que no tiene antecedente equiparable desde Felipe II en el siglo XVI y que no ha tenido descendientes de su talla hasta nuestros días del siglo XXI. Llegó a ser Rey de España y de las Indias por el azar de la Historia, al morir sus hermanos mayores Luis I de viruela y Fernando VI de una horrible demencia.

Ya para 1731, Carlos fue instalado como duque de Plasencia y Parma, con apenas 15 años y con el apoyo de 6.000 soldados españoles. A los 18 años conquista los reinos de Nápoles y Sicilia gobernándolos como soberano por 25 años, adquiriendo una experiencia inigualable como futuro monarca Ilustrado de España, al fallecer su ineficaz hermano Fernando VI en 1759. Fue un Rey católico pero regalista en la política y en el derecho, impulsó la agricultura, el comercio, la industria artesanal y la consolidación diplomática y militar de España en el mundo. Modernizó a Madrid con obras públicas que aún definen la ciudad: avenidas, paseos, palacios, museos, jardines, escuelas, bibliotecas, etc. convirtiéndola en una capital de rango mundial.

Limitó el poder de la Iglesia católica y de la alta nobleza, para imponer un regalismo ilustrado moderado, de estilo español, que en algunos momentos le costó problemas como el recordado “Motín de Esquilache” de 1766, el que supo manejar con moderación e inteligencia, cediendo a los reclamos populares, al regular los precios de los alimentos, suprimir la Junta de Abastos y desterrar al ministro Esquilache; aprovechando también dicha oportunidad para expulsar de España y de la Indias, en 1767, a la Orden de los Jesuitas, presuntos instigadores de aquel motín popular, cuyos pasquines estaban demasiado bien escritos para poder venir de una población mayoritariamente analfabeta. Se eliminó así un enemigo poderoso del regalismo ilustrado, que poseía un gran poder e influencia como confesores y educadores de las clases medias y altas, así como por sus grandes propiedades e influencia sobre Roma, todo ello le convertía en un poder paralelo muy peligroso para una monarquía absoluta y reformista.

Se ha criticado y se critica aún, que Carlos III se equivocó al preparar las condiciones para la Independencia de América española. Principalmente a partir de 1776, cuando España y Francia apoyaron la Independencia de los Estados Unidos de Norteamérica, con una fuerza económica y militar, entre la que se encontraba nuestro Francisco de Miranda, fuerza que derrotó al imperio británico y le obligó a reconocer dicha independencia en el Tratado de París. El Conde de Aranda (1718-1799), el principal ministro que tuvo Carlos III, criticó el peligro que representaba el ejemplo de los EE.UU. hacia el resto de América Española y propuso, en el llamado Plan de Aranda de 1783, la posibilidad de crear tres Estados independientes em Hispanoamérica, con infantes españoles a la cabeza de gobiernos en el Perú, México y en lo que había sido el Virreinato de la Nueva Granada (incluye Venezuela), conjunto donde el Rey de España operaría como Emperador de las Indias Occidentales. Este Plan no prosperó, lo que al final favoreció la expansión de los EE.UU. e Inglaterra, como lo había temido antes el mismo Conde de Aranda.

Carlos III también modificó las estructuras sociopolíticas del Imperio Español en América, modificando el aparato militar al crear las “Milicias Regladas”, de donde surgió una casta militar que ayudó a liderar buena parte de la Guerra de Independencia, entre ellos al propio Simón Bolívar. Así como al admitir en el Ejército regular español a oficiales americanos como lo fue Francisco de Miranda. Se creó, también, en Venezuela la Real Intendencia de Caracas y más tarde, en 1786, la Real Audiencia de Caracas, instituciones que junto a la Real y Pontificia Universidad de Caracas, fundada en 1721 por Felipe V, perfilaron lo que iba a ser en pocos años la Venezuela Independiente. Ello, sobre todo, a partir del 8 de septiembre de 1777, cuando Carlos III dictó la Real Cédula de creación de la Capitanía General de Venezuela, base de nuestra actual soberanía territorial.

