viernes, 2 de octubre de 2015

Por Niko Schvarz: Los aportes del Papa Francisco

Por Niko Schvarz: Los aportes del Papa Francisco

Enviado por Barometro Internacional el jueves, 01 octubre, 2015 a las 1:11

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No cabe la menor duda de que el Papa Francisco, en su gira por Cuba y los Estados Unidos y en su comparecencia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, conmovió al mundo entero. Literalmente. En cada una de las etapas de este largo viaje, estuvo rodeado por verdaderas multitudes. Estas multitudes excedían ampliamente a quienes profesan la fe católica, aunque también es cierto que situó a la iglesia católica en una posición elevada y que se ganó el reconocimiento universal, porque la mostró, intensamente preocupada por los acuciantes problemas del mundo de hoy y por la situación de las masas populares en todos los países. Sobre estos grandes temas, Francisco expuso posiciones inequívocas, que en líneas generales lo ubican en una postura progresista, en favor de la paz mundial, de la solución pacífica de las controversias entre estados, de atención a los problemas vitales de las grandes mayorías, de los pobres del mundo, desarrollando al respecto el lema de las tres T: techo, trabajo, tierra.

El Papa Francisco contribuyó eficazmente a la solución de grandes temas mundiales. Ya se ha destacado su contribución efectiva en el problema del restablecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, cortadas desde hacía más de medio siglo (desde la conferencia de cancilleres de la OEA en Punta del Este, en enero de 1962). A esta altura ya está designado y en actividad el nuevo embajador de Cuba en Washington, y en este logro está incluido el aporte del Papa Francisco, que promovió las reuniones entre los responsables de ambas naciones en el Vaticano, en un clima de reserva y plena responsabilidad. También ejerció su benéfica influencia en la solución del conflicto entre Venezuela y Colombia a lo largo de su extensa frontera común. El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, habló en la ONU después del discurso que allí pronunció el Papa, y destacó las perspectivas de afianzar la paz y resolver los problemas pendientes en la convulsionada región fronteriza.
El conjunto de los medios de comunicación internacionales llevaron la gira del Papa Francisco a todos los rincones del mundo, sin excepción. Las audiencias de las emisiones que recogían las actividades del Papa batieron sin duda todos los récords. Personalmente pude seguir el tema a través de Telesur, con varias horas de trasmisión diaria. Por allí desfilaron todos los detalles. Por ejemplo, además de sus intervenciones medulares, su diálogo con los niños de Harlem, en los suburbios de Nueva York, o la alocución que pronunció en el Ground Zero de las Torres Gemelas (en recordatorio de la catástrofe del 11 de setiembre de 2001), con citas adecuadas del Martín Fierro de Hernández, proyectadas a la escala de la unidad de los pueblos de la América Latina y el Caribe.
Tengo a la vista el texto completo de la alocución del Papa Francisco en el Capitolio, en la reunión conjunta de la Cámara de Representantes y el Senado de los Estados Unidos. Es el primer Papa que habla en ese recinto, al que llegó acompañado por el vicepresidente de EEUU, Joe Biden, y el presidente de la Cámara, John Boehner (quien pocas horas después renunció a esa investidura, pero esa es otra historia). Veamos algunas de las principales ideas expuestas en un discurso de alrededor de media hora. Por una parte, pidió la abolición de la pena de muerte. Luego incidió directamente sobre el tema de los repetidos asesinatos de afrodescendientes, y llamó a garantizar los plenos derechos civiles y políticos para la población afrodescendiente. Si bien no se refirió directamente al tema de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, habló de “construir puentes” para que los países reanuden el diálogo y abrir nuevas posibilidades pata todos”. En sus palabras, “un buen líder político es el que con los intereses de todos aprovecha el momento de apertura y pragmatismo”.
Por otro lado, llamó a no tener miedo a los inmigrantes. “No hay que tenerle miedo a los extranjeros porque muchos de nosotros lo fuimos alguna vez. Se lo digo esto como hijo de inmigrantes y sabiendo que tantos de ustedes son descendientes de inmigrantes”. Este fue uno de los puntos que concitó los mayores aplausos. También se refirió a la crisis de los refugiados, pero no lo situó solamente en Europa, sino en los mismos Estados Unidos. “En este continente viajan muchas personas hacia el norte en búsqueda de una mejor vida y oportunidades para ellos y sus seres queridos. No nos deben sorprender las cifras  sino más bien las personas, sus rostros, escuchar y tratar de responder  de manera humana, justa y fraterna  a su situación”, señaló.

