lunes, 16 de marzo de 2009

EL PEDAGOGICO DE FRENTE HACIA EL PORVENIR

Mario Torrealba Lossi
I
“Entre los muros de la casa vieja” fue el primer título mediante el cual hubimos de escribir un sólido ensayo, impreso en los talleres gráficos del congreso de la república – de casi 200 páginas de texto –, dedicado al centenario de un libro capital en donde hubimos de referimos al centenario del Instituto Pedagógico de Caracas, el cual dentro de sus pocos años llegara a los cien, que son ya bastantes.
Además del prefacio de la obra hablamos de los años de búsqueda; de la batalla que sostuvo el en pro de la civilización; de la abertura hacia una nueva sociedad; a la que llamábamos la torrentera de la historia.
¿En cuanto a lo que vendría después del año 2000; al abrir ventanas y caminos; así como las ilustraciones que hubo de conjugar dicho libro con muchos otros que nos llenaron de regocijo, dadas las direcciones que tomaría como ensayo a mediados de septiembre de 1986, cuando nuestro trabajo se lo dedicamos a los amigos de esa época, tan vinculados como lo estuvieron con un grupo de jóvenes que se propusieron a la realización de una obra, cuyo sentido bibliográfico fue complejo, pero con dimensiones entrañables en sí misma.
El Instituto Pedagógico hubo de ser una obra verdaderamente quijotesca; y desde su fundación, hoy día, cuando ya se acerca el fecundo siglo de vida, comprendemos como el salto que ya se acerca a los 100, constituye, más que suerte, un ejemplo de creación maravillosa, cuyas proporciones reflejan algo inaudito, si lo observamos o medimos en toda su forma. Fue un centro de formación docente dedicado a profesores de segunda enseñanza; así como el tiempo transcurre, su devenir crecerá inexorablemente. ¡Seguro que sí!
II
Ya nos lo repetía nuestro Picón Salas, tan inteligente y lleno de vivencias. En la Introducción de la obra don Mariano luego de que escribiéramos el prefacio, afirmaba con su característico estilo: “el pasado puede ser - escribía – no solo un culto mortuorio sino revisión y rectificación de la exigencia colectiva; germen capaz de reverdecer en nuevas creaciones. Sentida como voluntad y consecuencia, la historia trata de fortalecer y recobrar sus valores positivos. Y aun hubo pueblos, perdidos y aletargados en el retroceso y la decadencia, volvieron a encontrarse por el camino vivificante de su tradición. A la voz de los grandes muertos se agrega entonces – en eslabón y continuidad histórica – la de los grandes vivientes; de los que quieren imprimir el signo de su ideal, su esfuerzo, sus anhelos, sus sueños, su voluntad realizadora, el patrimonio moral colectivo…
Además de cuanto dejamos expresado, tanto a Picón Salas como a don Rafael Escobar Lara, se les podría señalar como a los creadores de un instituto, como lo fuera el pedagógico, que había de entregarse plenamente a un camino que no tuvo mayores tropiezos sino los del hacer constante, contra los vientos, las mareas y los rubicones que arrancaron desde el año 36, cuando, a la muerte del General Gomez la educación hubo de emprender su verdadera trayectoria.
Desde entonces, aquellos muros de la llamada casa vieja, nos llenarían de suerte y esperanza, a quienes vinimos desde el interior del país, a formarnos dentro de una escuela nueva, que se expandía por todos los confines del aprendizaje.
Aunque las universidades del nuevo siglo comenzaron a expandirse – puesto que pretendía situarse en toda y en las delanteras, el Instituto Pedagógico - resuelto ya sus problemas iníciales – se convertiría en uno de los pioneros del proceso enseñanza – aprendizaje. En cuanto a la contextura de la Universidades las cuales nunca pasaron de las carreras profesionales conocidas, el Pedagógico habría de convertirse, en algo realmente novedoso, especialmente en el campo de la literatura y de otras manifestaciones de diversa índole. Bastaría con referirnos a las páginas intituladas Entre los Muros de la Casa Vieja, de donde surgieron las estructuras de un nuevo edificio, cuya modernidad todavía se mantiene y perdura tanto en su curriculum como en otras formas que no tienen nada por envidiarles a la existente en el país.
Lo que antes andaban buscando otras instituciones, ya el instituto lo tenía, desde tiempo atrás. La misma Universidad Central y el resto de cuantas vinieron luego le debían al Pedagógico la mayoría de sus reformas, hasta el punto de que el aprendizaje de lo viejo se hizo nuevo gracias a lo que antes hubo de ser algo inexistente y hasta secundario.
Hubo un momento tan excepcional para nuestro instituto, que el creaba todo, en tanto que las universidades seguían a nuestra institución, con el único propósito de adelantarse en su huellas. Hoy día, sin embargo e incluyendo los pedagógicos restantes, ninguna Universidad – ninguna, en sí – forma tanto como este núcleo tan singular como ningún otro lo hubo.
Según se desprende del corpus del presente libro, en el mismo coexisten tanto la pequeña como la gran historia. En este trabajo, muchos de los lectores conocerán los altibajos que fueron produciéndose desde el año 36, según lo hemos repetido varia veces, año cuando – tal lo repetíamos, repitiendo – a Picón Salas empieza, en realidad el siglo XX en Venezuela.
Pero hemos de aclarar como aquí no nos limitamos a trazar un registro aproximado de lo que fuera nuestra casa de estudios dentro del ovillo cronológico del tiempo. Tal como lo planteaba don Alfonso Reyes, en una de sus obras, tanto las grandes, como las pequeñas cosas que hay que observarlas en todas sus dimensiones, viéndole sus virtudes y también sus defectos.
Bastaría con observar como lo que fuera al comienzo una institución indecisa y tambaleante para sus creadores, el tiempo habría de encargarse que creciera, tal les ocurre a las plantas. Las torceduras que sufrió nuestro instituto poco a poco se fueron corrigiendo con el paso de los días. Según lo que afirmara Rafael Escobar Lara, en 1939, fue una necesidad que el pedagógico aprendiera a alargarse sus pantalones y ello solamente podría lograrse gracias a que se creara una verdadera conciencia entre lo que debió ser una institución realmente de valor Universitario o una simple escuela normal, como lo pretendieron quienes se pasearon por la alta significación que quisieron lo lograron – al alcanzar los ideólogos de entonces - .
Como añadía el maestro Escobar Lara, todo centro de enseñanza superior – Universitaria, digamos – debía vencer los malos tiempos, tal ocurrió, a fin de poder deslastrarse de sus dificultades y adquirir el pleno derecho a proyectarse sin ningún género de inconvenientes.
Si antes – lo advertimos en nuestro ensayo –
Entre los Muros de la Casa Vieja, no solamente el Pedagógico fue el comienzo de otras instituciones de idéntica naturaleza, como la de Barquisimeto, Maturín y otras más, sino de que su vientre surgieron las tutelares bases que, hoy por hoy, le siguen dando lustre a la educación venezolana.
Si para 1986 - transcurrido ya su cincuentenario – el presente ensayo fue solo la expresión inequívoca de lo que el pedagógico seria después, hoy por hoy, ya podríamos imaginárnoslo – medio siglo más tarde – como un portentoso ejemplo de cuanto nos habrá de reservar el porvenir.