En materia educativa, Carlos III se destacó por afirmar sólidamente la autonomía universitaria en la Real y Pontificia Universidad de Caracas, al decretar en 1784, la potestad del Claustro Pleno Universitario para elegir el Rector de dicha casa de Estudio, quitándole esa facultad a la Iglesia; implementando así una experiencia electoral y alternativa (principios liberales), en las que se obligaba a elegir un rector Lego y en el siguiente período a un rector eclesiástico, pero nunca de alguna Orden religiosa. Una gran parte de los líderes civiles y militares de la Independencia pasaron por nuestra Universidad, ya conocedores de la ilustración y de algunas prácticas republicanas, mucho antes de 1810. Tuvimos a un Francisco de Miranda quien siempre se sintió universitario, un Andrés Bello en las Letras, un juan Germán Roscio en el Derecho, un Felipe Fermín Paúl en Política, un Cristóbal Mendoza (primer presidente de Venezuela en 1811) y un José María Vargas en la Medicina y Educación, son apenas algunos ejemplos de que la suerte y las estructuras estaban ya echadas antes de los procesos de 1810 en adelante. El Rey Carlos III había impulsado la Universidad autónoma la que, a su vez, creó a las instituciones de la República venezolana, pero luego, salvo contados casos (como lo fue el respaldo del Libertador), en más de dos siglos de vida republicana, la Universidad ha sufrido constantemente la amputación de sus fueros autonómicos por la intervención perversa de gobiernos autoritarios y de mala índole.



sábado, 1 de abril de 2023

Facultad de Humanidades y Educación y origen de la Escuela de Historia de la UCV

En la vieja sede de la Esquina de San Francisco comenzaron las actividades docentes, de investigación y extensión de dicha nueva Facultad, con una matrícula inicial de 279 alumnos y solo 19 profesores

Alberto Navas                                                                                   Publicado en el universal  el 16/03/2023 


Nuestra actual Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad Central de Venezuela es, en realidad, la más antigua de las Facultades de la Universidad de Caracas, hoy UCV. Su origen se remonta al siglo XVII con el extinto Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima de Caracas, en la Cátedra de Filosofía. Más tarde, con la erección de la Real Universidad de Caracas, en 1721, vemos que con ello emergió finalmente la Facultad de Filosofía (Artes/ hoy Humanidades) generando así al primer egresado de dicha Universidad, en la persona de Antonio Tovar y Bañes en 1725, como consta en los expedientes de egresados de ese año en el repositorio del Archivo Histórico de la UCV.






Luego de muchas vueltas de la Facultad de Filosofía durante el siglo XIX y parte del XX, en las que llegó inclusive a llamarse Facultad de Humanidades en tiempos del Profesor Cecilio Acosta, nuestra Facultad fue elevada de su viejo carácter iniciador y propedéutico, al rango de Facultad independiente, con el Decreto del Estatuto Orgánico de Universidades Nacionales dado por el Presidente de la Junta de Gobierno don Rómulo Betancourt en septiembre de 1946, como Facultad de Filosofía y Letras de la UCV, siendo su primer Decano el Dr. Mariano Picón Salas, quien la inauguró oficialmente en un acto celebrado el 12 de octubre de ese mismo año.

En la vieja sede de la Esquina de San Francisco comenzaron las actividades docentes, de investigación y extensión de dicha nueva Facultad, con una matrícula inicial de 279 alumnos y solo 19 profesores. También se dictaron ciclos de conferencias que impactaron muy bien en el público de sectores populares que se acercaron, por primera vez en dos siglos, a la fuente de saberes de la Universidad caraqueña. Los aires democráticos de aquellos años, junto al logro del derecho al voto universal y la elevación de los derechos políticos de la mujer, refrescaban a una Venezuela herida por décadas de autocracias y caudillismo.

Los primeros egresados como Licenciados en Filosofía y Letras en 1950 fueron: Francisco J. Ávila, Georgina Blanich, Josefina Espino Parpacén, Josefina Fierro H., José Ramón González, Julio César Lizarraga, Ernesto Mayz Vallenilla, Oswaldo Rodríguez Briceño, Alfonso Rodríguez Díaz y Alberto Weibezahn Massiani. También egresaron ocho Técnicos en Biblioteconomía, entre los cuales se destacaba la posteriormente célebre profesora de Paleografía Dolores (Lola) Bonet Guylain.