Llamó asimismo a proteger el medio ambiente, tema sobre el cual se pronunció en su última encíclica Laudatio Si, reclamando detener el deterioro ambiental causado por la actividad humana. Exigió ponerle fin  a los múltiples conflictos armados en el mundo y detener el tráfico de armas. Se preguntó: “¿Por qué se están vendiendo armas letales? Por el dinero que está empapado en sangre, a menudo de inocentes.  Ante el silencio es nuestro deber  enfrentar el problema y detener ese tipo de tráfico”.
Consideró que la distribución de la riqueza y la generación de empleos “son un servicio al bien común”. Recordó también que “el fin primordial de la política es  preservar la dignidad de los ciudadanos y avanzar hacia el bien común” y pidió a los congresistas “proteger mediante las leyes  la imagen y semejanza de Dios  que tenemos en cada rostro humano”, particularmente “en los que están atrapados en un ciclo de pobreza”.

Al finalizar su discurso, el Papa salió al balcón del Capitolio para saludar a miles de personas allí congregadas y que habían seguido su discurso desde la calle. Les habló en castellano y se despidió (en inglés) con “God bless America).
En su discurso en la ONU el Papa reiteró algunos de estos pronunciamientos, como el referido al narcotráfico “que silenciosamente mata a millones de personas” y pidió un acuerdo eficaz sobre el cambio climático. Solicitó que la conferencia mundial sobre cambio climático a efectuarse en el mes de diciembre próximo en París llegue a “acuerdos fundamentales y eficaces” y agregó que existe “un verdadero derecho del ambiente”. Por aquí apareció además el tema de Grecia y sus implicaciones. Ante las medidas draconianas de austeridad reclamada por los acreedores de la “troika” (Comisión Europea, Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional), el Papa solicitó “a los organismos financieros internacionales velar por el desarrollo sostenible de los países y la no sumisión asfixiante de éstos a sistemas crediticios”. Lo fundamentó en estos términos: “Lejos de promover el progreso, someten a las poblaciones a mecanismos de mayor pobreza, sumisión y dependencia”. El reclamo de evitar la exclusión se unió a la defensa  del derecho “al techo, trabajo y tierra”.

Se ha señalado que de esta manera el Papa Francisco marcó el tono  de una cumbre sobre el desarrollo que se abrió inmediatamente después en la ONU, y en la cual más de 150 dirigentes mundiales  adoptaron un ambicioso plan de acción para los próximos 15 años en materia de pobreza, salud, educación y medio ambiente.

Posteriormente, en su visita a Filadelfia, hablando en el lugar mismo donde se declaró la independencia de los Estados Unidos en 1776, el Papa se dirigió a los inmigrantes, principalmente de origen latino, a los que les habló en castellano. Les dijo que “no se desanimen y no se avergüencen nunca”. Decenas de miles de personas, en su gran mayoría latinas, se dieron cita en el Independence Hall para ver y escuchar al Papa, quien se dirigió a ellos en estos términos: “Muchos de ustedes han emigrado a este país con un gran costo personal, pero con la esperanza de construir una nueva vida. No se desanimen por las dificultades que tengan que afrontar. Les pido que no olviden que, al igual que los que llegaron aquí antes, ustedes traen muchos dones a su nueva nación. Por favor, no se olviden nunca de sus tradiciones. Repito, no se avergüencen de aquello que es parte esencial de ustedes. También están llamados a ser ciudadanos responsables y a contribuir provechosamente a la vida de las comunidades en que viven”. Este fue su mensaje en el lugar en que se proclamó, 239 años atrás,  que todos los hombres y mujeres fueron creados iguales. Aquí abogó también por la libertad religiosa, que catalogó como un “derecho fundamental” para interactuar social y personalmente con los prójimos. En sus palabras: “En un mundo en el que diversas formas de tiranía moderna tratan de suprimir la libertad religiosa, o de reducirla a una subcultura, o de utilizar la religión como un pretexto para el odio y la brutalidad, es necesario que los fieles de las diversas religiones unan sus voces para clamar por la paz, la tolerancia y el respeto”.