domingo, 15 de febrero de 2009

¿NUEVOS PARADIGMAS O NUEVAS PARADOJAS?


COMENTARIOS ACERCA DE LA OBRA “LA REVOLUCIÓN QUE NADIE SOÑO”

Henry Tovar

El propósito de abolir el pasado ya ocurrió en el
pasado y - paradójicamente- es una de las pruebas
de que el pasado no se puede abolir. El pasado es
indestructible. Tarde o temprano vuelven las cosas y
una de las cosas que vuelve es el proyecto de abolir
el pasado. J.L.Borges

Hemos leído, con cierta perplejidad, los dilemas planteados en la obra, “La Revolución Que Nadie Soñó”. La obra de Mieres, es también testimonio de la perplejidad de pensadores y científicos, quienes dan cuenta de lo que parece dejar de ser, sin que puedan vislumbrar lo porvenir. En todo caso, estamos siendo copartícipes del nacimiento de una cultura política universal, la cual ha comenzado por cuestionar los paradigmas con los cuales veníamos, por diversos caminos, cincelando nuestros modelos científicos, políticos y socio-económicos. Se nos dice que los conocimientos de la física cuántica y la teoría de la relatividad, desmontaron los fundamentos de la racionalidad predominante en la ciencia y en la política, tal como lo hizo en otra época el testarudo Galileo.

Conforme a Fernando Mieres algunas de las características de los paradigmas de la modernidad que habrían comenzado a ser cuestionados, son el principio de determinación causal, el naturalismo, el esencialismo, el culto al racionalismo, la lógica dicotómica, la idea de trascendencia, la creencia en un orden universal objetivo, y la separación entre objetividad y subjetividad. No obstante la complejidad del tema, nos atreveremos a disentir. Más adelante quisiéramos argumentar algunas ideas con relación al principio de determinación causal.

Ciertamente, la modernidad se fraguó en el molde de la razón. Su característica fundamental fue una pretendida visión racional del mundo. Contraria a una visión metafísica y religiosa de la realidad. Bacón, en primer término, y Augusto Comte, después, son en nuestro parecer los más importantes exponentes de tal pretensión. Desde entonces, la ciencia hubo de convertirse en dogma. No fue extraña la expresión irónica: "la religión de la ciencia."

Conforme a Mieres, se ha generado una segunda secularización, desacralizadora de la ciencia como religión. Pero, agregamos nosotros, paradójicamente desde una postura nuevamente cientificista y racionalista, sustentada en aportes de la física cuántica, la teoría de la relatividad y recientes construcciones referidas a una teoría de la complejidad y del caos. Nuevamente se pretende validar una concepción de la estructura de la materia, sin la comprobación empírica. Salvo que certifiquemos la validez absoluta de la teoría de la relatividad y las aportaciones inconcluyentes de la mecánica cuántica. Nadie duda de la importancia de los más recientes aportes de la física. Ellos abren nuevos caminos, hasta ahora intransitados por la ciencia. Las aportaciones matemáticas (racionales) de Einstein contradicen las propiedades del espacio y el tiempo newtoniano, pero, tampoco no han podido demostrarse. Dicho de otro modo, tienen un sustento fundamentalmente racional.