Más tarde, en 1947, surge el Departamento de Historia en la Facultad de Filosofía y Letras, núcleo matriz de la futura Escuela de Historia desde 1958, una vez derrocada la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez y recuperada la Autonomía universitaria. Allí, bajo las enseñanzas de los profesores Pascual Venegas Filardo, Marco Aurelio Vila, César Tinoco, Miguel Acosta Saignes, Salvador de la Plaza, Rodolfo Quintero y otros, egresó la primera promoción de Licenciados en Historia de la UCV, compuesta por: Oscar Enrique Abdala (quien fue Director de la Escuela desde 1972), Orlando Albornoz Hernández, Carlos Boggio H., Eleazar Córdoba Bello (distinguido americanista), Ildefonso Leal (Cronista de la UCV), Angelina Lemmo Brando, José Eliseo López Ramírez (valioso demógrafo) y Trina Urbina P. Debo señalar que, como estudiante de Historia, después de 1974, tuve la suerte de ser alumno de varios de estos primeros egresados.

Desde 1958 ejerció la dirección de la Escuela de Historia el Dr. José Manuel Siso Martínez, quien pasó a ser Ministro de Educación en el gobierno del Dr. Raúl Leoni en 1964, año en el que asumió la dirección el Dr. Germán Carrera Damas, formado en las Universidades de Caracas, México y Francia, siendo el gran renovador de los estudios históricos en la UCV y en Venezuela, convirtiendo a la Escuela en un centro de referencia académica para el contexto latinoamericano. Formando investigadores críticos y de vocación científica, una Escuela donde aprendimos a hacer historiografía en base a recursos técnicos, teóricos, metodológicos, filosóficos y de las ciencias auxiliares. Luego, una nueva generación, desde 1968, siguió desarrollando nuestra Escuela en el marco de las rebeliones de aquellos años de conflictos e intervención del gobierno del Dr. Rafael Caldera. Entre ellos destacaron: Manuel Caballero, Josefina Gavilá, Josefina Bernal, Miguel Hurtado, María Elena González, Carmen Gómez, Taide Zavarce, Luis Cipriano Rodríguez, José Belda Planas, Eduardo Camps, José Rafael Lovera, etc.




La última generación de aquella “buena época” fuimos: Ramón Aizpurúa, Pedro Castro Guillén, Fredy Rincón, Fernando Oduber, Guillermo Durán, Ángel Ziems, mi persona y muchos otros más. Hoy nuestra Escuela sobrevive, a duras penas, con profesores ya jubilados y otros fallecidos, sin que el presupuesto oficial haya permitido formar una efectiva generación de relevo, de la que muchos han huido del país abandonando sus cargos infrarremunerados. Pero, sin embargo, seguimos manteniendo abiertas las puertas del pregrado con el director Adalberto Castellanos y del postgrado con la Dra. Anahías Gómez y el Profesor Mike Aguiar. Aún damos señales de vida, como con ruidos bajo los escombros y aún late el pensamiento en el aula, en el cubículo y en el viejo y gastado maletín que todavía nos acompaña.

jueves, 16 de febrero de 2023

Redes sociales y trivialización de la vida o ¿La sociedad de los idiotas informados? (El caso de la UNEFA)

 


Por: Cécil Gerardo Pérez

Miércoles, 15/02/2023 03:53 PM

  Cécil Gerardo Pérez

Hace poco un video difundido por una de las redes digitales mundiales y de mayor impacto comunicativo (Tik-Tok) y que ha sido reenviado por otras redes (Twitter, Instagram, What-App, entre otras) ha reabierto un viejo debate acerca del impacto de los medios de comunicación de masas y ahora, las denominadas redes sociales en la sociedad contemporánea. En este caso, acerca de la educación universitaria y la levedad con que muchos de sus egresados asumen la vida, ya siendo profesionales. 