De esta forma el Papa ha estado proporcionando una contribución invalorable a la solución de los grandes problemas que atraviesa actualmente la humanidad.  Uruguay ha seguido muy de cerca todo este proceso, y participado en varios de sus aspectos. Por ejemplo, en la instauración del diálogo entre Colombia y Venezuela para resolver la situación fronteriza, proceso en el cual participó el presidente Tabaré Vázquez y el canciller Rodolfo Nin Novoa junto a las autoridades ecuatorianas (presidente Rafael Correa y canciller Ricardo Patiño) en los diálogos 4x4 mantenidos en Quito, capital de Ecuador.  Otro hecho auspicioso, en este nuevo clima creado, es que se llegó a un acuerdo entre el gobierno de Colombia presidido por Juan Manuel Santos y las FARC-EP para firmar definitivamente un acuerdo de paz en un plazo máximo de seis meses, hasta marzo de 2016. En la ONU, el sábado habló el presidente de Cuba, Raúl Castro, en la Cumbre sobre los objetivos de desarrollo sostenible 2015-2030, hizo referencia al restablecimiento de relaciones entre su país y los Estados Unidos y reclamó una vez más el cese definitivo del bloqueo impuesto por EEUU, de una vez y para siempre. Para el martes 29, se espera la intervención del presidente Tabaré Vázquez en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