Los nuevos paradigmas de la teoría de la complejidad y del caos, partiendo de descubrimientos de la física, nos revelan la inexistencia del caos, tal como se le concebía, (desconexión, discontinuidad, irregularidad absoluta) Ahora sabemos, que el caos tiene su propia dinámica, ¿su propia lógica? a partir de la cual, surge un nuevo orden. La teoría de la complejidad, sustentada en conocimientos de la física, ha comenzado a negar el principio de causalidad. Conforme a él, efectos y causas se entretejen para generar una lógica borrosa, incapaz de predecir el origen y las consecuencias de un fenómeno. Estas fundamentaciones, pretenden sustentar una nueva lógica para el análisis de los problemas sociales, pero haciendo más imprecisos los conceptos con los que se sustentó la certidumbre de la modernidad. Es inexplicable entonces, ¿cómo inexistiendo principios causales, podemos construir nuevos principios que pretendan explicar la realidad?

Los principios de la teoría de la complejidad están siendo usados para entender la complejidad de nuestras sociedades abiertas. Ellos se convierten, de este modo, en expresión de regularidades observables las cuales harían explicable la realidad física y pretendidamente la social, pero desde una perspectiva en la cual no existen jerarquías fenoménicas, ni causas últimas. Pareciera que pretendemos refundar una física social, que paradójicamente poco podría explicar. Esta nueva lógica debería negar todo lo que conocemos como causas y consecuencias de la caída del Imperio Romano, causas y consecuencias de La Revolución Francesa, causas y consecuencias de La Revolución Norteamericana, y por supuesto negar los mismísimos motivos mencionados por Bolívar, en La Carta de Jamaica, como las causas de La Revolución Hispanoamericana. Es decir, se admite la existencia de unas causalidades iniciales, aunque no sean las que determinen finalmente la alteración completa de un sistema.

Los anteriores ejemplos permiten suponer la validez de una concepción de la causalidad relativa, enunciada por la filosofía materialista de principios del siglo XX. Pareciera que el error consiste en suponer el carácter universal de sus conceptos los cuales hoy se enuncian como nuevos. Por eso expresamos nuestra perplejidad, la cual no es indistinta de la de Francisco Mieres, cuando afirma: "De la misma manera, no he querido establecer ninguna jerarquía, entre esas distintas manifestaciones, que es lo mismo que decir que no he podido encontrar en el proceso analizado ningún principio determinador, ni externo, ni interno. Desde luego habría sido bastante cómodo establecer relaciones recurriendo a los paradigmas conocidos." (P.153) Obviamente, le resultó más cómodo recurrir a la lógica subyacente en los nuevos paradigmas, los cuales, aparentemente él comparte. Es decir, su propia lógica, la cual se sustenta, lamentablemente, en la negación de la lógica contraria.

Por otra parte, observamos que el trabajo de Fernando Mieres, constituye fundamentalmente un ensayo, con lo cual el discurso construido es apropiado para el uso de la paradoja, la ironía, pero en modo alguno para abordar de modo riguroso y con la lógica apropiada, el problema filosófico subyacente en la temática.

El texto entrecomillado en el párrafo anterior es un buen ejemplo de cómo los propios paradigmas tienden a reproducir ciertas lógicas. Esa declaración de Fernando Mieres, en la que afirma no haber conseguido ninguna jerarquía y ningún principio determinador, se corresponde con uno de los principios de la teoría de la complejidad. Pareciera entonces que todo aquel que comulgue con esos principios debería verse tentado a validarlos, tratando justamente de no ver o de ignorar la posibilidad de establecer alguna relación causal entre los fenómenos, bien físicos o sociales.

Otra de las características ciertas de la modernidad es la separación entre objetividad y subjetividad; La relación entre lo objetivo y lo subjetivo. Las disquisiciones filosóficas en torno a estos conceptos, creo que ha sido suficientemente útiles y fecundas para las ciencias sociales. Parecieran circunloquios intelectuales, discutir en torno al valor de estos conceptos, los cuales, dudo puedan ser ignorados como acervo de la necesaria intersubjetividad científica. Por eso referimos a Borges en tanto pareciera un intento por abolir el pasado o los fundamentos conceptuales, de todavía, nuestro propio presente. Una discusión más profunda en torno a este tópico podría ser objeto de extenso aparte.

Ciertamente la teoría de la complejidad y la teoría de la relatividad, junto a otros aportes de la física, han dejado nuestra razón a la intemperie. Una parte de las ideas cuestionadas sirvieron para construir el mundo actual. Ellas sirvieron para fundamentar nuestra visión científica, tecnológica, política y social. Los pensadores materialistas del siglo XIX dieron coherencia y síntesis al pensamiento precedente del siglo XVIII. Después de una buena labor crítica se creía que el proceso había logrado el deslastre necesario de ciertas lógicas precedentes. Se entendía que lo logrado hasta entonces era consecuencia del desarrollo de la ciencia, cuyo río se alimentaba de las distintas vertientes del pensamiento científico y social. Los pensadores materialistas lo asumían como complementario. No así los distintos ismos, que como castas enemigas intentaban afirmarse dentro del campo de las ciencias en general, y en un caso de mención particular, el de la psicología.