Se trata de un grupo de graduandos de la Universidad Nacional Experimental de la Fuerza Armada (UNEFA) que antes o luego del mismo acto de graduación (4 de noviembre de 2022), con sus trajes académicos (toga, birrete, medallas y estola) graban un estúpido video donde hacen alarde de las supuestas carencias que poseen siendo ya profesionales de las Ciencias de la Salud, específicamente de la Enfermería. Adicionalmente, en el mismo, enlodaron el nombre y el prestigio de una universidad pública venezolana, de sus profesores, compañeros de estudio y trabajadores en general de la UNEFA, mancillaron el honor de la noble profesión de la Enfermería, (tan vital para la sociedad, pues tiene que ver con la Salud de las personas) y su propio honor y reputación, pues quién va a querer ser atendido por quienes afirmaron públicamente y a los cuatro vientos que se graduaron aun cuando: "no saben poner una vía, no saben de los signos vitales, no saben colocar una inyección, no saben tratar a un enfermo, que no saben nada, o que se copiaron en todos los exámenes"

Joven publicó video diciendo que no aprendió nada y universidad anuló su título: “Le falta ética” | Upsocl

Ese video tuvo como consecuencia que la universidad les impusiera una sanción de suspenderles los títulos otorgados, que pidieran excusas públicas y realizaran unas pruebas académicas para determinar si les mantenían la sanción o se las revocaban.

Hay que reivindicar a la UNEFA. Esta es una universidad que hasta 1998 era un instituto de formación universitaria sólo para militares en Venezuela llamado el IUPFAN, de mucha calidad en las disciplinas que allí se estudiaban. Luego, a partir de 1999, el presidente Hugo Chávez ordena su transformación a Universidad Nacional Experimental Politécnica de la Fuerza Armada venezolana, pero que vaya más allá del ámbito estrictamente militar. Así la UNEFA se amplió enormemente, pasando de cientos de estudiantes del antiguo IUPFAN, a tener ahora decenas de miles de estudiantes de los sectores populares y está ubicada en todo el territorio nacional, en todos los estados del país. Con decenas de carreras universitarias y con un código de ética y de conducta basados en el compromiso con la Patria, la responsabilidad social, la formación de excelencia académica, todo ello, en medio de un proceso de transformación de la sociedad venezolana, donde el conflicto socio-político es una variable clave en nuestro acontecer diario y por supuesto, el ámbito educativo universitario no está exento de ello.

Esos graduandos han podido grabar tantas cosas positivas sobre un acto tan importante para las personas y sus grupos familiares, así como amistades. Pero no, porque eso no se "viraliza". La idea es que, con lo negativo, se haga una burla incluso para ellos mismos y genere una risa fácil, banal. Es lo que las redes generan en muchas personas, sobre todo jóvenes. Es la trivialización de la vida y hasta de lo trascendente. Y no es que sean jóvenes adolescentes quienes realizaron este video tan bufo. No. Son jóvenes adultos con 5 años de formación universitaria y ya con un título de profesionales universitarios.

Ahora, sale uno de ellos a quejarse de la sanción impuesta por la universidad y a tratar de justificar lo injustificable. Lo cierto es que publicaron sus ideas (así sea en términos humorísticos) contra la propia formación obtenida en la universidad, alegando no estar preparados para ejercer la profesión en la cual se habían titulado. Hay un aforismo jurídico que reza: "nemo auditur propriam turpitudinem allegans", es decir, «nadie puede alegar a su favor su propia torpeza o culpa».

Este hecho nos recordó que hace varios años, Pedro Rodríguez Rojas, un distinguido profesor e investigador de la Universidad Simón Rodríguez, de Barquisimeto, publicara un libro denominado: "La sociedad de los idiotas informados. La crisis planetaria y la humanidad enferma". Texto enjundioso que, por lo demás recomendamos ampliamente. De él tomamos el título para realizar esta reflexión. Refiere Rodríguez Rojas: "Estamos frente a una sociedad del conocimiento que es paradójicamente cada vez más inculta e ignorante. Se tiene mucha información de muchas cosas de las cuales se desconoce su naturaleza. Se tiene mucha información de lo que no se sabe y se es incapaz de transformar. Esto no niega que en efecto exista una "revolución del conocimiento", pero que ha estado y ahora está aún en menos manos, mientras lo que abunda es la información, el conocimiento por el contrario es cada vez más escaso".