nikomar@adinet.com.uy

Por Daniela Saidman: El Chino nos convoca a ser mejores


Por Daniela Saidman: El Chino nos convoca a ser mejores

Enviado por Barometro Internacional el jueves, 01 octubre, 2015 a las 1:28


** La obra poética de este escritor trujillano da testimonio de la coherencia ideológica y vital de un hombre que supo del compromiso y la entrega con lo más libre y justo que habita a los hombres.
 Aún debe andar preguntándose cómo camina una mujer después de haber hecho el amor. Y con esa interrogante amanecemos de bala, como él, pero también de nubes y de sueños. Víctor Valera Mora, el Chino, nació en Trujillo el 25 de septiembre de 1935. De su infancia se sabe poco. Pero no es difícil imaginarlo contemplando el cielo y volando papagayos, corriendo libre a través del verdor, conmoviéndose con el color y el tacto de las flores, tal vez de allí le vienen el sentir de las gentes y sus llantos, sus risas y esperanzas.
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Estudió el bachillerato en San Juan de los Morros, en el estado Guárico, y cuentan que precisamente en esos años empezó a delinear sus versos mientras leía poesía de los llanos venezolanos, escuchaba galerones y conocía poetas allende el mar.
En Caracas estudió sociología en la Universidad Central de Venezuela. Trabajó en la Universidad de Los Andes, en el antiguo Conac y en la biblioteca ambulante de los Ovalles,  conocida como La gran papelería del mundo.
De la poesía que sabe decirnos
Fue miembro del Partido Comunista cuando aún no cumplía veinte años y por rebelde fue encarcelado a finales de 1957, durante las manifestaciones contra la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. Durante esos años el Chino fue un desenfrenado lector. En los años siguientes Venezuela vivió tiempos turbulentos, signados por la violencia ejercida desde el Estado. Levantamientos militares e insurrecciones estudiantiles y políticas, marcadas en la memoria por el Carupanazo y el Porteñazo.
La poesía del Chino siempre llevó en sus alforjas el sabor y el canto del Pueblo, por eso supo hacer nacer los versos que cantando y diciendo nos encuentran.
Acompañado de los escritores Luis Camilo Guevara, Mario Abreu, Pepe Barroeta y Caupolicán Ovalles, entre otros, Valera Mora fue miembro destacado de la Pandilla de Lautréamont, un grupo que proclamaba la necesidad de la poesía para todos.
En 1961 publicó La canción del soldado justo, un trabajo poético que enarboló las esperanzas y sueños revolucionarios de esa década. Luego, vinieron Amanecí de bala (1971) y Con un pie en el estribo (1972). Precisamente por su segundo libro fue catalogado de subversivo por un general de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM). El Chino no esperó la condena, ni la desaparición forzosa. Partió rumbo a Roma gracias a una beca. En la capital italiana escribió sus 70 poemas estalinistas, el último de sus libros publicado en vida, que le valió un premio en 1980.
El Chino Valera falleció el 30 de abril de 1984. Dicen que fue un mediodía acostado en su cama cuando le falló el corazón. Lo enterraron un 1 de mayo, como celebrando un oficio que con versos supo edificar la vida. Luego de su muerte fue editado el libro Del ridículo arte de componer poesía, donde se recoge su producción poética entre 1979 y 1984.
El Chino en versos
Probablemente no haya un poeta tan coherente entre sus versos y pensares. Vivió con la plenitud de los quijotes, sabiendo cómo se conquista el viento. El Chino fue de la generación de los 60, de esa que encontró al país entre los que se animaron a conquistar el cielo y los que se doblegaron. Él siempre supo estar del lado de la orilla en la que viven los que sueñan el mundo y se juegan la vida y como él, también la palabra.
Todo en su poesía tiene de amor, de tacto, de lucha y entrega. Aunque quisieron silenciarlo sus versos siguen incendiando la calma, son llama viva que ilumina el futuro que aún está por venir.
Earle Herrera, ese otro poeta y periodista, dice en el prólogo de la edición de Obras completas de Víctor Valera Mora, publicado por el Fondo Editorial Fundarte, en tercera edición en 2012, que “no hay artificio, no hay postura, no hay acomodo a una época o a una moda. El lector sabe y siente que lo que escribe el poeta, le sale de adentro, de lo más hondo”. Y esa hondura de la palabra del Chino Valera Mora, esa hechura humana capaz de trascender el papel, esa poética del compromiso que también sabe reír, es la que nos convoca siempre a ser mejores.
Tiempo de perros
VII
Por Víctor Valera Mora
Os doy mi voz erguida
mi sangre de regreso hacia tu edad primera.
Juventud siempre antigua, recomenzada toda,
agonía, irreductible fusil de barricada.
El tiempo pide corazones enarbolados.
¡Uníos! ¡Uníos, fuertes picapedreros!
Implacable tormenta de puños
y metálicas lunas sea la marcha,
porque esta tierra es un río de rodillas,
hay que levantarlo.
Y yo, os aseguro,
la muerte de los lobos será de madrugada”.
(Del libro Canción del Soldado Justo. 1961)

Nuestro oficio (fragmento)
Por Víctor Valera Mora
Podemos caer abatidos
por las balas más crueles
y siempre tenemos sucesor:
el niño que estremece las hambres consteladas
agitando feroz su primer verso.
O el otro, el de la disyuntiva,
que no sabe si hacerse flechero de nubes
o escudero del viento.
Jamás la canción tuvo punto final.
Siempre deja una brecha, una rendija,
algo así, como un hilito que sale,
donde el poema venidero pueda
ir halando, ir halando, ir halando,
halando hasta el mañana.
Nosotros los poetas del pueblo,
cantamos por mil años y más...”.
(Del poemario Canción del soldado justo. 1961)
dsaidman@gmail.com