Los diversos enfoques de la psicología declararon siempre su arrogante verdad, o su primacía, contrariamente a los filósofos materialistas, quienes trataron de sintetizar todos los avances de la ciencia, lo cual derivó finalmente en el surgimiento de otras lógicas y métodos científicos, que son y siguen siendo, útiles para comprender, desde diversos ángulos la diversa y muy compleja realidad. En ese tránsito se hubo de reconocer, con angustia e impotencia, la imposibilidad de conocer la verdad última. Wittgenstein y Nietzsche, se percataron de los equívocos y de la finitud de nuestro lenguaje, y así lo proclamaron. El desarrollo posterior de la física demostrará ese angustioso presentimiento.

Entre Nietzsche, Wittgenstein y Russel, hay no obstante, un punto de quiebre de aquella relativa continuidad en el pensamiento filosófico. Los hombres del siglo xx, testigos alucinados de dos guerras mundiales, recrean el escepticismo y el nihilismo y dan origen al existencialismo, concepción humanista y filosófica con la cual se aborda nuevamente, desde una perspectiva distinta, los problemas del conocimiento. Constituye a su vez, una extraña amalgama, que desde el pesimismo se yergue para proponer una visión más humana y terrenal del hombre. Un punto de síntesis y encuentro, logra por una parte, una visión existencialista de carácter ateo, y otra existencialista de carácter cristiano. Uno de los más importantes representantes del existencialismo, como lo fue Heidegger, declara que la verdad es siempre una visión múltiple y personal. Y con esa apreciación comulgamos. De modo que no estamos completamente de acuerdo con la percepción de una ruptura real con la cual recomienza un "nuevo pensamiento" científico, unos nuevos paradigmas, los cuales, explicados con el discurso y el estilo de Fernando Mieres, no dejan de parecernos buenas paradojas.

JUNIO 2003

sábado, 31 de enero de 2009

POR QUÉ FILOSOFAR EN TORNO A LA EDUCACIÓN



  
Henry Tovar

 Con relación a esta pregunta se pueden esgrimir muchas respuestas, pero antes que responder podríamos seguir inquiriendo. Por ejemplo, ¿Por qué en lugar de preguntarnos con el término filosofar, no lo hacemos con el término pensar o reflexionar. ¿Tiene el mismo significado filosofar, que pensar o reflexionar? ¿Qué de distinto tiene el acto de reflexionar al de filosofar? ¿Es esta misma disyunción un acto reflexivo o filosófico? ¿Qué separa a la reflexión corriente del acto propiamente filosófico? ¿Tiene la filosofía una terminología propia y necesaria para el ejercicio filosófico? ¿Es necesario un método para el ejercicio de la reflexión corriente? ¿Es necesario un método para el ejercicio de la reflexión filosófica? ¿Es la reflexión un acto susceptible de extrapolaciones temáticas? ¿Se puede preguntar lo mismo en torno a la filosofía? Antes de continuar diré que hasta ahora creo haber reflexionado.

Nos interesa, por ahora, preguntar sobre otras consideraciones, para las cuales deberíamos comenzar por definir lo que entendemos por reflexionar, pensar y filosofar.

El Diccionario Usual Larousse nos señala que reflexionar es el acto de meditar, y de meditar nos dice que es la reflexión profunda. En el Diccionario Enciclopédico Salvat se lee que reflexionar es considerar nueva o detenidamente una cosa. Y de filosofar se afirma que es examinar una cosa como filósofo; mientras que pensar es definido como imaginar, meditar, considerar o discurrir. Estas afirmaciones podrían interpretarse como ejercicio correlacional de las ideas, mediante las cuales es posible reflexionar o filosofar. De modo que lo substancial es la corroboración de la diferencia entre reflexionar y filosofar, cuya acción surge de la sustentación en razones epistemológicas del acto de filosofar. En este párrafo, independientemente del rigor o la veracidad lograda creo haber filosofado. Entendemos entonces, que el acto de filosofar es sólo posible si se sustenta en categorías y dimensiones con las cuales sea posible delimitar lo objetivo y lo subjetivo y establecer determinada intersubjetividad.
Las anteriores afirmaciones sugieren también que filosofar en torno a la educación requiere determinar aquello que es propio de la educación; para que no ocurra lo que solía lamentar Descartes, cuando afirmaba que, "casi todos los conocimientos imperfectos tienen el vicio de reunir varias cosas en una y de tomarlas a todas por una misma idea,” ergo creemos haber sugerido una de las tantas respuestas posibles a la pregunta motivo del presente ensayo.

Podría afirmarse igualmente que el por qué tiene una de sus razones de ser en la necesidad de establecer el sentido o los sentidos de la educación, con lo cual se plantean distintas perspectivas para las cuales se requiere del análisis sustantivo de su naturaleza, diversidad y valor. Esa posibilidad sugiere la necesidad de un método conforme al cual se aspire a cierto rigor y objetividad.

Pensar o reflexionar en torno de la educación requiere conocer su amplitud epistemológica. Ésta categoría constituye uno de los conceptos menos unívocos. La educación es una categoría plural. Diríase que es un concepto más connotativo que denotativo, en tanto que admite múltiples connotaciones asociadas a tantas perspectivas filosóficas como sentidos del mundo existen. Se infiere entonces que la filosofía de la educación no tiene por propósito la búsqueda de la verdad con relación a un sentido único, sino fundamentalmente la búsqueda de la veracidad con relación a un determinado sentido, unidad y diversidad con lo cual se reafirma la necesidad de conocer como percibimos la realidad subjetiva y como la reflejamos en conceptos únicos, a partir de los cuales podemos nominar a una misma realidad.