Si bien es cierto, no podemos generalizar que toda la juventud es así, como la que se muestra en el video y que la sociedad no está llena de idiotas informatizados, sí es una situación preocupante como a través de los medios y ahora de las redes sociales se puede manipular, moldear, guiar modelar la conducta de millones de personas que, como dice Rodríguez Rojas, hoy "Se tiene mucha información de muchas cosas de las cuales se desconoce su naturaleza", es decir, a través de videos, audios, imágenes o falsas noticias se puede lograr que haya seres humanos que califiquen a otros, por pensar distinto, o trabajar para construir un modelo de sociedad diferente, como "plaga, peste, azote", para descalificar lo que se hace, o para genera odio, persecuciones y hasta golpes de estado con violencia generalizada, tal como hemos visto en los últimos tiempos en Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Argentina o Venezuela.

Se pregunta el mencionado autor lo siguiente y de inmediato su respuesta: ¿Es la información suficiente para comprender y transformar la realidad? Rotundamente No; el hombre más informado puede ser al mismo tiempo un pobre estúpido sin capacidad ni inteligencia para comprender y mucho menos contribuir a transformar la realidad. Históricamente el hombre ha intentado conocer, descubrir, explorar, comprender, y transformar la realidad, la búsqueda del saber está siendo hoy sustituida para la mayoría de las personas por la simple y aparente condición de estar informado: saber de todo un poco, sustituye el dominio profundo y sistemático "la totalidad de lo aparente" dentro de la "Globalización de las banalidades" parece ser lo predominante".


Ante ello, Rodríguez plantea como opciones:

1.- "Rescatar el saber pedagógico, entendido éste como la unificación de "ciencias de la educación" y "saberes específicos" de la práctica educativa.

2.- Replantearse una nueva epistemología educativa que parta de la reconstrucción histórica de nuestra propia historia educativa.

3.- Abordar teóricamente la educación, pero con categorías y perspectivas epistemológicas propias.

4.- Enfrentar la dramatización de la educación hoy en marcha con la revolución informática.

5.- Defender y promover una conciencia colectiva crítica no dogmática que nos permita construir y fortalecer nuestra identidad frente a la globalización.

6.- Analizar el impacto y la racionalidad de las nuevas tecnologías en la educación.

7.- Valorizar la comunicación versus la información en el proceso educativo.

En fin, este caso de los graduandos y graduandas de Enfermería de la UNEFA debe servir para profundizar en los procesos de Formación no sólo académica, sino de la parte axiológica (los valores) y ética de la comunidad universitaria, a fin de que los profesionales que egresen asuman la responsabilidad de sus actos y sean ciudadanos comprometidos de verdad con su Patria, su comunidad y la familia.

 

(*) Pedro Rodríguez Rojas. La sociedad de los idiotas informados. La crisis planetaria y la humanidad enferma". Venezuela. 2014.


Francisco Fajardo: el primer venezolano criollo

 

Venezuela, como tal, nació como un producto moderno de la conquista española, por ello tenía que existir como entidad política y cultural mestiza para que existiesen los primeros venezolanos

Reproducido de El Universal

Alberto Navas
16/02/2023 05:00 am


La conquista de Caracas en el siglo XVI partió de dos ejes fundamentales de población y de acumulación de capital, siendo el primero, desde el Oriente, el que partió desde la Isla Margarita (perlas y tráfico de esclavos) principalmente con el capitán mestizo Francisco Fajardo, quien llegó a las costas y al valle de Caracas, realizando las primeras fundaciones en esa región. El segundo eje, partió desde el núcleo occidental del Tocuyo, Barquisimeto y Valencia (oro y agricultura), con posteriores expediciones fracasadas sangrientamente, hasta que en 1567 el capitán don Diego de Losada fundó definitivamente lo que hoy, casi cinco siglos más tarde es la ciudad de Caracas, eterna capital de Venezuela.


Francisco Fajardo, como muchos mestizos de aquel siglo XVI, puede ser considerado como el primer prototipo del venezolano propiamente dicho, tanto por su mezcla de sangre de conquistadores y conquistados, como por su relevancia de conquistador, fundador y autoridad criolla en medio de un sistema colonial hostil y violento. Nació en la Isla de Margarita entre 1527 y 1528, como lo señala el Cronista Dr. Juan Ernesto Montenegro, hijo de la india Principal Isabel nieta del gran Cacique Charaima, importante líder supra tribal, que dominaba dicha isla y a bastantes posesiones en la costa de tierra firme, que llegaban hasta las costas de Caracas. La India Isabel, al parecer muy hermosa e influyente, mantuvo una relación “amorosa” con el teniente de Gobernador don Francisco de Fajardo, un español adicto al oro, las mujeres y al tráfico de esclavos, quien se aprovechó de las relaciones de su mujer para incursionar en el comercio de esclavos entre Margarita, Cubagua y costra Caribe, amasando riquezas que luego se llevó a España de manera semiclandestina y sin pagar los impuestos correspondientes al Rey.

Venezuela, como tal, nació como un producto moderno de la conquista española, por ello tenía que existir como entidad política y cultural mestiza para que existiesen los primeros venezolanos, por ello, la población indígena era más bien la cultura Caribe o Arawac, etc. prevenezolanos o precolombinos, quienes lucharon fieramente contra un enemigo que no entendieron, para terminar asimilados o exterminados, según el caso. Fajardo, en su tercer viaje de conquista pacífica de la costa y del santuario inexpugnable indígena del Valle de Caracas, hacia 1560, obtuvo la autorización de la Real Audiencia de Santo Domingo (La Española), apoyado con armas y caballos, saliendo finalmente de Margarita con una expedición de 200 indios guaiqueríes y once españoles, quienes se presentaron y asentaron en tierra firme en la costa de Caruao, entendiéndose pacíficamente con el Cacique Guaimacuare. Instalados ya en la costa de Caracas, Fajardo se desplazó hacia el Tocuyo, donde el Gobernador de la Provincia de Venezuela, Pablo Collado, le invistió con el rango de teniente general suyo, con poderes para fundar pueblos y repartir encomiendas. Del Tocuyo partió con treinta hombres más y aprovisionándose de ganado vacuno en Valencia, subió desde El Consejo hacia los altos de la cordillera central, en tierras de los Meregotos donde se entendió pacíficamente con el Cacique Terepaima, siguiendo luego el camino hacia la tierra de los Toromaimas, el valle del río Guaire, donde fundó la primera “Caracas”, en el pueblo de “San Francisco” y el hato ganadero adyacente.

Francisco Fajardo fue el primer criollo venezolano en detentar autoridad política superior en nuestro territorio, un mérito suficiente como para darle su nombre a un Estado como el de La Guaira, y no a una destartalada autopista, como lo fue hasta hace poco. Finalmente, la perdición de este conquistador mestizo, nacido en Venezuela, fue el descubrimiento de placeres auríferos en los cursos de agua de las montañas del suroeste de Caracas, lo que hizo explotar la codicia del Gobernador Collado, quien traicioneramente arrestó a Fajardo, lo degradó de cargo y le sustituyó por Pedro Miranda, en cargado de confianza para depredar directamente el oro recién encontrado; desatándose así el inicio de una etapa violenta de conquista, que provocó el levantamiento indígena que duraría, al menos, unos siete años hasta ser posteriormente sofocado por Diego de Losada.

Un indigenismo trasnochado ha pretendido olvidar esos grandes méritos de Fajardo, también opacado por la fundación definitiva de Caracas por Losada y por los errores historiográficos de José de Oviedo y Baños, todo ello hoy heredado, por “uso y tradición” (como lo señaló Carrera Damas), por “historiadores” contemporáneos, no profesionales e ideológicamente orientados a inventar un pasado fantasioso, concordante con sus confusos intereses del presente.

 


miércoles, 6 de abril de 2022

EL BRUTAL DESASTRE RUSO

 

HENRY TOVAR

El día 24 de febrero Putin anunció el comienzo de una "operación militar especial" en Ucrania. Denominación utilizada para ocultar a la población rusa el inicio de una guerra. El día 02 de marzo la ONU adopta una resolución en la cual deplora la agresión y exige la independencia de las regiones a las cuales se agredió inicialmente (Donetsk y Luhansk). Lo más significativo, aparte de la declaración, fue la votación, en la cual 141 países, de los 191) votaron a favor, cinco en contra y 35 abstenciones (bajo el patrocinio de 90 países). Estos elementos fueron clave para vislumbrar el rechazo universal por el temor a una tercera guerra mundial y las posibles consecuencias sobre Rusia. Seis días después escribí (02 de marzo) algunas líneas en Instagram, a las cuales definí como “Los objetivos ganados de una guerra fallida” (perdida). Allí señalamos que una vez consolidada sus posiciones se habrían creado las condiciones para la anexión de territorios de Ucrania. pero simultáneamente habrá logrado una guerra prolongada, el inicio de un conjunto de alianzas y el deterioro de la economía y de las finanzas rusas. Y agregamos:  