El por qué filosofar en torno a la educación parece entonces tener, en uno de sus sentidos, la necesidad de establecer un método con el cual lograr mayor propiedad en el contenido y a la forma del discurso. Aunque, como lo señala Jean Francois Ravel, "Un pensamiento no esta protegido contra los errores y la ignorancia corriente, porque sea filosófico, o éste hable de cuestiones filosóficas. Se hace filosófico en la medida (y aún así) cuando elimina se las arbitrariedades y las ligerezas del reino de la opinión; (1) de lo cual se deduce que todo conocimiento que pretenda ser, en su forma y fondo, riguroso y veraz, no debería sustentarse en creencias y opiniones carentes de argumentación. Por consecuencia, este puede ser otro elemento distintivo de la reflexión filosófica con relación a la reflexión corriente. Aquella que gusta pasearse, a veces, por los reinos de lo humano y lo divino con la impropiedad de caprichosos juicios.

Diremos finalmente que la educación, como campo de conocimiento, requiere de una metodología que haga más comprensible sus propios procesos, delimitando y objetivando, es decir, con un discurso cuyas convenciones logren una determinada veracidad en sus criterios, tanto como la posibilidad de lograr diversidad de síntesis, razonables, fiables y exentas de prejuicios।

(1)Ravel, Jean Francois. Para Qué Filósofos. Colección Avance. Universidad Central de Venezuela, Imprenta Universitaria 1962 Pag. 36

jueves, 29 de enero de 2009

LA PERTINENCIA DEl TÍTULO EN LA INVESTIGACIÓN Henry Tovar


La grandeza y la superioridad de la ciencia natural del siglo XVI y XVII reside en que los investigadores eran todos filósofos. Ellos sabían que no había meros hechos, sino que un hecho sólo es lo que es a la luz de un concepto fundamentador y según el alcance de tal fundamentación. Martín Heidegger




Henry Tovar

Deseo referirme brevemente y de modo esencial a un contenido propuesto por Ana Sarelda, el cual lleva por título, "La necesidad del título en el trabajo de investigación." Ciertamente, este requisito suele ser materia incomoda, fundamentalmente para los investigadores, pero también para los periodistas y aún para escritores avezados en áreas distintas de la investigación. Esta materia parece objeto de exquisita discusión académica, y de igual modo, materia con frecuencia poco abordada. Mi aprecio por el tiempo y la escasez temática sobre el tema, en mis propios anaqueles, me obliga fundamentalmente a opinar.


Es sabido que la correcta enunciación del título en una investigación, facilita primeramente, la focalización del problema; también el reconocimiento inicial del texto o tema, subtexto y el contexto implícitos en una investigación. Podría decirse que constituye el punto inicial necesario para el planteamiento del problema. Caso menos probable, el punto terminal de una investigación. Salvo que, como ocurre de modo infrecuente con algunas investigaciones históricas, la precariedad documental o la ocurrencia de determinados hallazgos, desvíe al investigador de su objeto inicial de estudio.

Es posible y frecuente que la enunciación inicial se modifique sucesivamente durante la fase del planteamiento del problema, y en diversos casos, durante el desarrollo de la investigación. A veces, es necesaria la modificación, entre otros motivos para mejorar la sincronía entre los diversos asuntos expresados en el planteamiento inicial, por ejemplo entre la definición y las finalidades.

La selección del título, raramente o excepcionalmente, debería constituir un dilema en el caso de la investigación. El título debe reflejar la naturaleza del problema, su contexto, y debe tener la rigurosidad, contraria a la vaguedad y a la sugestividad, deseables en la creación artística.

En la literatura, propiamente hablando, los cambios radicales son más frecuentes. En ese campo, la selección final del título, generalmente no deja de producir cierta angustia creadora y fértil. En la investigación, diferentemente de la literatura, el título es por lo general, el precedente deseablemente riguroso del planteamiento del problema. En la literatura artística el título es importante, pero menos substancial. La buena obra literaria resiste el peor de los títulos. "Basura," por ejemplo, título de una novela del escritor colombiano Héctor Faciolince, no concuerda con su excelente calidad novelística. O bien "La Ostentación de la Ignorancia," o "Buchipluma", son títulos bastante retóricos, superiores a las obras de sus autores, cuyos nombres ya no recuerdo. O bien "La Ballena Rosada de Jonás," novela con título poético, bastante sugerente, de un libidinoso escritor argentino. En fin, en literatura el título puede ser garbozo, agudo, exquisito, o contrariamente: inexpresivo, anodino o ñoño.

En la investigación son exigencias, la precisión, la concordancia y una deseable brevedad. La redacción de títulos adecuados a los contenidos es ciertamente un problema bastante común, pero la unicidad o la complejidad de los temas, hace que la titulación sea el contenido menos enseñable en los cursos de metodología. No obstante, podría parecer artificiosa la investigación que, una vez concluida, no tenga aceptablemente enunciado su objeto de estudio.