“Resulta imposible que, aún con la retirada de Putin, Rusia no sea objeto de aislamiento, más sanciones y demandas. El rechazo plenario de la invasión por 141 países de las Naciones Unidas preludia los primeros síntomas de lo que puede constituir un calvario para Rusia, cuya reversión demandará la cabeza de sus responsables. Costará mucho a la diplomacia rusa, reinsertarse responsablemente, dentro del espacio internacional y europeo de naciones con el liderazgo ruso actual. Las campanas no están doblando sólo por Crimea. ¿Apoya mayoritariamente el ciudadano ruso esta invasión? Pareciera que los logros en la guerra con Ucrania configuran, en consecuencias comparables, a las de una guerra perdida, dentro y fuera de Rusia.”

La guerra dura ya cuarenta días. El 16 de marzo en reseña publicada por INFOBAE, Anthony Blinquen señaló que “detener la invasión no bastará para revertir las sanciones.”

Durante la última semana de marzo altos mandos militares de Londres y Estados Unidos señalan que más allá de los resultados militares, esta incursión constituye una guerra perdida por sus consecuencias militares y políticas. Una guerra perdida militar y políticamente es una razón suficiente para el desplazamiento de sus responsables. Mientras más tarde Putin en gestar una salida, más grave serán las consecuencias económicas y financieras y en el bienestar de la población rusa. Si no lo hace Putin, el poder tras el poder deberá desplazarlo. Y aun así Rusia deberá pagar los daños materiales y responder con indemnizaciones a las familias ucranianas.

Conforme señala la BBC el 25 de marzo, en una reseña denominada Rusia y Ucrania. El gigantesco costo económico que debe pagar Moscú para financiar la guerra, en lo que cuarenta días de guerra se ha devaluado el rublo, ha cerrado la bolsa de valores, con pausas para negociar bonos del gobierno; se estima hasta en un 15% la caída de su PIB, sólo en este 2022; probable cesación de pagos de su deuda; congelamiento de fondos en el extranjero; cerco al sistema financiero; veto a la importación y exportación de productos; paralización de su industria; salida de Rusia de 400 empresas occidentales de grandes marcas.    

Hoy 5 de abril, el periodista y escritor español Pérez-Reverte ha declarado en una entrevista al diario El Mundo que “aunque en realidad la salida de esta guerra sigue siendo impredecible, que Rusia haga lo que haga ya ha perdido… si continua la guerra, el desastre para su país va ser brutal. Y si se retira pierde el crédito entre los suyos”. 

Putin debería saber que Alemania, junto con Austria-Hungría y Turquía, perdió la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y fue obligada (por vía del Tratado de Versalles) a pagar los daños ocasionados. Deberá recordar que Alemania fue vejada, desmembrada, endeudada, desmilitarizada. Alemania fue obligada a pagar 132.000 millones de marcos de oro, equivalentes a 442 millones de dólares del año 2012, cifra que en el año 1919 les resultaba impagable.  Y aun así (por la devaluación de su moneda), pudo reindustrializarse, por motivo de sus exportaciones con precios sin competencia en el mercado mundial. El enorme poder alcanzado veintiún años después le permitió buscar la revancha con la segunda guerra mundial (1939-1945).

Por consecuencia de la resistencia de Ucrania y por la determinación de los países más importantes de la ONU, nada de lo que haga Putin avanzando o retrocediendo, militarmente, podrá revertir las consecuencias reales de esta agresión. La salida necesaria y honorable para Rusia es el desplazamiento de Putin, aunque tenga que pagar a largo plazo los daños. Le resultará mejor que un retroceso económico, financiero y la degradación del bienestar de su población. Los rusos saben contar, retroceder y avanzar; como también lo sabe China. Es altamente probable que se esté buscando alternativas para salir del atolladero y el “brutal” desastre ruso. Por fuera y por dentro. Con Putin y sin él.