El problema del título es tópico poco abordado, con profundidad, por los metodólogos. Pareciera que no constituye un problema de primerísimo orden para la investigación, no así el carácter metodológico de la propuesta. El marco conceptual, en cual se analiza el problema, es el que condiciona las posibles orientaciones de la investigación. Eso lo intuyó Martín Heidegger, quien escribió ¿Qué es la Cosa?, propuesta filosófica y libro de doscientas catorce páginas (parece ocioso), escrito para explicar, ¿Qué es la cosa?, una cosa, cualquier cosa.

Henry Tovar

domingo, 11 de enero de 2009

Rebelión judía contra el ataque de Israel

Historiadores e intelectuales judíos rechazan los métodos empleados por el Gobierno israelí contra los palestinos
El historiador Ilan Pappé sostiene que hay que calificar de "genocidio" la campaña militar de Israel en Gaza. Su colega Yakov Rabkin se muestra escandalizado por la "masacre". La periodista Naomi Klein afirma que toda la economía israelí depende en realidad de su músculo bélico. Y la activista Diana Ralph advierte que los "crímenes de guerra" no pueden quedar impunes.

Si está pensando que la Liga Antidifamación debería intervenir inmediatamente para frenar este tipo de declaraciones y cortar así la extensión del antisemitismo, aguarde un segundo: todos ellos son judíos. La invasión israelí de Gaza ha desencadenado un alud de actos y proclamas de ciudadanos de tradición judía contrarios a la política de Israel. En ocasiones, la rebelión apunta a la esencia misma de este país como "Estado judío". Y casi siempre se dirige contra la pretensión de Israel de representarles y de hablar

en su nombre.

"Israel actúa en nombre de todos los judíos del mundo, pero muchísimos consideramos un error tremendo su política: por la violencia que genera y porque nos perjudica gravemente", explica, en conversación telefónica desde Montreal, Yakov Rabkin, catedrático de Historia de la Universidad de Montreal y autor de La amenaza interior. Historia de la oposición judía al sionismo, publicada en España por Hiru.

La creación del Estado, en 1948, supuso un auténtico cisma en el mundo judío, nunca resuelto. Pese a que el país tiene desde entonces las puertas abiertas para todos los judíos del mundo, la mayoría ha declinado establecerse en Israel, que alberga a menos de un 40% del total, aunque suele hablar en nombre de todos ellos.

Portavoces cuestionados

"Muchos de los autoproclamados portavoces de la comunidad judía en el mundo son en realidad portavoces del Estado de Israel pero, en los países democráticos, las comunidades culturales o religiosas no necesitamos portavoces", añade Rabkin. Y agrega: "Los demás somos gente corriente y no nos organizamos tanto ni tenemos tanto dinero, pero somos la mayoría".

"El problema es que una minoría de extrema derecha ha logrado imponer su agenda mientras los judíos no militantes están en los márgenes.

¿Una exageración? Nadie lo sabe. Los portavoces de las organizaciones judías son mayoritariamente proisraelíes. Pero ello no significa que los ciudadanos de tradición judía compartan sus postulados.

Las elecciones de EEUU, que cuentan con radiografías demoscómicas muy precisas, demuestran más bien que existe un divorcio notable. En los últimos años, las principales organizaciones judías han apoyado de forma entusiasta a los republicanos George W. Bush y John McCain. Pero los judíos han votado masivamente demócrata: siempre por encima del 70%, entre 20 y 30 puntos más que la media del pueblo estadounidense. En la pasada campaña, McCain incluso se rodeó permanentemente del senador Joe Liberman, judío proisraelí. Pero el 77% del voto judío fue para Barack Obama.

"Creo que hay una mayoría silenciosa de judíos en el mundo que apoya la aplicación de los derechos humanos para toda la gente", recalca CecilieSurasky, portavoz de Voz Judía para la Paz, organización con sede en California. "El problema es que una minoría de extrema derecha ha logrado imponer su agenda mientras los judíos no militantes están en los márgenes. Sucesos como los de estos días en Gaza convencen a los judíos que hasta ahora han estado callados de que deben levantarse y decir basta", añade.

"¡No en nuestro nombre!"

Su organización cuenta ya con 43.000 afiliados y la tendencia es al alza. La invasión ha activado iniciativas pacifistas similares en todos los lugares donde hay una comunidad judía importante: en Francia, Otra Voz Judía ha programado una catarata de actividades, incluyendo conciertos de rap palestino y obras de teatro. Hay entidades parecidas en muchos países de Europa, aunque no en España, donde la comunidad judía es reducida.

En Canadá, Voces Judías Independientes y otros grupos han promovido acciones como la ocupación del consulado israelí al grito de "¡No en nuestro nombre!". Y más de 340 profesionales judíos han firmado un manifiesto que pretenden publicar como "carta abierta a los soldados israelíes" en periódicos de este país contra la campaña militar en curso y los "crímenes de guerra" y las "atrocidades".

"Un Estado judío es intrínsecamente racista y no puede ser democrático porque por definición discrimina a todos los que no son judíos"

"Esta actividad criminal no hace nada para mejorar el bienestar y la salud de los judíos. Al contrario: desde Sderot hasta Sidney, pasando por Ashkelon y Amsterdam, todos nos beneficiaremos de que haya justicia para los palestinos", recalca este llamamiento a la insumisión impulsado, entre otros, por Judíos Americanos por una Paz Justa.

Que los judíos hostiles o indiferentes a la política de Israel son muchos más de los que el activismo de las organizaciones sionistas puede hacer pensar lo demuestra un estudio reciente publicado en EEUU por Steven M. Cohen y Ari Y. Kelman: Más allá del distanciamiento. Los judíos americanos jóvenes y su alienación de Israel. La investigación, que explota los datos de la Encuesta Nacional de Judíos Americanos de 2007, muestra el choque que provoca Israel en el mundo de tradición judía y subraya de manera rotunda que la desafección entre los más jóvenes es muy acentuada: entre los menores de 35 años, menos del 20% dice estar "siempre orgulloso de Israel".

El fenómeno va mucho más allá de rechazar las acciones militaristas o campañas como la invasión de Gaza y se refieren a los cimientos mismos del Estado de Israel. Son judíos, pero no sienten que Israel o el sionismo tenga nada que ver con ellos: por ejemplo, entre esta franja de menores de 35 años apenas el 50% se siente "confortable con la idea de un Estado judío". Y el dato más extremo: sólo el 50% dice que "la destrucción de Israel sería una tragedia personal", porcentaje que llega hasta el 80% en la franja de mayores de 65 años encuestados.

"Un Estado judío es intrínsecamente racista y no puede ser democrático porque por definición discrimina a todos los que no son judíos", opina desde Canadá Diana Ralph, coordinadora de Voces Independientes Judías. "El sionismo es desde su inicio un proyecto imperalista y racista condenado al fracaso si no fuera por el apoyo masivo de EEUU y sus aliados", remacha.

Las disidencias, que existen desde siempre en la tradición judía y que ahora se han acentuado, empiezan a dar signos de anidar también directamente en Israel. El apoyo a la contundencia bélica "como derecho a la autodefensa" sigue siendo muy alto en este país, pero las grietas existen, como demuestra el importante movimiento de objetores de conciencia.

Uno de sus miembros destacados es Jonathan Ben-Artzi, sobrino del halcón Benjamin Netanyahu, que ha hecho un llamamiento al Gobierno de EEUU: "Hablo como un israelí que apela a los estadounidenses para decirles que no tienen que apoyar ciegamente a Israel. Las acciones de Israel no son todas santas (...) A veces es necesario que se dirijan con firmeza a Israel y nos digan, le digan a nuestro Gobierno, que ponga fin a sus acciones."

El todavía embrionario cisma interior israelí ha dado un salto notable en el campo intelectual en muy poco tiempo con la publicación de obras revolucionarias por parte de los "nuevos historiadores", que han puesto en cuestión desde dentro los grandes dogmas de Israel, aunque suponen una corriente netamente minoritaria.

Quizá el caso más notorios es el de Ilan Pappé (Haifa, 1954), que ha sacudido Israel con la publicación de La limpieza étnica de Palestina (Crítica). El libro sostiene que la limpieza étnica ha sido deliberada y organizada desde el principio del Estado con el fin de asegurar una mayoría judía en Israel.

Las principales autoridades del mundo intelectual israelí, con Benny Morris al frente, se han volcado en rechazar el trabajo y en cuestionar su rigor. Pappé vive ahora en Reino Unido e incluso se ha sumado a las campañas de boicot académico contra las universidades israelíes, incluida la suya de siempre: la de Haifa.

En estos días de furia, el blog de Pappé echa humo. "Parece que incluso los crímenes más horrendos, como el genocidio en Gaza, son tratados [por la comunidad internacional] como acontecimientos discretos, sin conexión con nada del pasado y sin asociación con ninguna ideología", escribía en un post del 3 de enero.

A juicio de Pappé, es crucial que la opinión pública comprenda la naturaleza de la "ideología sionista" como "la mejor manera de explicar las operaciones genocidas como la que vive ahora Gaza" y al mismo tiempo avanzar en acciones que prevengan "cosas incluso peores" en el futuro.

"Hay una gran confusión entre los términos israelí, judío y sionista. El propio Estado de Israel la fomenta, pero es muy peligrosa"

Shlomo Sand (Linz, Austria, 1946), historiador de la Universidad de Tel Aviv, acaba de publicar otro libro rompedor, aún no traducido al español, Cómo y cuándo se inventó el pueblo judío, en el que hace añicos los mitos fundacionales. La academia oficial también ha salido en tromba a criticarlo, pero su extraordinario éxito de ventas en el país -más de 20 semanas consecutivas en la lista de más vendidos- muestra hasta qué punto las cosas están cambiando incluso en Israel.

El fenómeno ha sacudido la política tradicional en episodios aislados, pero de gran impacto simbólico. Abraham Burg, ex presidente del Parlamento de Israel, de la Agencia Judía y de la Organización Sionista Mundial, ha abjurado de manera estruendosa del sionismo y trata de agitar a la sociedad israelí para que empuje hacia un cambio de rumbo radical. De lo contrario, advierte, Israel no tiene ningún futuro.

La crítica de Burg va a la raíz del sionismo mismo: ha llegado a decir que la presión que observa en Israel contra los árabes tiene paralelismos con la que sufrieron los judíos en los regímenes nacional-socialistas antes de la Segunda Guerra Mundial. Su tesis es que Israel, en su actual formato que privilegia a los judíos, sólo puede sostenerse a través de la violencia y augura que esta será cada vez más brutal.

Responsables

El catedrático Yakov Rabkin le secunda desde Canadá: "Toda la idea de crear un Estado étnico contra la voluntad de gran parte de la población implica uso de la fuerza. ¡No hay otra manera de hacerlo!", opina. El historiador se pregunta cómo es posible que la comunidad internacional y la potencia colonial en la zona, Reino Unido, se laven ahora las manos ante una situación explosiva que a su juicio contribuyeron a crear.

"¡Hannah Arendt tenía razón! Ella advirtió exactamente qué iba a pasar: es imposible que este Estado viva en paz. Y los judíos de todo el mundo pagamos las consecuencias", concluye Rabkin. La consecuencias, aclara, es el aumento de ataques e intimidación contra los judíos en todo el mundo y la minimización del Holocausto.

"Hay una gran confusión entre los términos israelí, judío y sionista. El propio Estado de Israel la fomenta, pero es muy peligrosa", lamenta. Y concluye: "El antisemitismo tradicional sigue existiendo, pero ya no es la mayor causa de acoso a los judíos. Ahora, el principal riesgo de sufrir una agresión son represalias por la política de Israel".

La confusión causa estragos: si Rabkin estuviera hoy en Madrid y decidiera ir a la manifestación contra la guerra, muy probablemente avistaría más de una pancarta equiparando el símbolo nazi con la estrella de David. O haciendo lamentables juegos de palabras con el Holocausto.



LA POLÍTICA GUERRERISTA DEL ESTADO ISRAELÍ


 
 
Henry Tovar

11/01/09

Son inconsistentes y siempre sospechosas las razones esgrimidas por el Estado Israelí para justificar su permanente política de agresión contra el pueblo palestino. Cada agresión parece responder a un libreto político en donde se camuflan y sobreponen diversos intereses, ajenos al verdadero deseo de paz y seguridad para Israel. Antes y ahora, el verdadero discurso de la violencia pareciera responder a la necesidad de impedir la paz y la seguridad mutua con sus vecinos.

Los israelitas, y cualquier observador inadvertido, saben que el desarmado pueblo palestino no constituye una amenaza real contra la existencia del Estado de Israel, y que la seguridad del pueblo hebreo podría asegurarse con medios distintos a la promoción y la multiplicación infinita de la violencia. Pareciera que la verdadera intencionalidad es afianzar los medios, con los cuales han logrado expandir sus fronteras, seguir disgregando a la población palestina y sabotear la creación de un Estado palestino. De modo que, expansión, exterminio y provocación, constituyen palabras clave para comprender las motivaciones guerrerístas del sionismo. A las que se antepone el verdadero y radical interés de Estados Unidos, y algunas potencias occidentales, por mantener una situación de inestabilidad que perpetúe su presencia en la región.

Cada enfrentamiento militar con el Estado de Israel, constituye una ocasión para que éste se quede con un pedazo de territorio, y para debilitar a las naciones que luchan por su integridad territorial y su legítimo derecho a expulsar a los invasores de los territorios árabes. Conforme señala Chomsky, en su libro “Ilusiones de Oriente Medio” (2003), “de un total aproximado de 400 colonias implantadas después de 1948, unas 350 ocupaban tierras pertenecientes a refugiados; cerca de los dos tercios de las tierras cultivadas adquiridas por Israel habían sido propiedad de Palestina”. Cada enfrentamiento militar constituye siempre la ocasión para la liquidación de centenares de palestinos y el aumento de su diáspora. La prensa del domingo 11 de enero señala que Israel se apresta para continuar su ofensiva después de haber matado a 850 palestinos, cifra cuya mitad corresponde a mujeres, niños y ancianos a quienes ahora se les exhorta, mediante panfletos, a “abandonar los lugares de operación de las tropas”, advertencia que no se les hizo cuando se produjo la primera fase de la masacre.

Las más recientes agresiones, en gran escala, fueron justificadas por Israel con el argumento de haber actuado para defenderse de cohetes lanzados desde el sur del Líbano, o bien como en el presente, desde la Franja de Gaza. Cada agresión, desproporcionada, constituye a su vez en un obstáculo para lograr acuerdos perdurables.

Nunca han faltado argumentos inconsistentes y provocaciones como la captura de dos soldados israelíes en territorio libanés, lo cual sirvió de pretexto para justificar los ataques contra la población civil del Líbano y a las milicias de Hezbolá, en julio del año 2006.
De modo que la negativa del sionismo, dentro y fuera de Israel, para negociar un tratado de paz que restablezca cierto equilibrio político, como el existente en las fronteras hasta el año 1967, parece ser la razón más consistente para comprender las políticas guerrerístas del Estado Israelí. No obstante, es evidente que tales políticas de expansión, segregacionismo y provocación permanentes, han profundizado el conflicto y han dado a Israel falsas ventajas con las cuales no aseguran su existencia como nación, en el contexto del fortalecimiento de naciones islámicas.

Finalmente, pareciera que una de las apuestas del sionismo se orienta hacia la provocación militar en la búsqueda persistente de una conflagración regional con la cual pudieran creer liquidar a sus más fuertes adversarios, quienes no son precisamente los grupos más radicales, palestinos o libaneses.

Henry Tovar